Municipios Martes, 29 de Septiembre de 2026

Alfeñiques de Huaquechula, una tradición de azúcar que pierde a sus artesanas

Con el paso de los años, algunas de las mujeres que dominaban este oficio han fallecido.

En Huaquechula, la llegada del Día de Muertos también se anuncia entre azúcar, figuras de animales y manos que trabajan una tradición heredada durante generaciones. Son los alfeñiques, dulces elaborados especialmente para las ofrendas de Fieles Difuntos y cuya producción se mantiene vigente, aunque cada vez son menos las artesanas que conservan la técnica.

Con el paso de los años, algunas de las mujeres que dominaban este oficio han fallecido y con ellas se ha perdido parte del conocimiento transmitido de generación en generación. Sin embargo, todavía existen manos que se resisten a dejar desaparecer esta expresión del arte popular de Huaquechula.

Una de ellas es doña Margarita Chapero Rivera, originaria de la cabecera municipal, quien comenzó a elaborar alfeñiques desde los 18 años y continúa preparando estas pequeñas piezas de azúcar que tienen un sitio particular dentro de las tradicionales ofrendas monumentales del municipio.

A diferencia de las populares calaveritas de azúcar que predominan en otras regiones del país, los alfeñiques tradicionales de Huaquechula toman principalmente la forma de borregos, conejos, aves, palomas y canastas con flores.

Te puede interesar:Atlixco enlaza Fiestas Patrias con el Huey Atlixcáyotl y el Vall…›

No son únicamente adornos. Cada figura tiene un significado dentro de la ofrenda: la paloma representa el alma; el borrego remite al cordero ofrecido de acuerdo con la tradición cristiana, mientras que las flores están vinculadas con la naturaleza y con aquello que perfuma el camino espiritual. El dulce, en conjunto, simboliza una manera de “endulzar” la vida espiritual del difunto.

Su elaboración es completamente artesanal y requiere encontrar el punto exacto del azúcar. Primero se hierve con agua y otros ingredientes hasta conseguir una consistencia que permita trabajarla con las manos.

Después, la preparación se lleva a un comal de barro, elaborado también por artesanos de la comunidad, donde la masa de azúcar se estira y divide en pequeñas porciones, dependiendo del tamaño de cada figura.

A partir de ahí comienza el trabajo minucioso. Para elaborar un pato, por ejemplo, primero se forma el cuerpo con azúcar blanca; después se incorporan las alas, previamente coloreadas con pintura vegetal, y finalmente se colocan los ojos, hechos con pequeñas semillas de una planta de la región.

Los alfeñiques tienen además una temporalidad muy marcada: se producen específicamente para la celebración de los muertos. Doña Margarita los vende desde su domicilio y cada 31 de octubre participa en la Plaza Grande, donde se realiza el tradicional mercado de trueque y comercio previo a las celebraciones del 1 y 2 de noviembre.

Sus principales compradores son habitantes de Huaquechula y municipios de la región, aunque algunas de sus piezas han cruzado fronteras acompañando los altares que su esposo, don Eugenio, ha elaborado fuera de México.

La tradición, sin embargo, también comienza a transformarse. Durante muchos años las calaveras de azúcar no fueron características de las ofrendas de Huaquechula, donde prevalece un profundo sentido religioso y una iconografía propia. Actualmente ya pueden encontrarse algunas, principalmente traídas de otros mercados para su venta durante la temporada.

Mientras nuevos productos llegan, los antiguos alfeñiques sobreviven en las manos de artesanas como doña Margarita. Cada borrego, paloma o pequeña canasta de azúcar conserva algo más que una receta: guarda una parte del ritual funerario de Huaquechula que corre el riesgo de disminuir conforme desaparecen quienes todavía saben elaborarlo. (AS)

Sobre el autor