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| Entrevista exclusiva con Diego Luna |
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| Yassir Zárate Méndez | ||||||||||
| jueves, 08 de enero de 2009 | ||||||||||
¿La segunda época de oro del cine mexicano? En su debut en las carteleras mexicanas, la cinta Rudo y cursi, del debutante Carlos Cuarón, se ubicó como una de las más taquilleras en la historia del irregular cine mexicano. En esta segunda entrevista exclusiva con el otro protagonista de la ópera prima de Cuarón, Diego Luna ofrece una radiografía de la situación que vive el cine mexicano. Además, da su versión de cómo ve a este país, que día a día parece caerse a pedazos, y que casi por puro milagro amanece más o menos completos. A pesar de todos y de todo. –¿Será cierto que el cine mexicano está viviendo una segunda época dorada? –No, no es cierto. Porque no hay una industria que lo respalde. Es una época bastante oscura la que está viviendo ahora el cine mexicano. No hay una industria que nos permita entrar en el esquema de prueba y error. No hay una industria que produzca suficiente cine para un país tan grande; para un país donde la gente va tanto al cine, además. Somos unos de los mercados más importantes en el mundo. Es ridículo que no produzcamos cine para todo ese público. Lo que sí se está viviendo ahora es que hay nuevos bríos en la comunidad. Hay una energía muy interesante que está sucediendo. Los directores están empezando a filmar antes. Cada vez más te encuentras a directores menores de 30 años haciendo sus películas. –Por eso es buena la aparición de Chachachá (Chachachá es la productora creada por Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón para apoyar proyectos de cineastas de México). –Sí, y no nada más de Chachachá, sino todo lo que está pasando en México. Te juro que ahora sí son un buen de directores con un punto de vista claro, que defienden un tipo de cine que les gusta, con un discurso personal; y además jóvenes, prácticamente de mi generación. Eso es muy emocionante: ver que no estamos esperándonos a recorrer el mismo camino que se hace para hacer este país, sino que la gente está entrando por otros lados, financiando sus películas de otras maneras y viajando con el cine. Es bien chingón ver en los festivales la presencia de películas mexicanas distintas. Me acuerdo en Thessaloniki, en el festival, yo fui con Chávez, y ahí me topé con Jonás Cuarón, que tiene 26 años, con su película, que son puras fotos fijas, voces y música. Es una propuesta poca madre que se llama Año Uña. También estaba Reygadas pasando Luz silenciosa, y dije “Qué chingón. Todo esto sí emociona, sí esperanza.” –¿Y tú cómo te ves dentro de diez años, en el contexto del cine mexicano y del mundial? –Quizá con más infraestructura. A la fecha estoy muy contento de lo que hemos creado, de lo que tenemos, de lo que significa la compañía que tenemos, las películas que hemos filmado, los directores con los que estamos trabajando. Como actor también me gusta mucho lo que me está pasando; estoy teniendo tiempo de escoger lo que quiero hacer, me la estoy tomando con mucha más calma, pero simplemente me veo con esto mucho más armado. Me gustaría tener la certeza de que va a ser más fácil, de que nos la van a poner más fácil, de que no va a ser tan difícil levantar una película, que no va a ser tan difícil recuperar tu dinero con una película, que no va a ser tan difícil recuperarle a los inversores, que no va a ser tan difícil hacer de esto un negocio. –¿Que va a desaparecer la palabra riesgo? –Que la palabra riesgo se va a encauzar sólo al riesgo artístico, que ese no se puede perder nunca. De hecho, hay veces que el riesgo económico hace que no tomemos los riesgos artísticos necesarios. Así el riesgo está mal aplicado, el riesgo a lo económico es tristísimo, porque apalanca a todos. En cambio, el riesgo artístico viene de una estabilidad económica. Lo que yo espero es precisamente eso: que no sea tan mal negocio este que hacemos, porque hoy en día nuestra compañía no es un buen negocio, porque pierde mucho dinero. –¿Qué es Hollywood para ti? –Una industria cinematográfica más, pero que funciona mucho mejor. –¿Por qué te parece que funciona mucho mejor? –¿Porque definitivamente ha encontrado una manera de hacer un negocio de esto. Pero también siempre he dicho que hay que ser muy cuidadosos y no hablar de Hollywood así en abstracto, porque ahí vive también un cine independiente muy poderoso. En Hollywood también filman Alfonso Cuarón, Paul Thomas Anderson, Alejandro González, Daren Aronofski. Todos ellos son directores que me gustan un chingo. Los hermanos Cohen viven en esa industria y viven de esa industria. –Pero tampoco son outsiders. A final de cuentas están dentro del sistema. –Sí, claro, pero a lo que voy es que es una industria que permite la coexistencia de estos mundos y te permite ver películas de Gus Van Sant, con quien acabo de hacer una. Él es totalmente Hollywood. Es Focus (uno de los estudios más poderosos), pero está trabajando un director que tiene un punto de vista, una mirada muy específica, un riesgo artístico enorme y él coexiste y vive en esa industria. Hollywood tiene mucho qué aprendérsele. Que hacen muchas películas basura, es cierto, y a veces deprime un poquito saber la cantidad de boletos que esas películas basura venden, pero te digo, nosotros tenemos que construir algo parecido. Algo que permita que coexistan directores como Reygadas y películas como Cansada de besar sapos y que sucedan en la misma industria y que nos permitamos la existencia de los dos y que aprendamos a convivir y a compartir este público, que es enorme en México. –¿Qué tan rudo fue para ustedes hacer esta película? –Estuvo rudo el rodaje, sobre todo en Cihuatlán. Estuvo muy cabrón. Los días que estuvimos en el rancho platanero la sufrimos, sudamos la gota gorda, pero también bien fue chingón, porque empezamos en ese universo, arrancamos ahí y eso como que definió todo. Perfilo los personajes, les acabó de dar ese último empujón. Creamos ese universo y luego los trajimos a confrontarlos con la ciudad, con el monstruo éste. Pero estuvo rudo el proceso, porque nos estábamos exigiendo mucho. Fuimos muy rigurosos con lo que estábamos haciendo. –¿En la apropiación del personaje, por ejemplo? –Ajá, y en el trabajo de cada uno con su personaje y además en los momentos, sin saber estar realmente seguros de que lo que estábamos haciendo estaba realmente bien, porque esta película inevitablemente va a jalar mucho la atención de todos tipos. Creo que la gente va a venir a verla con muchas expectativas, y había que corresponder a eso. –¿Qué opinas del nivel del fútbol mexicano? –Creo que el fútbol mexicano es un claro reflejo del país. No podríamos esperar un fútbol que no fuera corrupto, desigual. Y es que en México la educación no se festeja. Es un poco el reflejo del país en el que estamos. Pero hay algunas esperanzas. –¿Qué jugador te hubiera gustado ser? –Uta, qué difícil pregunta. Definitivamente yo creo que nada más porque todavía le falta mucho por escribir, pues Messi. Ese güey sí es un mago. Está cabrón. –Si hubiera estado en tu poder, ¿qué hubieras preferido ser: futbolista o actor? –Creo que hoy en día, y no lo digo por ardido, actor. –¿Crees que tienes el derecho o el deber de hablar de la situación que aqueja al país? –Es un derecho, no un deber. –¿Por qué? –Creo que es un derecho y deber, pero no nada más de los actores, sino que debería ser de todos. No es una cosa que nada más me atañe a mí, pero todo aquel que tiene acceso a un micrófono tiene que usarlo con responsabilidad y tiene que ser crítico sobre el lugar en el que vive. –¿Qué crees que está peor en México? –En general todas las estructuras. Creo que vivimos en un impunidad que es patética. Todos vivimos todos en la ilegalidad absoluta. Creo que las estructuras príistas y todo como nos enseñaron a vivir está mal. –¿Y lo que está bien? –Bueno, que la gente se está manifestando, se está comunicando, encontrando, que la gente está reaccionando. Definitivamente veo un México con una generación más crítica. Lo veo en mi generación y en la que viene atrás. Yo recuerdo que después de 1988 nos entró la sensación de que no importaba lo que hiciéramos, que nosotros no importábamos. Como que nos metieron un valium por un muy buen rato y anduvimos en la lela, viviendo como corderitos, por donde nos llevaran y de repente siento que la sociedad está despertando. A lo mejor no estamos del todo conectados, a lo mejor no estamos ejerciendo la presión como deberíamos, nos estamos siendo lo autocríticos que deberíamos, pero sí creo que eso está mejor.
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