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Opinión



Los otros

Lunes, Octubre 29, 2018 - 06:33
 
 
   

Uno de los recursos más socorridos para evadir cualquier intento de crítica es la descalificación

IV: «Mas busca en tu espejo al otro, / al otro que va contigo» (ed. de José María Vaiverde, p. 136).

XVI: «Busca a tu complementario, / que marcha siempre contigo, / y suele ser tu contrario» (p. 138).

XXXVI: «No es el yo fundamental / eso que busca el poeta, / sino el tú esencial» (p. 142).

XLIII: «Dijo otra verdad: ¡ busca el tú que nunca es tuyo / ni puede serlo jamás» (p. 143).

L: «Con el tú de mi canción / no te aludo, compañero; / ese tú soy yo» (p. 144).

Antonio Machado. Nuevas canciones. Proverbios y cantares.

www.cervantesvirtual.com/.../antonio-machado-o-la-poetica-de-la-otredad-780509/

Desde que inició este fenómeno que podríamos llamar “AMLOmanía” en nuestro país, he sostenido muchas discusiones en redes sociales y en reuniones personales con amigos y conocidos que decidieron depositar su fe ciega en el presidente electo y negar cualquier posibilidad de crítica o cuestionamiento a lo que su líder diga, haga, deje de decir o de hacer.

Uno de los recursos más socorridos para evadir cualquier intento de crítica es la descalificación personal: los que nos atrevemos a cuestionar cualquier elemento del discurso o de los proyectos del futuro gobierno nos convertimos automáticamente en cómplices del sistema, simpatizantes de la “mafia en el poder”, derechistas –“derechairos” dicen ahora- o cualquier otro tipo de especímenes deleznables.

Pero existe una estrategia que complementa la anterior, que me llama mucho la atención y a la que quiero referirme en este artículo: la de responder a cualquier crítica razonable o no al futuro gobierno, con la desviación del tema hacia “los otros”.

De esta manera, cuando alguien se atreve a hacer un cuestionamiento sobre alguna declaración o acción del próximo presidente o de algún miembro de los que ha señalado que ocuparán cargos en su gabinete, la respuesta inmediata es: “pero se olvidan que el presidente Peña Nieto ha hecho algo peor que esto” o “no vimos que criticaras igual a los gobiernos del PRIAN” –o en versión modificada PRIANRD-, con lo cual, se asume que no hay derecho a señalar ninguna falla al lopezobradorismo porque “los otros” son peores.

He escrito ya en otras ocasiones acerca de estos “tiempos ególatras” en los que el centro del mundo es el sujeto individual, el yo con sus –bien ganados y justamente reclamados- derechos humanos, el yo con su –válidamente reclamada- libertad de definir su propio destino, pero que por este énfasis moderno se olvida muchas veces de los demás o los convierte en culpables de todos los males.

Como si la autonomía y la libertad significaran la posibilidad de prescindir de los demás, la realidad actual –incluyendo a la escuela- se centra en el sujeto individual y en sus deseos, pasiones, sueños y aspiraciones como si no existiera nada a su alrededor, como si fuéramos seres capaces de construirnos solos, las expresiones en los medios, las redes sociales y muchos libros y artículos de superación y autoayuda hablan de centrarnos en nosotros mismos y de dejar de pensar y de ser influidos por e contexto en el que nacimos o crecimos: “Tú eres capaz de lograr todo lo que te propongas”, “No hay límites si decretas algo que realmente deseas”.

Pero como dice el filósofo Charles Taylor: “Nos definimos siempre gracias a o a pesar de, las identidades que los otros significativos nos asignan” o como afirma también el poeta Octavio Paz: “para ser yo, debo ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros. Los otros que no son si yo no existo. Los otros que me dan plena existencia”.

De manera que no existe ninguna forma en que los seres humanos individuales podamos prescindir de los otros. Pero precisamente por esta interdependencia estructural, estamos siempre en la tensión que conlleva el hecho de –ese gracias a o a pesar de- que los otros son al mismo tiempo posibilidad y amenaza.

Los otros pueden ser posibilidad de realización, de apoyo, de vivencia de la solidaridad, del afecto, del amor y la amistad, de la búsqueda de trascendencia y de la superación del egoísmo. Pero los otros pueden al mismo tiempo ser una amenaza, un reto, una molestia, una fuente de inquietud porque nos interpelan, cuestionan nuestras certezas, nos plantean preguntas y nos exigen salir de nuestra zona de confort y pueden, en el extremo, desearnos y hacernos mal, ser fuente de cosas negativas para nuestra vida.

Tal parece que hoy vivimos en un mundo en el que se ha exacerbado esta segunda dimensión de lo que significan los otros y se ha minimizado u olvidado la primera.

Porque hoy los otros son los culpables de nuestras desgracias –por ejemplo los políticos, los gobernantes, los profesores, la escuela, el jefe, la empresa- y no nos aportan nada más que preocupaciones y problemas.

Hoy los otros son los que hacen las cosas mal –se pasan los altos, se estacionan en doble fila o en lugares de discapacitados, abusan, se corrompen, roban, discriminan- y nosotros somos los buenos –aunque a veces también, justificadamente porque somos nosotros, actuemos de la misma manera y violemos las normas o abusemos de los demás-.

En investigaciones realizadas sobre conductas no éticas de los profesores por ejemplo, resulta muy interesante comprobar que los resultados muestran que los sujetos señalan como personas que se comportan de manera contraria a la ética a sus colegas, pero no aceptan en modo alguno caer ellos mismos en este tipo de comportamientos.

Si miramos la realidad escolar, podemos también constatar que los padres de familia hoy ya no son los grandes colaboradores de los maestros y de la escuela en la tarea de formar a los niños y adolescentes sino verdaderos rivales o enemigos que ven con recelo y desconfianza a los educadores de sus hijos.

Del mismo modo, los educadores y directores escolares ya no consideran a los padres y madres de familia como aliados en su misión sino como personas de las que hay que desconfiar, con las que hay que tener mucho cuidado para no meterse en problemas.

El otro se ha vuelto hoy una amenaza y un riesgo. Baste ver también las reacciones racistas y excluyentes de enormes cantidades de mexicanos frente a la caravana de migrantes que recorre hoy nuestro país.

Uno de los retos de la educación actual es resignificar el papel de los otros en nuestra propia construcción existencial y generar las condiciones –sin romanticismo, con una visión positiva pero realista- para la construcción de comunidades –nosotros libre y responsablemente elegidas- como la única posibilidad de salvar a la humanidad, realizándola.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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