El 22 de febrero de 1962 el joven fotógrafo Antonio Caballero llega con su Yashica Mat al Hotel Continental Hilton de la ciudad de México en donde, junto a decenas de colegas ansiosos, esperaba al máximo símbolo sexual hollywoodense, Marilyn Monroe, para una conferencia de prensa:

Marilyn llegó con un vestido como de seda de un color verde agua, muy claro, muy bonito. No llevaba joyas y sí un prendedor. Mucho rímel en las pestañas. Ya se veía bastante grandecita, excesivamente delgada. Zapatos de tacón, no llevaba medias. Se sentó, le sirvieron una copa de champaña. Cuando estaba sentada cruzó las piernas. Tomé la foto

Entonces comprobó que la actriz no era rubia natural y, aunque al principio no le gustó puesto que en esa época, ver el vello púbico de una mujer era prácticamente un tabú, la imagen le dio la vuelta al mundo gracias a Max Koslowski, un judío italiano que hacía negocios en México.

Tiempo más tarde, y gracias en gran parte a la fama heredada por esa foto, Caballero se convirtió en el máximo exponente de un género despreciado por la crítica pero alabado por la cultura popular: las fotonovelas. Ésta alternativa gráfica surge en Italia con un éxito que se trasladó a Latinoamérica a paso velóz. Muy particularmente en México tuvo su época de mayor auge a finales de los años sesenta y hasta mediados de los setenta.

Caballero realizó en poco más de quince años alrededor de 500 fotonovelas de las que fue productor, realizador, adaptador y fotógrafo. Considera la industria de la fotonovela cercana al cine y muchas veces se ha llamado a sí mismo: cineasta estático. Por su lente desfilaron los actores y actrices más famosos de aquél tiempo, desde María Félix hasta una joven Verónica Castro a la que las fotonovelas la hicieron repuntar. Hasta el mismísimo Santo tuvo su serie en fotonovelas. El género tuvo éxito hasta que los sueldos estratosféricos que pedían los actores lo hizo ir a pique.

Fotoperiodista de origen y discípulo de Héctor García, Antonio Caballero se preocupó también por mostrar en las revistas los paisajes de la Ciudad de México y sus alrededores, recurría a locaciones como las Torres de Satélite o el Paseo de la Reforma.

El conjunto de historias rosas más placeres prohibidos, abandono, angustia y otros temas del melodrama, además de la luz, el encuadre y la elección de los personajes, son las razones que le han abierto las puertas de galerías de arte al fotógrafo mexicano nacido en 1940. En 2005 se inauguró en Paris una exposición con su obra en la Galería Polaris de la capital francesa.

En la actualidad, Caballero continúa su quehacer visual y es además académico de la Universidad Nacional Autónoma de México.