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Opinión



El lépero Paco Ignacio

Jueves, Diciembre 6, 2018 - 11:47
 
 
   

Ninguna razón o motivo cabe esgrimirse para anular la personalidad de alguien

¿A quién ofende Paco Ignacio Taibo con sus groserías? Quien haya tenido oportunidad de escuchar alguna de sus charlas o conferencias, sabrá que su estilo personal de hablar y plantear sus ideas políticas y literarias en presencia del público que le oye, es así; para él no hay, o no puede ser de otro modo. Los chingaos, cabrones, ojetes, mentadas de madre y una extensa lista de palabrotas, son componente inseparable no solo de sus pláticas, sino de la personalidad singular de éste escritor mexicano que por alguna razón, solo atribuible a sus padres, nació en Gijón, España.

Fuera de que no pueda gustar su estilo literario o el contenido de sus libros en  ya extensa obra –por cierto, redactados con infinitamente menos palabrotas que las que dice coloquialmente- el hombre ha recorrido México y el extranjero dándolos a conocer sin que, por desconocido que parezca el público asistente a sus eventos, modifique de manera alguna los modos o expresiones que le caracterizan para narrar sus trabajos. Ni siquiera quienes cuestionan sus expresiones de vulgares, pueden negar que Taibo II es hoy mismo uno de los escritores mexicanos más reconocidos dentro y fuera del país.

Ninguna razón o motivo cabe esgrimirse para anular la personalidad de alguien, ni mucho menos que los paladines de la libertad de expresión se sientan ofendidos por la falta de delicadeza discursiva que pueda tener un hombre de letras. Cuando en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en el acto de presentación de sus nuevas novelas (La libertad, la bicicleta y El olor de las magnolias) soltó el sarcasmo: <<Sea como sea, se las metimos doblada, camarada; yo sé que me paso de lépero, pero si algo conquistamos este julio pasado fue el derecho a llamar a las cosas por su nombre, a los culeros, culeros y a los enmascarados, enmascarados>>, Paco Ignacio estaba hablando como es su estilo acostumbrado, su peculiar forma de expresión y su modo personal de ser.

El público que decidió asistir a la presentación, ¿esperaba un estilo refinado en la expresión lingüística del autor? Pues no; ya se le conoce. En caso contrario, simplemente no se concurre y sanseacabó. La crónica periodística de Juan Carlos G. Partida (La Jornada, 29 de noviembre) indica una extraordinaria aceptación popular del escritor: <<La presentación…se realizó la noche del martes con una charla entre el autor y su hermano Benito Taibo, quienes con la gracia de sus mentadas de madre antisistémicas fueron festejados por uno de los públicos más numerosos que se han reunido en la Feria Internacional del Libro este año>>. En ese público numeroso, nadie se ofendió por escuchar las palabrotas del autor.

El problema de Paco Ignacio no es el uso de un poco refinado lenguaje que, en estos tiempos oyendo el que utilizan los adolescentes desde secundaria, en realidad a nadie le importa ni siquiera porque lo hubiere pronunciado en una feria de libros. El auténtico problema es su postulación presidencial a dirigir el ente productor de libros llamado Fondo de Cultura Económica. Mientras se dedicó a escribir historia y novelas sin aspirar a cargo público alguno, ni las buenas conciencias se mortificaron con su forma de hablar. Su candidatura puso sensibilidad de castos oídos en los intereses políticos de los orillados electoralmente a dejar el poder.

Lo que les molesta no es que sea lépero, grosero, carente de cortesía o delicadeza, según define el diccionario; en sentido metafórico podrán hasta decir que el hombre carece de educación, pero realmente no; por eso es el gran escritor que es. La expresión vertida no estuvo dirigida contra nadie en particular; fue “una frase desafortunada y vulgar” como él reconoce, que nunca derivó en ofensa para ninguno de los presentes, ni nadie en particular de los ausentes. Sin embargo, para esa vieja unión política que recién se estrena como oposición, lo dicho por Taibo son “expresiones majaderas y misóginas”; y, “por la violencia, la misoginia y el odio que representan sus palabras”, les parecen argumento suficiente para pedir al Presidente López Obrador reconsiderar su nombramiento.

Elena Poniatowska ha dicho al respecto palabras sabias: <<hay muchos actos que hacen mucho más daño que palabras dichas al aire, sin pensar, sin reflexionar, y es el caso de la polémica frase de Taibo, quien tiene una obra admirable y puede ser un gran director del FCE>>. A sus detractores muy pronto les falla la memoria. De manera verdaderamente ofensiva fingen olvidar los actos que durante los gobiernos emanados de sus filas hicieron mucho más daño que las palabras impensadas de Taibo. Enumerar los actos de violencia política, económica, social –ofensivos o mortales- que se convirtieron en partes imprescindibles de su manera de gobernar, ameritaría escribir una obra en varios tomos. Actos que por su cinismo, desfachatez y burla para la inteligencia de los mexicanos y, directamente, para el dolor e impotencia de los afectados o víctimas, quedaron registrados en la historia de nuestro país, no solo como ofensas sino como auténticas infamias.

PRI, PAN, PRD y MC no quieren a Taibo al frente del FCE por una razón muy sencilla. Aparte de ser gran un escritor e historiador, es un formidable activista político de tiempo completo. Que a estas alturas esa casa editorial recupere lo que fue su sello de nacimiento, la cultura económica, que no alude solo a la adquisición de conocimientos de economía, sino al acercamiento de las bondades de la cultura al gran público a precios accesibles, es algo que no pueden tolerar. Con un gobierno de izquierda, acercar la cultura al pueblo para que se ilustre y conozca cómo ha funcionado hasta ahora su país, sería tanto como aceptar la extinción de sus posibilidades políticas de retorno al poder.

No tomaron como bandera de rechazo hacia Taibo su lugar de nacimiento, calculando no exhibir su xenofobia y ánimos discriminantes. Las leperadas del escritor que resonaron mediáticamente les brindaron el pretexto que buscaban. No parece sensato hacer crítica sobre actos de gobierno intentando borrar los que se hicieron en el pasado, para aparentar autoridad moral, pues con este tipo de actitudes lo que se consigue es mostrar doble rasero. Lo que están buscando es intentar adquirir espacios públicos con personajes propios o que pudieran resultarles afines, como forma de ganar posiciones políticas a futuro que sean útiles para su recomposición político partidista. En esta tarea, lo más prudente sería que replantearan sus propuestas de acercamiento a la sociedad y no que se  refugien en la incómoda posición de celosos guardianes de la moralina.

Heroica Puebla de Zaragoza, a 5 de diciembre de 2018.

JOSÉ SAMUEL PORRAS RUGERIO


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Samuel Porras Rugerio

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