Lunes, 10 de Diciembre de 2018     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



La universidad y su función revolucionante

Lunes, Diciembre 3, 2018 - 08:05
 
 
   

La crisis civilizatoria que vive hoy la humanidad está demandando soluciones creativas

“¿Debe la universidad adaptarse a la sociedad o debe la sociedad adaptarse a la universidad? Existe complementariedad y antagonismo entre las dos misiones, adaptarse a la sociedad y adaptar a ella la sociedad: la una reenvía a la otra en un  bucle que debería ser productivo. No se trata sólo de modernizar la cultura, se trata también de culturizar la modernidad”.

Edgar Morin. La mente bien ordenada, p. 110.

Hace un par de semanas dediqué este espacio al tema de la función conservadora de la universidad, una de las dos coordenadas del eje conservador-revolucionante que señala el pensador francés Edgar Morin como parte esencial de la misión de la educación en estos tiempos de crisis, cambio y globalización que vivimos. Este artículo puede consultarse en esta liga: http://www.econsulta.com/opinion/2018-11-19/la-universidad-y-su-funcion-conservadora

El planteamiento central de esa reflexión sobre la función conservadora de la universidad puede resumirse en esta cita que tomo del artículo ya referido: “El carácter conservador de la universidad en su sentido vital tiene que ver con la salvaguardia y la preservación de la riqueza histórica, cultural, científica, tecnológica, emocional y espiritual de la humanidad en su devenir histórico, porque como afirma el pensador francés, resulta imposible preparar o construir un futuro viable y sostenible para los seres humanos sin la salvación del pasado”. Se trata básicamente de salvar el pasado para poder preparar el futuro.

El día de hoy quiero retomar el tema y dedicar unas líneas al segundo vector de ese eje, que es el de la función revolucionante de las universidades. En primer lugar es importante aclarar que el padre del pensamiento complejo usa deliberadamente el término revolucionante porque considera que el término revolucionario puede prestarse a confusiones dada la carga ideológico-política que ha adquirido y a su identificación con una sola parte del espectro de las ideas sociales.

La universidad tiene además de la tarea conservadora que la hace una institución que debe dedicar sus esfuerzos en la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento a la preservación de la riqueza de la herencia recibida del rico y plural camino de la humanidad a lo largo de la historia, la misión central de promover la construcción de un futuro que salve a la humanidad realizándola a partir de la promoción del descubrimiento creativo, del potencial transformador de los seres humanos.

La crisis civilizatoria que vive hoy la humanidad está demandando soluciones creativas que rompan con la forma en que hemos entendido y llevado a la práctica nuestra vida en todos los aspectos.

Estamos en un mundo que vive profundas crisis en lo ecológico, lo económico, lo político y lo cultural. Existen graves peligros de destrucción por el deterioro ambiental, enormes desafíos de justicia derivados de un sistema económico que produce desigualdad y pobreza que han llevado a millones de personas a tener que emigrar para buscar la supervivencia, grandes retos para la construcción de auténticas democracias en las que el poder sea realmente el garante de los derechos de todos y promueva las condiciones para una vida digna acorde al proyecto de felicitad de mayorías y minorías y la urgencia fundamental de regenerar una cultura que tiene como único lenguaje el del mercado y la ganancia económica.

En todos estos retos la universidad tiene un papel fundamental que jugar, a través de la formación de los futuros profesionales y de los ciudadanos del futuro, de la promoción de una agenda de investigación que no se centre en la mera visión productivista generadora de artículos y libros cuya función es cumplir con estándares de evaluación cuantitativa sino de un proyecto integral de construcción del conocimiento sólido y pertinente orientado a la comprensión de los problemas vitales para aportar elementos que puedan fundamentar la intervención y la toma de decisiones para su solución, y finalmente, de la creación de nuevas formas de difusión del conocimiento y la cultura que lleguen realmente a la sociedad y enriquezcan el horizonte humano en que hoy vivimos.

Para lograrlo, la universidad que decida estar a la altura de nuestros tiempos debe al mismo tiempo, adaptarse a la sociedad y adaptar a la sociedad a ella. Como afirma Morin, existe complementariedad y antagonismo entre estas dos dimensiones de la misión y la universidad debe asumir esta tensión y vivirla de manera inteligente y constructiva.

Se trata de modernizar la cultura desde la universidad y de culturizar la modernidad desde su actividad académica.

Un elemento fundamental para lograr esta misión tiene que ver con el cambio en la concepción y la gestión del pensamiento. Se trata de avanzar de una perspectiva simplificadora a una visión compleja de la tarea de construcción y comunicación del conocimiento.

Afirma el pensador planetario en la página 117 del libro citado en el epígrafe: “A un pensamiento que aísla y separa, hay que sustituirlo por un pensamiento que distinga y una. A un pensamiento disyuntivo y reductor hay que sustituirlo por un pensamiento de lo complejo, en el sentido originario del término complexus: lo que está tejido junto”.

Para cumplir con su función revolucionante, la universidad debe cambiar el paradigma del conocimiento para romper este pensamiento que aísla y separa, que reduce y se basa en la disyunción, para pasar a un pensamiento que distinga e integre, que busque la integración y la puesta en circulación y en diálogo de todas las disciplinas en función de la comprensión de los problemas complejos de la sociedad global en que hoy vive la humanidad en el planeta.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

Ver más +

Encuesta