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Opinión



Efecto tequila

Miércoles, Marzo 20, 2019 - 14:24
 
 
   

Episodios ambos, que encuentran una conexión por demás acertada

El escándalo envolvió al otrora todopoderoso titular de la extinta dirección Federal de Seguridad Miguel Nazar Haro, cuando se ventiló ante la opinión pública sus presuntos vínculos con el robo de vehículos y la subsiguiente venta a escala internacional de las unidades robadas en territorio nacional.

Décadas después, el descubrimiento fortuito de la identidad del titular del “Registro Nacional de Vehículos” desató un escándalo de talla internacional, torturador clave en los reinos del “Hades” homérico: la tristemente célebre “Escuela Superior de Mecánica de la Armada” (ESMA), Ricardo Cavallo fue identificado por miembros de la comunidad argentina de México.

Episodios ambos, que encuentran una conexión por demás acertada, fruto evidente del puntual seguimiento de la realidad que nos circunda, en el protagonista de la trama de la novela de Élmer Mendoza: “EFECTO TEQUILA”, un agente retirado de la extinta DFS  que se dedica en el valle de Culiacán a recuperar vehículos robados y anhelar los aromas íntimos de su ex mujer.

En la vida real, el subsecretario de economía, responsable de la implementación del denominado “RENAVE”, se suicidó a las afueras de la ciudad de México, en tanto que Ricardo Cavallo fue extraditado a España, en contravención de lo que al efecto habría estado establecido de tiempo atrás en los tratados concernientes con la República Argentina y en seguimiento del cuestionable y cuestionado principio de jurisdicción universal,  invocado al efecto por el juez de instrucción de la audiencia de Madrid Baltazar Garzón

Elvis Alezcano, en la novela de Élmer Mendoza, reclutado por la CIA en Culiacán,  viaja a Madrid y posteriormente a Buenos Aires, en donde, mediante el despliegue de sus pesquisas, logra desactivar un “Golpe de Estado” que rememora en su narrativa a la etapa inmediatamente precedente a los sucesos acaecidos el 26 de marzo de 1976.

Acompañado de la agente policial española “palidasombra”, nombre que bien puede remontarnos a los personajes del “Tiran Lo Blanch” de Joanot Martorell, logra que, en medio de los episodios de intriga de los golpistas frustrados, les sean entregadas las llaves que resguardan en Suiza los archivos secretos del régimen militar de facto que se enseñoreo del país austral a partir del señero año de 1976.

Archivos  que serviría de prueba fundamental a la justicia español, para instruir el caso en contra de “Calero”, personaje que a todas luces es el alter ego del Capitán de fragata Ricardo Cavallo.

Pasado reciente descrito magistrado por “Élmer Mendoza” en el “Efecto Tequila”, que habiendo quedado atrás en apariencia, nos circunda día a día de manera por demás amenazante, con los denominados “goles judiciales suaves” en el continente, y con las conexiones del hampa con mandos policiales, cuyas conexiones con el departamento de estado en su afán de control continental, lejos de haber quedado en el pasado, parecieran más sólidos que nunca.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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