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Opinión



Respuestas a la reciente crítica exegética, constitucionalista, en contra del <> de AMLO

Martes, Noviembre 6, 2018 - 14:30
 
 
   

En México se ha impuesto desde hace mucho una tradición “monologista”

En el último número de la revista <<Proceso>> fue publicada una entrevista otorgada por el jurista- constitucionalista:  Diego Valadez.  Los puntos que a continuación se desarrollan abrigan el propósito de dar una respuesta a las declaraciones harto denostativas que formula el profesional en mención.  De inicio este jurista aparece como heredero de la tradición de “constitucionalistas mexicanos” que durante el periodo del partido único confeccionaron las ideas y estrategias jurídicas que apuntalaron la actual “oligarquía en el poder”, misma que durante todo este tiempo ha pisoteado los derechos de los mexicanos, y sobre todo, han pretendido entregar la soberanía nacional al capital extranjero. En México se ha impuesto desde hace mucho una tradición “monologista” en que sólo  los juristas de “determinado corte” hacen pronunciamientos unilaterales sobre el derecho y de cuestiones relacionadas con la cuestión jurídica.  El actual “dogmatismo” imperante en materia jurídica, incluso en las universidades y sus escuelas de derecho obedece a esa “rancia” tradición, cuyos miembros se creen así mismo poseedores de la “verdad absoluta” en materia jurídica.  Lo cual en todos los casos estaría por verse.  En especial, en el caso presente, el jurista mencionado viene a la palestra con ese prejuicio, el de “sabelotodo”, y pretende con su retórica escolástica poner de rodillas la política de AMLO, así, empieza por descalificarla y luego la sataniza, como si se tratara de una “sentencia lapidaria” sin más, de las que acostumbran juristas alineados con semejante tradicionalismo. Lo que sigue es un mentís a semejante pretensión.          

El mexicano como cualquier otro Estado moderno, en modo alguno, está asimilado de manera absoluta a la economía o a la sociedad civil, vista ésta en su conjunto, sino como despliegue suyo social e históricamente se levanta por encima de esas esferas, como duplicación que política y jurídicamente contrapone, por lo que de ese modo goza de una <<relativa autonomía>> respecto de aquellas dos esferas.  Tal cosa se demuestra en cuanto dispone de políticas públicas  u ordenamientos jurídico-positivos que impactan las dinámicas concretas de estas últimas, precisamente desde la específica esfera del Estado o de su régimen de gobierno.  Tal impacto se ejerce o como regulación, control o incluso modificación de esas dinámicas.  A la separación aludida  en teoría política clásica se le conoce como <<secularización>> o incluso <<laicización>>, y de ello da perfecta cuenta una serie de artículos de la Constitución Política de México, tal es el caso de los arts, 3, 25, 26, 27, 28, 29, 130,  etc., por citar sólo algunos.  AMLO en su proyecto político, que evidentemente cuenta con uno y muy claro., no ignora este aspecto de la <<secularización>>, por el contrario lo refuerza.  Pero en modo alguno ello quiere decir que aspira o propone una absoluta separación entre política y economía, sino la que propone es sólo relativa, como lo ha sustentado desde hace mucho tiempo la teoría política clásica.  En ese sentido ya ha dispuesto de instrumentos de índole político social mediante los cuales contempla <<ayudas a una serie de sectores desprotegidos de la población civil>>, pero no sin retorno, sino para desarrollar las fuerzas productivas que requiere la actual estructura económica, incluso de modo urgente.  Este giro de política social, bien miradas las cosas, coloca a AMLO, entre las propuestas más avanzadas de la política no sólo moderna sino contemporánea, supera incluso el tradicionalismo de los esquemas del Estado del bienestar, y desde luego el anquilosado esquema productivista o “financierista” del neoliberalismo actual, que sólo saquea a la sociedad, pero deja en completo olvido a las fuerzas productivas de ésta.       

Solo alguien pregnado de apriorismo y que por lo mismo ignore no sólo el esquema de la política propuesta por AMLO, sino de plano el estado de la cuestión del Estado contemporáneo, podría aventurar la idea de que AMLO pretende aislar absolutamente la política de la economía.  Pero, más aun, bajo las condiciones actuales,  el recomendar a AMLO como directriz política una tal separación, no sólo es una ignorancia  confesa de la situación, sino un “despiste” en completo fuera de lugar del desarrollo más reciente  del Estado contemporáneo y de su relación con la economía. Más aun muestra que las concepciones sólo “normativistas” de la política ya padecen un claro anacronismo y rápidamente deben ponerse en desuso, pues, ya, desde hace bastante tiempo, son “dignas de caer”.

Pretender que AMLO no cuenta con un proyecto político (¡sic!), no sólo es una desmesura, sino transluce una concepción de gran atraso, medioevalezca de la política.  Semejante  concepción carece de la necesaria lente, del necesario poder analítico,  para visualizar el carácter hegemónico, no totalitario (eso es otra cosa), de la política que propone AMLO, una política que está por completo, y de modo muy inteligente, involucrada en todos los aspectos que tienen que ver con el Estado.  Que por tanto se trata de una política de alto calibre estratégico, sin que se pierda de vista que si bien impacta la economía o la religión o la familia, o las demás esferas de la sociedad civil, en modo alguno puede pensarse como directamente estas esferas de actividad, sino que al operar por necesarias mediaciones marca pautas en ellas, pero también respeta su necesaria autonomía relativa. Por tanto, como es obvio despender,  ya, en la economía o en sus propuestas de política económica no está sino implícito su proyecto político, aunque para Valadez quede invisible. Por otra parte,  a propuesta política más que ninguna otra no es necesario que se explicite, hay que saber entenderla, interpretarla, pero una lectura acostumbrada sólo a exégesis, a sólo a la literalidad de los textos, en efecto, le es imposible entender la especifica dimensión de su unidad disyunción.  Aquí entonces habría que detenerse con estos sectores y explicarla un poco más, para que no se diga que Amlo y su política es sectaria.  La política de AMLO en cuanto se proyecta no es, en modo alguno, una simple política “normativista”, que sólo prescribe “recetas”, y luego las “olvida”(a la manera de los panes sexenales del pasado priista, que se anunciaban con “pompa y platillo” y luego nadie se ocupaba de ellos, se convertían en “letra muerta”),  sino es de nuevo cuño, que proyecta realidades a partir de nuevas esferas del conocimiento científico.  Va muy de la mano con la ciencia.  Por lo que para entenderla habría que superar el estrecho horizonte del “positivismo normativista” a la manera de Hans Kelsen; es decir, habría que superar el “hoyo negro” reduccionista,  pseudo-teoricista, en que se inscribe la postura iconoclasta sólo criticista, sólo positivista, del distinguido jurista que nos ocupa.  El “normativismo” de Valadez sólo descalifica, es decir solo ejerce una posición negativo reduccionista flagelante, en cambio la posición genealogica, holística, de AMLO al ir en busca de más posibilidades reales del quehacer político, no se enclaustra solo en una sino su perspectiva es de permanente ampliación y progresiva.

Ahora vallamos a algo más concreto, pretender que la cancelación del nuevo Aeropuerto en Texcoco, el NAIM, pretender que ello implica, según las afirmaciones de Valadez, la construcción de un sujeto enfrentado con los empresarios (¡SIC!), la asunción de una política separada de la economía (¡supersic!), es igualmente un despropósito, pues AMLO con semejante cancelación  no sólo no se enfrenta con los empresarios, ni mucho menos queda solo, como precipitadamente supone Valdez.  A éste se le olvida que quienes están detrás del fallido proyecto del NAIM no son todos los empresarios, ni mucho menos, sino sólo un grupúsculo, al que AMLO no se cansa de caracterizar como “mafia del poder”.   De modo que el enfrentamiento, sólo con un tropo lingüístico amañado, nuestro jurista o constitucionalista puede asociarlo con “todos” los empresarios, y solo así descarga de culpa a los de la “mafia”.  Convierte tramposamente a la parte en todo, o reduce éste sólo a una de sus partes, incluso a la más insignificante pero más nociva y dañina para el país. Sobre el que AMLO separaría la política de la economía, es de plano no entender sus esquemas. Y como los habría de entender alguien que sólo entiende el mundo y sus fenómenos a partir de “apriorismos” normativistas, de normas confeccionadas sólo sobre las faldillas de presuntos “intelectuales” pero alejadas por completo del sentir social, de la realidad viva en que se encuentran los <<hombres de carne y hueso>> nacional.  Alguien así se incapacita por completo para entender la <<propuesta política>> de AMLO, pero no sólo esto, sino para actuar de acuerdo con sus complicadas coordenadas que sólo el pueblo y AMLO las dominan a cabalidad.  La propuesta política de AMLO si alguien quiere conocerla debe esforzarse por hacer una lectura acuciosa, profunda, no exegética, de las condiciones de vida y existencia del pueblo mexicano.  El reto al contrario esta echado. Ante semejante dificultad el normativismo, y mucho menos el legaloide, al disponer sólo de lecturas “aprioristas”, por fuera de esa realidad, nada tiene que hacer, sólo el pretender desorientar, aun antes de que AMLO y su gabinete asuman el poder político real. Que bueno que enseñen sus armas, así AMLO sabrá cómo comportarse con el fariseísmo de semejantes “criaturas” de la escolástica  tránsfuga.

En cuanto a los errores legislativos, bueno, el PRI y no se diga el PAN, en sus periodos de poder, se la pasaron cometiendo de todo tipo, de todo sabor, uno tras otro, hasta completar un larguísimo “rosario”,  verdaderamente preocupante por su gravedad en contra del interés nacional.  No les ha bastado noventa años de error legislativo y de estado, de gobiernos fallidos, aspiran a más. ¿Qué más da?  Por ejemplo el “Fobaproa” o el IPAB, la “Guerra contra el narco”, “la reforma de Salinas al art. 27 constitucional que puso de rodillas a los campesinos de México ante los acaparadores de tierras nacionales e internacionales”,  que “mediante el TLC ha cedido la economía nacional a potencias y capitales extranjeros”,  “la guerra injusta contra los indígenas de México y contra el EZLN”, las reformas de Peña Nieto, en especial la energética y la educativa que en el caso de la primera se cede el petróleo de los mexicanos a compañías extranjeras, y en el caso de la educativa se intenta “borrar la memoria” de la identidad nacional, poniendo a la niñez y juventud mexicana al servicio de intereses trasnacionaleros” etc., etc.   La lista es mucha, demasiada, pero nuestro constitucionalista, a pesar de que todas estas “pifias”, errores de política nacional, implicaron reglas, normas, procedimientos “fallidos”, propios de los legisladores, no le calló el veinte.  Como es su costumbre pasó de largo. Y sólo se detuvo en minucias, con un tono “maximalista”, que si se toma en serio infunde terror, escalofrío. Pero la realidad es otra, más allá del “apriorismo” del jurista, ni Batres ni AMLO, han cometido un pecado capital.   Además a Valadez se le pasó que la “pifia legislativa” del salario mínimo, o del deslizamiento en una ley de la expresión D.F., no fue en modo alguno sólo participación de Martí Batres, sino de todas la cámara que él preside. Quizá él fue el menos culpable, pues también ahí estaban priistas, panistas y de otros partidos haciendo su “maniobreo” politico. Pero nuestro “excomulgador legal” a estos ni los toca, para el “aparecen sin mancha” (¡sic!) como si fueran bienaventurados (¡supersic!.

Finalmente la versión criticista, apriorística, de Valadez respecto de la política de AMLO, por su “autismo confeso”, por su “repentino” alshaimer, en materia de política legislativa, nos recuerda muy vivamente el autismo y el alshaimer de gentes como Meade, o  Anaya (¡los del debate electoral!) y desde esa perspectiva no era de esperarse sino una postura “descalificadora”, “satanizante” de la política de AMLO y su gabinete. Por cierto, anuestro sesudo intelectual en su alusión al entorno y sistema jurídico, se le olvido algo crucial: la <<clausura de la complejidad>>.  Sin la cual no se entiende la combinación que propone. Sera ¿por qué en ese giro se evidencia el carácter clasista, reduccionista, de su propuesta?                                     


Semblanza

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas y de la Facultad de Derecho de la BUAP.  Autor del libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas, Configuraciones Jurídico Políticas, la Cuestión Social (libro en prensa), etc.  E- Mail: Coseidad@hotmail.com. 222  2295500 ext. 7712.

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