El engaño de los gases contaminantes ha obligado a Volkswagen a destinar 6.500 millones de euros por posibles pérdidas y le ha arrebatado ya un 30% de su valor en Bolsa. Pero las consecuencias de la mayor crisis vivida por la compañía desde el final de la II Guerra Mundial van mucho más allá. El nuevo presidente de Volkswagen, Matthias Müller, anunció este martes que el grupo revisará todas las inversiones previstas y "cancelará o aplazará las que no sean estrictamente necesarias".

"Seré muy claro: esto va a ser doloroso", manifestó el hombre que debe reflotar la compañía ante cerca de 20.000 empleados reunidos en la sede central de Wolfsburgo, en el centro de Alemania. Esta es la primera asamblea convocada desde que hace más de dos semanas se destapara el trucaje de los motores diésel en 11 millones de vehículos, según lo consignó una nota del diario El País.

Müller explicó a los empleados, según el comunicado colocado en la página web de la compañía, que el plan de eficiencia diseñado por su antecesor, Martin Winterkorn, que cayó arrastrado por el escándalo, debe ser reajustado. Pese a todo, el presidente de la empresa aseguró que su objetivo es mantener su política de puestos de trabajo "seguros y de calidad".

Aunque es muy pronto para calcular las repercusiones del escándalo en las cuentas de la empresa, Müller insistió en que la crisis que atraviesa Volkswagen es sobre todo una crisis de confianza. "Afecta a la parte principal de lo que hacemos: a nuestros coches", dijo.

Por su parte, el presidente del comité de empresa de Volkswagen, Bernd Osterloh, informó este martes a los empleados de la compañía de que el escándalo de los motores manipulados para trucar las emisiones en algunos modelos no tiene "por el momento" consecuencias para los puestos de trabajo del grupo, citó El País.

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