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Al Momento
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| Burlas a los brujos y desdén del turismo, en el primer viernes de marzo |
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| Por Ignacio Carvajal | ||||||||
| viernes, 05 de marzo de 2010 | ||||||||
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Fotos Horacio Zamora Catemaco, Ver.- A pesar de que es una de las tradiciones más fuertes del estado, hubo muy poco apoyo para la celebración de la noche de los brujos en Catemaco, al grado de que muchos hechiceros, de plano, se acostaron a dormir y dejaron pasar la noche más importante del año para lanzar y curar maleficios. Ayer, minutos antes de que dieran las doce de la noche, la casa de Pedro Geixpan Cobix, uno de los más conocidos hechiceros de la zona, estaba cerrada. En la puerta blanca por donde en otros años se colocan ofrendas y un camino con teas ardientes que conducen al fondo de su consultorio, había un gran candado que prácticamente decía que el brujo hoy no despachaba. Varias personas llegaron a esas horas al domicilio del también conocido como "El Poder del Tigre" y se preguntaban a ¿dónde podría estar el hombre santo que en otros años les abría su casa, les daba una limpia gratis y los deleitaba con una colorida ceremonia de santería? No comprendían su ausencia. En la cabecera municipal, el panorama era el mismo. Las calles de Catemaco, solitarias. Los comedores otrora rebosantes de extranjeros, vacíos. Todos los hoteles tenían habitaciones de sobra. El poblado lucía su noche más representativa como cualquier otra. Cerca del malecón, en una explanada, se montó un gran escenario, pero únicamente tocaron grupos de poca monta, de los conocidos como "pasteleros". Y si el año pasado se contó con la presencia de algunas agrupaciones de renombre, esta vez no quisieron participar porque, se supo, la Junta de Mejoras de Gobierno del Estado aún les debe dinero de otros festivales. Así, la explanada de baile pasó de ser un espacio de diversión para la familia y visitantes a una gran cantina, en la que se regodeaban docenas de borrachos, tumbados al suelo, unos, recargados de los muros, otros, que incluso lanzaban obscenidades contra cualquier persona que pasaba enfrente. La ceremonia que se realizó en el predio conocido como La Punta, al norte de la laguna de Catemaco, fue totalmente deslucida. La presidió un brujo con evidentes problemas de dicción y a quien únicamente le alcanzó para sacrificar dos gallinas en la representación de misa negra. Se llama Brandón Azamar y es primo del alcalde de Catemaco, José Alberto González Azamar, Brandón fue el escogido porque, al ser familia, salió gratis. Y si el año pasado en este mismo predio se deleitó a los turistas con un sencillo pero bien cuidado espectáculo en el que participaron, como sacerdotisas, cinco doncellas de entre 15 y 18 años, ataviabas a la usanza Azteca, con penacho y taparrabo, anoche únicamente hubo tres señoras, de muy avanzada edad y que, tal vez por respeto a los presentes, se olvidaron de la indumentaria prehispánica y se cubrirán con luengos hábitos ceremoniales. En plena ceremonia, por más que el brujo practicante llamaba a la cordura y respeto a los asistentes, no paraban de escucharse frases de burla. Se pudo constatar el caso de otros visitantes que, al no encontrar santero, se fueron a la casa de Nicolás Chagala, El Culebrero, que también realiza trabajos. Sin embargo, Nicolás Chagala, de plano, tampoco trabajó, mejor tomó su taxi y se fue a ruletear toda la noche, lo que seguramente le rendiría mayores dividendos. De hecho, tan deslucida estuvo la festividad, que no fue digna ni para el secretario de Turismo, Ángel Álvaro Peña, quien había anunciado que vendría a darse una limpia, pero ni si quiera mandó representante.
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