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Brevísima historia del aire malo

La Jornada   /   
 Domingo, Mayo 19, 2019

   

DESPERTAR EN LA IV REPUBLICA Por: Jose Agustín Ortiz Pinchetti

Vale la pena escribir acerca del tema porque vivimos inmersos en un aire envenenado y la gente puede cobrar conciencia del manejo erróneo que se ha hecho y de la oportunidad de tomar medidas drásticas para resolverlo. Añadiría una dosis de nostalgia. El cielo de la capital, tal como yo lo conocí en la infancia se ha perdido.

Los primeros indicios que recuerdo del fenómeno son de los años 50: cuando subí al Ajusco observé que el valle empezaba a cubrirse por una nube gris verdosa de la polución.

 

En esos años el gobierno comenzó a realizar monitoreos rutinarios de visibilidad que en 10 años había pasado de 10 a 4 kilómetros. En los sesentas se iniciaron formalmente investigaciones sobre contaminación atmosférica, de entonces para acá la respuesta colectiva frente al fenómeno es un monumento a la imprevisión.

Los dos fenómenos que generan la pudrición del aire son el aumento de gases contaminantes de la industria y el incremento en el número de automóviles. Hoy se añaden los incendios de las montañas cercanas.

El peligro está no solo en los gases tóxicos sino en la generación de partículas microscópicas capaces de matar por vía respiratoria y cardiovascular.

 

Se requiere una hazaña para salir de esta situación en la que todos participemos.

En Inglaterra, donde se inventó el término smog se logró eliminarlo. Se requirió de disciplina y una gran decisión política. Se atacaron las causas y se pagaron los altos costos de medidas restrictivas. Nosotros hemos diferido la solución quirúrgica inaplazable y contemporizamos con los intereses que prolongan esta tragedia. No podemos seguir difiriendo. En ese sentido es sano lo que ha pasado. Hemos cobrado una conciencia de que el alto valle metafísico se convierta en un páramo.

   


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