En la historia de los Oscar sólo dos cintas habían logrado sumar 14 nominaciones: Eva al desnudo (1950) y Titanic (1997). Ahora se les une la cinta La La Land, la cual se ha convertido en la favorita de la 89 edición de la entrega de la codiciada estatuilla.

Las 14 categorías son: mejor película, mejor director (Damien Chazelle), mejor actor (Ryan Gosling), mejor actriz (Emma Stone), mejor fotografía, mejor vestuario, mejor montaje y mejor canción original (por Audition, The Fools Who Dream y City Of Stars). También compite en las categorías de mejor diseño de producción, mejor edición de sonido, mejor mezcla de sonido y mejor guion original.

El musical ya conquistó al público y la crítica en el festival de Venecia, además marcó un récord en la pasada edición de los Globos de Oro al conseguir los siete premios a los que estaba nominada.

Damien Chazelle ha leído a Schopenhauer. Y si no lo ha hecho, debería. Aunque sólo sea por la alegría que da reconocer un alma gemela. La La Land es antes que nada un encendido canto (y baile) a la pulsión más íntima que justifica ya no tanto una simple película como, ya puestos, el propio arte o, más puestos aún, lo ancho que resulta el mar. Que aquí, en el Lido, es mucho”, publicó el periódico El Mundo.

Ryan Gosling y Emma Stone (ambos hábiles en su muy bien disimulada impericia) dan vida a dos artistas, pianista de jazz el primero y actriz la segunda. Los dos buscan alcanzar ese extraño y difícil instante en el que se justifica una vida entera. Se trata de ver cumplida su pasión sin que ello acabe en un festín para bestias tales como la fama, el dinero fácil y el público idiota. De por medio, una historia de amor. De por medio también, una bonita y bien tranzada metáfora sobre el propio Hollywood”, publica el medio español.

En La La Land, Chazelle demuestra conocer muy bien las claves del género, y las aplica con rigor y entusiasmo. Lo que provoca una reacción igual de apasionada en el público. Por de pronto, cumple un mandamiento fundamental del musical: una secuencia de apertura que catapulte a la audiencia al interior del universo del filme y una secuencia final que provoque que el espectador salga realizando pequeños pasos de baile, y con el corazón gozoso y melancólico a partes iguales”, es parte de lo difundido en El País sobre la cinta.

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