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Opinión



Los Gobernadores y la Puebla del siglo XX

Jueves, Septiembre 13, 2018 - 14:45
 
 
   

Obra coordinada por el investigador inglés Andrew Paxman.

En fechas recientes la editorial Grijalbo publicó el libro Los Gobernadores, un estudio colectivo de diversos gobernadores mexicanos, analizados por académicos y reporteros de renombre.

El texto, interesante ya por la temática y los investigadores que en él contribuyen, es una lectura atrayente por el análisis que hace de la política en la provincia mexicana.

Resulta aún más interesante para nosotros los poblanos, porque hay un capítulo entero dedicado a nuestra entidad federativa.[1]

La sección de Puebla escrita por el historiador económico y catedrático del CIDE, Andrew Paxman  (Andrew Paxman: Biographer and Historian, 2018) y Ernesto Aroche, escritor, editor y director de Ladobe.com.mx así como reportero de animal político (Aroche Aguilar, s.f.) analizan al general Maximino Ávila Camacho y al Dr. Rafael Moreno Valle Rosas.[2]

Es una obra interesante que demuestra la flaquezas humanas y la capacidad que tenemos los seres humanos en el poder para pervertir el sistema para el beneficio personal, mostrando al mismo tiempo un sentido de humor que nos caracteriza a los mexicanos al burlarnos de los gobernantes por sus excesos.

Los beneficios económicos y sociales que acompañan a las gubernaturas mexicanas son cuantiosas: la admiración y adulación de los sicofantes no termina, el dinero entra a manos llenas a partir de los impuestos que pagan los ciudadanos, los contactos sociales con hombres de negocios exitosos abren las puertas a más negocios jugosos, hombres y mujeres que rodean a los ejecutivos estatales se desviven por estar en la órbita de estos personajes, esperando --como en la corte de Luis XIV-- que parte del brillo que refleja el gobernante en turno se refleje en Ellos.

Queda claro en Los Gobernadores que estos no ven su trabajo como un oficio desde el que pueden beneficiar a la población, sino más bien como una lotería cósmica, que les otorga la facultad de disfrutar de los beneficios que les otorga el poder.

Propongo que en esta ocasión analicemos el estudio que hace Paxman sobre el cacicazgo de Maximino Ávila Camacho.

El análisis que hace Paxman de Ávila Camacho es una “extensión natural” de la biografía que escribió sobre  William O. Jenkins y que tanto interés causó en nuestro estado. (Paxman, En busca del señor Jenkins: El gringo que a los mexicanos les encantaba odiar, 2016)

La hipótesis del sub capítulo de Paxman, es que no se puede explicar la influencia política de Ávila Camacho sin la Jenkins y viceversa.

Este binomio le daría forma política y económica a nuestra entidad durante la segunda mitad del siglo XX e influyó de manera definitiva en la historia de México,[3] a través de la influencia que ejerció el ahora extinto “Grupo Puebla,”[4] un grupo de políticos y plutócratas que se constituyeron en Puebla a partir de 1937 y continuaron ejerciendo influencia política sobre México hasta 1970 y económica hasta 1982.[5]

En el texto se advierte un Maximino Ávila Camacho pintoresco, inseguro, ambicioso y desagradable, todo descrito a partir de una prosa excelente.

Un ejemplo de lo desagradable “Tal vez sea exagerado el número de asesinatos de los que Maximino fue autor intelectual. Después de todo, un dictador eficaz no necesita matar a muchos” (Paxman, 2018, pág. 112). ¿Cómo debemos tomar este enunciado? El enunciado plantea una verdad histórica que explica que Ávila Camacho se perpetuó en el poder a partir del asesinato de diversos personajes poblanos, pero a la vez es deleznable el que se normalice el asesinato de cualquier persona para obtener pingües beneficios económicos.

Esta es otra de las aseveraciones de Andrew, aunque el siguiente enunciado sirve para explicar la campaña de Maximino, podríamos emplearla para describir el tenor de su administración y la ambición del mandatario: “El dinero era fundamental: para financiar eventos de campaña, comprar influencia, imprimir propaganda (incluso un diario) y movilizar el voto” (Paxman, 2018, pág. 104).

No sólo sería importante la acumulación del capital para Maximino; una generación de jóvenes poblanos o libaneses hicieron fortuna a la sombra de tales personajes, destacando apellidos como Abed, Hanán, O’Farrill, Alarcón y Espinosa Yglesias que desfilan por las páginas como ejemplo de fortunas económicas que se hicieron al amparo del poder (Paxman, 2018, págs. 119-20).

Las inseguridades de Maximino también son analizadas por Paxman, que no deja bien parado a Maximino desde la óptica psicológica del siglo XXI, ya que la ilusión del gobernador de ser igualado a los dictadores fascistas de la Europa de la Depresión (1929-39) y la Segunda Guerra Mundial (1939-45) nos parece ridícula: “El general fue perfilado extensamente por el director de la Revista Hoy, Regino Hernández Llergo… ‘como el hombre de gran parecido físico y moral a Mussolini [el dictador italiano].” Paxman señala que la maquinaria de publicidad gubernamental comenzó a favorecer a los hermanos Ávila Camacho partir de 1939, año en el que fue elegido Manuel, como candidato a la presidencia de México (Paxman, 2018, pág. 123), y estos resaltaron las virtudes del clan comparándolos con los “héroes” de la época.

A diferencia de los dictadores fascistas que construían grandes obras arquitectónicas en Europa y Sudamérica para afianzar la percepción de poder que tenían sus ciudadanos sobre Ellos, Maximino hizo obras insignificantes como la Plaza del Charro, descritas como “monumentalismo simbólico” y que consistió en “grandes gestos a bajo presupuesto,” que tenían como trasfondo “demostrar el machismo conspicuo del general” (Paxman, 2018, pág. 121).

La obra es muy recomendable para todas aquellas personas interesadas en la historia de México.

Twitter: @Fofi5

[1] “Puebla” de la página 99 a la 172.

[2] Mientras escribo este texto, aún es incierto que Martha Erika Alonso, esposa del Dr. Moreno Valle Rosas y su equipo continúen otro sexenio más en el poder, ante las acusaciones de los Diputados locales de Morena y el ascenso político de AMLO.

[3] Un ejemplo claro de esta influencia  es la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, la matanza de Tlatelolco y las consecuencias históricas que ha tenido en la construcción cultural e identitaria del México contemporáneo.

[4] Este nombre no aparece en el libro, pero lo empleo para distinguir a los poblanos del “Grupo Monterrey” que era el otro grupo de provincia que incidía económicamente en el México del siglo XX.

[5] En este caso nos referimos a que a la salida de Gustavo Díaz Ordaz  concluyó la influencia política del grupo y con la expropiación bancaria que sufrió Manuel Espinosa Yglesias a manos del Presidente José López Portillo, concluyó la influencia económica del grupo Puebla. 


Semblanza

Alfonso Gómez Rossi

Estudió la Licenciatura en Historia en la Universidad de Arizona Tucson donde formó parte de la sociedad de honor Gamma Beta Phi (2000). Concluyó su Master en Estudios de Norteamérica en la Universidad de las Américas Puebla (2010). Actualmente cursa el  Doctorado en Creación y Teorías de la Cultura.  Es Docente en el Instituto Universitario Boulanger desde el 2007 y trabajó en Tucson Newspapers Incorporated, parte del Grupo Pulitzer Incorporated en la década del 90. Ha publicado ensayos,  y un capítulo de libro que tratan sobre cuestiones de masculinidad, política y religión en la región de México y Estados Unidos en diversas revistas académicas del extranjero y ha participado en varios congresos donde se tratan temas relacionados con la construcción de género en la post modernidad.

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