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Opinión



La universidad y su función conservadora

Lunes, Noviembre 19, 2018 - 09:34
 
 
   

La conservación es vital si significa salvaguardia y preservación

“Según los dos sentidos del término conservación,

el carácter conservador de la universidad puede

ser vital o estéril. La conservación es vital si

significa salvaguardia y preservación, porque no se

puede preparar un futuro mas que salvando el pasado,

y nos encontramos en un siglo en el cual están en acción

múltiples y poderosas fuerzas de desintegración cultural.

Pero la conservación es estéril si es dogmática, inmóvil, rígida”.

Edgar Morin. La mente bien ordenada, p. 109.

Vivimos en un mundo, en un país en el que el término conservador se ha vuelto peyorativo y se usa incluso para denostar o descalificar a personas que se considera que son incapaces de entender la realidad en la que viven y añoran un pasado al que es imposible –e indeseable- retornar.

Esta acepción del término tiene elementos que son atendibles y acertados, puesto que existen ciertamente personas y grupos que se afilian a una tendencia a la que el filósofo español José María Mardones y muchos otros autores denominan neoconservadurismo.

El neoconservadurismo en efecto es una posición de inconformidad permanente hacia el presente y de añoranza de un pasado al que se idealiza muchas veces sin fundamento o absolutizando ciertos rasgos positivos de otros tiempos e ignorando deliberada o ingenuamente muchos otros elementos negativos de esa realidad que se mira con nostalgia y se pretende inútilmente restaurar.

Los sectores neoconservadores de la sociedad parten de la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” y que el pensamiento y la forma de vida actual es totalmente decadente y por ello hay que rechazar todo lo que signifique novedad o actualidad y vivir en una especie de cruzada por “recuperar los valores perdidos”, “restaurar las verdades olvidadas” y vivir como vivieron nuestros antepasados.

A las personas, grupos e instituciones que se ubican en esta corriente de pensamiento y de vida parece darles miedo la incertidumbre del presente y producirles una sensación de amenaza cualquier manifestación distinta a los rígidos marcos de comprensión y significación en los que nacieron y crecieron o en los que fueron educados –en una especie de burbuja de cristal, impermeable al cambio- y por ello construyen refugios artificiales que los protejan de las nuevas realidades del mundo y los hagan inmunes al cambio que inevitablemente vive la humanidad en un cambio de época como el que hoy caracteriza al mundo.

Sin embargo, el rechazo que produce en las generaciones actuales y en el marco de la corrección política de quienes se asumen como progresistas o vanguardistas esta tendencia de reacción en contra del cambio, produce también una reacción extrema que rechaza por completo toda manifestación conservadora, aún cuando se trate, como afirma Morin de una conservación vital.

De manera que vivimos en un mundo y en un país en el que junto con el rechazo a la conservación dogmática, inmóvil y rígida que detiene la necesaria y deseable marcha del proceso de humanización, se está viviendo un rechazo a la conservación vital de los elementos que buscan salvaguardar a la humanidad del proceso de desintegración y aberración cultural que estamos viviendo en esta época de crisis, cambio y globalización.

Resulta por ello indispensable, junto con el padre del pensamiento complejo, reivindicar la necesidad de un eje conservador-revolucionante que contribuya al fortalecimiento de la búsqueda de humanización en el mundo actual.

El elemento conservador de este eje vital, debe ser reforzado e impulsado por las instituciones educativas y especialmente por las universidades que son espacios cuya misión es salvaguardar la herencia científica, filosófica y cultural de la humanidad a través de la actividad de docencia, investigación y difusión de la riqueza heredada del pasado, buscando simultáneamente el avance y la innovación que genere nuevas formas de comprensión, razonamiento, valoración y actuación que respondan a los retos del presente y prefiguren un mejor futuro para la especie humana en el planeta.

En efecto, aunque suene arcaico o pasado de moda, es necesario decir que la universidad tiene un carácter conservador, pero también es indispensable señalar que este carácter conservador, tal como dice Morin, puede ser vital o estéril.

El carácter conservador de la universidad en su sentido vital tiene que ver con la salvaguardia y la preservación de la riqueza histórica, cultural, científica, tecnológica, emocional y espiritual de la humanidad en su devenir histórico, porque como afirma el pensador francés, resulta imposible preparar o construir un futuro viable y sostenible para los seres humanos sin la salvación del pasado.

La salvación del pasado para la preparación del futuro tiene como ingrediente fundamental para evitar la esterilidad y conservar la vitalidad la apertura al presente y la visión crítica y creativa indispensable para construir el futuro desde la sana integración y relación recursiva entre pasado, presente y futuro.

Los universitarios tenemos como uno de los deberes fundamentales de nuestro trabajo esta conservación del pasado y para ello debemos estar siempre vigilantes para distinguir entre el carácter vital y el carácter estéril de esta conservación.

Para cumplir con esta tarea resulta muy útil tener como eje orientador la famosa frase de Gustav Mahler Gustav  Mahler (1860-1911) que afirma que: “La tradición es el cuidado del fuego, no la adoración de las cenizas”.

Las universidades tienen hoy entre muchas otras tareas, la de dinamizar el eje conservador para promover las probabilidades de construcción de un futuro a partir de la salvación del pasado. Para cumplir con este desafío, resulta indispensable por una parte evitar la descalificación de esta tarea conservadora y por otra, estar permanentemente vigilantes para distinguir la tarea de conservación vital y evitar caer en la visión estéril del dogmatismo, la rigidez y la inmovilidad que caracterizan al neoconservadurismo contemporáneo.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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