Miércoles, 21 de Noviembre de 2018     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



De la música ciudadana y una ciudad

Martes, Noviembre 6, 2018 - 14:29
 
 
   

La urbe, esa idea poderosa de la modernidad que hoy nos desafía en su forma y maneras

(Léase escuchando El Amanecer, en la versión de Di Sarli que está aquí: https://www.youtube.com/watch?v=q8K7UGwjUdY)

Ciudad y tango. El tango, la música ciudadana vive de diversas maneras. La urbe, esa idea poderosa de la modernidad que hoy nos desafía en su forma y maneras. La ciudad es la misma, vayas donde vayas, recuerdo a Kavafis. Regreso de una ciudad imposible como todas las de nuestra América Latina, que para mí es un corazón palpitante, expuesto.

Tomo un rasgo que vi, que quise ver, porque sujeto que soy, reivindico mi subjetividad. El rasgo social, la lucha, los muros pintados, marchas multitudinarias en la capital de un país que es, para acabarlo pronto, el centro de la América, de eso que debemos seguir discutiendo como nuestra patria grande, tan grande como nuestra lengua.

La Universidad Nacional junto con otras universidades públicas está en paro en la defensa del carácter público de la educación y entrar al campus es vivir un país. Aunque tampoco soy ingenuo y siempre que pienso en los chicos, en sus maestros dentro de las aulas, resistiendo a través del saber y la crítica, no olvido a Salvador Allende hablando en la UdG: La revolución no se hace en las universidades. Pero la ciudadanía vaya que se forja ahí.

Hablo de Bogotá.

Tango

Vengo a la Facultad de Derecho a una milonga, camino en la noche y para estar en paro, pienso, esto está muy vivo: por aquí unos chicos tocan música andina de protesta, al pasar por el conservatorio de música se escucha salsa, se ven las sombras y se escuchan las voces de chicas y chicos bailando.

Mientras tanto las paredes hablan de anarquía, hablan de dignidad, de libertad, hacen preguntas desafiantes, hablan de feminismo; directa o poéticamente las paredes de la universidad hablan fuerte, hablan bien. Pienso: La última vez que vi Ciudad Universitaria en Puebla así fue a principios de los años 90. Me entristezco por lo que hoy es, pero no pierdo la idea de la posibilidad de que vuelva a ser un hervidero de ideas más que de buenas calificaciones internacionales.

Llegamos, mi guía y maestro de tango en Bogotá y en Puebla y yo, a la milonga. Un buen número de jóvenes dando sus primeros pasos, aprendiendo a abrazar, nerviosos y alegres terminan la clase y se quedan. Su milonga es caótica, desordenada, pero profundamente conmovedora, están ahí debajo de un retrato del Ché Guevara y de otro de Camilo Torres, en paro, bailando la música ciudadana.

A las 9 en punto la milonga termina, es el acuerdo, después queda un largo camino al norte de la ciudad subidos en el Transmilenio.

Pienso en Emma Goldman: si en tu revolución no se puede bailar, no me interesa.

Y leo en un muro de la explanada de la universidad: lee más anarquismo.

A esta universidad le vendría bien un mural con la Goldman y su reivindicación del baile como un acto revolucionario.

Ciudad

Alguna vez leí que en la ciudad de Bogotá existen algo llamado “cafés de tango”, lugares donde la gente se reúne a escuchar tangos, milongas y valses clásicos, y a veces algunos otros ritmos como boleros, rancheras o música llanera al calor de unos tintitcos (café negro) o una cerveza o algo más fuerte; el texto que leí también hablaba de su inminente extinción.

Visité tres de ellos, y creo que gozan de cabal salud.

En Mi Viejo Almacén un muchacho de apenas 20 años le canta todos y cada uno de los tangos a la chica que ha llevado ahí para declararle su amor. Les observo, sé que al final ocurrirá lo que yo llamo el triunfo del tango, que no del amor, y una hora después, ocurre, ella enmielada con los versos de amor y desamor de su compañero, lo toma por el cuello y lo besa, un poco desesperada de que él tarde cantando tanto, esperando el tango ideal. Y ese, sabemos que es no se busca, nos encuentra, porque suena cuando aparece nomás y nos rompe para quedarnos ahí, en la emoción.

Ya está. Salvado el tango y los cafés de tango, no veo extinción mientras estas escenas ocurran.

La universidad no es un espacio ajeno, es un espacio más de una ciudad cuyos muros gritan, vociferan, se expresan de manera directa a quien decide voltear a verlos desde la caminata, el tráfico abotagado, la veloz bicicleta, la intrincada moto.

Bogotá, la negra, la india, la mestiza, la contradictoria, la violenta y la hospitalaria, es una ciudad que tiene un cosmopolitismo muy particular: un cosmopolitismo latino, vi las realidades continentales reunidas aquí.

Este país decidió derecha, votando a un infame, pero escucho cómo mis amigos extrañan a Petro, el buen alcalde que tuvo la visión de pensar la ciudad, y el país, de un modo incluyente. El mínimo vital del agua, ciclovías mejor conectadas, baratas y seguras, un metro que por ahora no será, una red de transporte público integrada al beneficio de la gente y no de las empresas concesionarias, dotación de drogas para reducir daños a los usuarios enganchados… Y pienso en mi ciudad, en el eslogan de su gobierno…

¿Por qué la gente, los buenos ciudadanos, le tememos a la inclusión? ¿Por qué nos da tanto miedo la diferencia, la posibilidad de hacer las cosas de un modo en que quepamos de otro modo? ¿por qué la gente vota al facho intolerante, al que promueve el fracking y la privatización de todo? ¿Por qué democráticamente elegimos la guerra contra nosotros mismos?

Yo no sé, es algo emocional, pero también es el triunfo de un modo capitalista de ver la vida, de ver el éxito, de necesitar cosas que acabarán aplastándonos. Estamos llegando a la hora cero y seguimos llenándonos de plástico, pero sin popote. El triunfo del bienpensamientismo es la derrota de la inteligencia.

Y aún así, hay algo.

Me quedé en casa de una chica cantante de una banda que tocó dos noches después en un festival de música afro. Margarita y sus dos gatos y su piano me abrieron su casa, me dieron ideas, me dejaron estar.

Y luego a la casa de César, mi maestro y amigo, cuya hospitalidad y generosidad son a prueba de todo. Milonguero bogotano como el que más, laudero que hace unas guitarras que suenan en el pulso de la sangre y que fue mi Virgilio en este caótico valle.

Y aún así hay esto y lo otro, el arte. La voz, la salsa en las calles peatonales, el vallenato que retumba en los bares, la lluvia pertinaz.

Y una lengua, que es más patria que cualquier tierra.

Hay algo. Las ideas para una ciudad que habito y de la cual participo. Ese algo es la posibilidad.

¿Cómo haré yo, desde mí, tú desde el nosotros, esta nueva idea de ciudad que surge con un gobierno nuevo, electo desde el hartazgo y la esperanza?

El tango

El Amanecer (Orquesta de Carlos Di Sarli, versión de 1954)

Tango instrumental de Roberto Firpo (1928)

Milongueros

Milonga Breve

Jueves 8 de noviembre

6:30 PM clase para principiantes 80 pesos (incluye milonga)

8 PM clase para intermedios 150 pesos (incluye milonga)

Milonga 9:30 PM (60 pesos)

Presentación del video #somostango y exhibición de tango salón de Ángeles Carrión (ARG) y Raúl Aranza (CDMX)

Musicaliza: Batuque.

@elinterno16


Semblanza

Brahim Zamora

Ver más +

Encuesta