Mide apenas 1.20 por un metro, pero con el ingenio y el amor de su creador por el barismo, el carrito de Ikigai Café ya agarró fama en Tehuacán, otras partes del país y el mundo debido a la competencia que le representó a la trasnacional Starbucks.

Su historia se volvió viral en redes sociales cuando Javier Alejandro Flores Olmos contó con ironía cómo instaló su pequeño negocio a las afueras de El Paseo Tehuacán, el principal centro comercial del municipio y a los nueve días, aunque todavía no tenía la gran clientela, la seguridad privada del inmueble le pidió que se retirara de ahí pues afectaba los intereses de la cadena de cafeterías.

"Hay varias tiendas que se dedican a la venta de alimentos y de café. Una de estas tiendas es la gigantesca Starbucks y me dicen, principalmente tenemos la queja de Starbucks, porque todos sus clientes se los estás quitando", explicó.

Para él, de entrada el argumento resultó no válido pues como un profesional del café conoce la historia de la cadena de cafeterías y de su creador, al que no imagina argumentando que alguien como él le hizo competencia en un lugar de PueblaMéxico, que se llama Tehuacán.

"Realmente con ese comentario yo me sentí por un lado molesto, bastante molesto porque yo conozco la historia de Starbucks, conozco la historia del señor Howard Schultz, porque al ser baristas estudiamos la historia de los tipos de café, de las diferentes empresas y demás, porque eso nos ayuda a enriquecer y a poder proyectar nuestros negocios cuando nosotros queramos montar uno.

"Entonces basamos nuestros conceptos en historias de valor, en historias de éxitos de otros y tomamos lo mejor. Yo no creo que una persona que tenga miles de tiendas en todo el mundo se preocupe por un carrito de 1.20 por uno, de un tipo que quién sabe de dónde salió y que ni siquiera estoy enfrente", contó en entrevista.

Él no sabía que la vía que ocupaba no era pública sino parte de las obras que se habían hecho para los accesos a la plaza. Tomó con calma la petición, se pasó a la banqueta de enfrente, está en proceso de regularizarse con el ayuntamiento y ahora con la popularidad del mensaje que publicó en Facebook batalla con darse abasto.

A sus 46 años el tehuacanense ha pasado por la formación en la aeronáutica, luego fue técnico en sistemas de cómputo con experiencia en varias empresas y hace poco más de una década decidió que quería dedicarse a su pasión por el café y se preparó como barista.

En ese tiempo probó sin éxito con una cafetería en un inmueble comercial de Tehuacán y después en la cochera de su casa, lo del carrito de café nació como una idea más decorativa que funcional y con el tiempo lo adaptó con todo lo que necesitaría un negocio formal como indumentaria, aparatos y gas.

Su variedad de productos calientes y fríos en realidad le hacen buena competencia a cualquier cadena de cafeterías, pues va desde el tradicional café de olla de los ranchos, hasta el turco preparado con arena caliente como el de las calles de Estambul, cafés filtrados con una cafetera de barro que mandó hacer con los popolocas que todavía quedan en la comunidad vecina de Los Reyes Metzontla y también el de prensa francesa.

A eso se suma que dentro de los productos que emplea están cafés de la Sierra Negra de Puebla y Oaxaca que comienzan a impulsar productores de Tlacotepec de Díaz, Huautla de Jiménez, Ajalpan y San Jerónimo Tecóatl, así como de otros caficultores mexicanos que ha conocido en su experiencia como barista.

Por otro lado, busca que cada semana en el Ikigai Café se comercialice una bebida de café diferente y que el consumo mínimo se mantenga en 15 pesos, con la finalidad de sorprender a la clientela y que con más frecuencia los tehuacanenses se interesen por la cultura de estas bebidas.

"Que la gente pueda tener el acercamiento cultural al café. ¿Qué sucede cuando nosotros pasamos caminado enfrente de una cafetería y vemos ese ambiente romántico y todo? Nos intimida, nos intimida por precios, porque seguramente pensamos que va a ser muy caro.

"El concepto de estar aquí en la calle, al igual que alguien que vende un tamal, un champurrado, una gordita, es el acercamiento popular, esa es la intención y apoyar a los productores que están ahorita en la montaña, asoleándose, teniendo un trabajo de bajo ingreso y con complicaciones", dijo.

Si bien el modelo de comercializar el café en un carrito puede reproducirse para ampliar el negocio, por ahora Flores Olmos se concentra en consolidar la idea y en demostrar que su vocación es el café, tal como lo expresa el concepto japonés ikigai de donde tomó el nombre y que hace referencia a la razón de ser de una persona.