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Opinión



Conectarse o morir. La brecha digital cultural

Jueves, Septiembre 13, 2018 - 22:24
 
 
   

Análisis del proyecto cultural del próximo gobierno. Alejandra Frausto y su perspectiva.

Agenda digital, es el cuarto sub apartado de El Poder en la Cultura, como sabemos, el único esbozo de proyecto cultural disponible a la fecha del próximo gobierno amloista. En dicho apartado Alejandra Frausto se zambulle de lleno en la posmodernidad, término este que la mayoría de los intelectuales aborrecen, pero que ha ganado su sitio en el discurso político de vanguardia, porque permite, al mismo tiempo, decir todo y nada.

Quizá por ello, el desglose del contenido programático de la Agenda está precedido por una perogrullada, que, sin duda, luce desfasado –outdated se diría en la web- a estas alturas del milenio nacional:

La conectividad es un derecho (Constitución mexicana, 2013).Y el internet un medio para crear, distribuir y consumir productos culturales. Para ejercer ese derecho hay que crear mecanismos que lo garanticen.

Después de su introducción, la summa Alejandrina plantea seis acciones:

1. Distribución: “Propiciar plataformas de distribución digital, contenido en redes y plataformas comerciales”; 2. Acceso: “Colaborar con el Fondo de Cobertura Social de Banda Ancha para que las comunidades gestionen sus empresas digitales”; 3. Fortalecimiento de los derechos de autor: “Reconocer licencias de atribución, interoperabilidad y apertura en el ámbito digital, tales como Creative Commons”; 4. Apropiación tecnológica: “La tecnología no solo es de consumo pasivo sino de producción creativa. Las personas deben sentirse dueñas de su tecnología y poder modificarla para sus necesidades”; 5. Una nueva cultura digital: “Insertar los cursos y talleres dedicados a la cultura digital en el programa de misiones culturales”, y 6. Cultura científica y arte: “Incentivar la investigación para generar nuevos contenidos que respondan a los paradigmas culturales del siglo XXI”.

Sin duda, hoy por hoy la meta mundial –individual y colectiva- es la conectividad digital permanente; por decirlo en sus particulares términos culturales: ser o estar en la punta tecnológica del planeta es una aspiración trending topic. Por ello se acepta, como una verdad bíblica, que quien no está en la web –en cualesquiera de sus, ahora, infinitas variantes- no existe y, acaso, ni es.

Ahora bien, estar en la web/red, como tantas otras formas de presencia pública, tiene sus códigos, sus lenguajes, sus públicos target, sus recompensas y, por ende, sus éxitos y sus fracasos. También tiene sus constantes estructurales y sus necesidades sistémicas.

Para alimentar el trending señalaré algunos de los elementos más evidentes de los componentes fundamentales de su esencia:

1°. La instantaneidad (de su aparición), 2°. La efimeridad (de su interés –el término, increíblemente, se acepta y reproduce en la web), 3°. La perpetuidad (de permanencia en su telaraña), 4° La masificación (de su presencia), 5° La infinitud (de su reproducción), y 6°. El empoderamiento (de su mensaje).

Todo esto, no hay duda, atrae y libera la hormona digital de nuestros gadgets. De ahí que la sentencia de Andy Warhol: “En el futuro, todo el mundo será famoso durante quince minutos”, se democratizó hasta la ignominia, estoy seguro, gracias a la World Wide Web.

Por su parte, lo destacable de las constantes estructurales y sus necesidades sistémicas de la era digital, son dos inalienables: si no tienes acceso al sistema informativo emisor (señal de Internet), y/o no posees algún aparato decodificador de la emisión (computador, Tablet o teléfono celular inteligente), no es posible ser, estar y transitar por las supercarreteras de la información global. Es decir: “sin Smartphone no hay paraíso”. Y esto, aunque les parezca increíble a los millennials, le sucede a ¡cuatro mil millones de personas en la actualidad mundial!; es decir, uno de cada dos humanos, no accede a las maravillas de la WWW.

Para México, las cifras y circunstancias, publicadas el 2017, de uso y aprovechamiento de la Internet son, a decir de INEGI: 1) Al segundo trimestre de 2016, el 59.5 por ciento de la población de seis años o más en México se declaró usuaria de Internet; 2) El 68.5 por ciento de los cibernautas mexicanos tienen menos de 35 años; 3)  El 47.0 por ciento de los hogares del país tiene conexión a Internet; 4)  El uso de Internet está asociado al nivel de estudios; entre más estudios mayor uso de la red; 5) Internet se utiliza principalmente como medio de comunicación, para la obtención de información en general y para el consumo de contenidos audiovisuales; 6) Los usuarios de teléfono celular representan el 73.6 por ciento de la población de seis años o más, y, 7) Tres de cada cuatro usuarios cuentan con un teléfono inteligente (Smartphone).

O sea, que México, en este rubro, está a la par de la media internacional, puesto que alrededor del 50% de su población no tiene acceso a Internet, no obstante, que, desde el 2013, tiene derecho constitucional a ello. Y ¿por qué es así? “Por múltiples razones”, a decir del claudicante gobierno mexicano actual. Oigámoslo y juzguemos, para, después, sopesar la posibilidad de avance en materia de cultura digital que propone el venidero gobierno morenista.

El programa del gobierno de Enrique Peña Nieto, para la ampliación de la cobertura de las señales digitales y acceso nacional a la WWW –“llevar la conectividad” le dicen-, se denomina “México Conecta”. A decir de sus ejecutores, a la fecha hay 101,322 sitios conectados; 63% de ellos con conectividad WiFi y el 33% sin conectividad (si alguien comprende este dato de un sitio “conectado sin conectividad”, le pido me explique). En su presupuesto para el 2018, señala:

En el caso de México Conectado que provee de conectividad a diferentes espacios públicos, se proyecta asignar 517 millones de pesos, es decir, 6.3% más presupuesto respecto al 2017. Por su parte, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018 asignaría recursos que ascienden a 51 millones de pesos para la Coordinación General @prendeMX a cargo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), (ya que) esta instancia tiene a su cargo el despliegue del programa @prende2.0, presentado en noviembre del 2016, el cual tiene como objetivo desarrollar habilidades digitales y pensamiento computacional a través de la capacitación de docentes, el desarrollo de una plataforma con contenidos y la instalación de aulas con conectividad.

Aun así y a pesar de las buenas tareas y mejores intenciones, el panorama de la brecha digital en el país es el siguiente:

El programa México Conectado ha hecho un esfuerzo loable para disponer de más de 100 mil sitios públicos en todo el país, con conexión y equipos disponibles para la población; sin embargo, sólo 18.5 por ciento de los internautas hacen uso de las redes públicas. En 2015, de acuerdo con datos del INEGI, solamente 1.3 por ciento de la población conectada usó las plataformas digitales para hacer gestiones con el gobierno.

Y ¿cuál de los grupos nacionales imagina usted que se encuentra en la orilla más lejana en la brecha digital? Primero, por obvias razones: los pobres; después, los viejos (“el 68.5% de los cibernautas mexicanos es menor de 35 años”), seguido de los analfabetas (4 millones 749 mil 057) y los alfabetizados disfuncionales (“En México, los habitantes de 15 años y más tienen 9.1 grados de escolaridad en promedio, lo que significa un poco más de la secundaria concluida”) y, finalmente, los que no tienen conexión de Internet en su casa o habitan en lugares inaccesibles a las redes digitales (48 millones).

Pues bien, dentro esta realidad, Alejandra Frausto pretende plantar, y fructificar, su Agenda digital cultural. Y, salvo la mejor opinión de usted como avezado cibernauta, el asunto se antoja, por decir lo menos, titánico, ya que los desafíos para propiciar el acceso a Internet a este titipuchal de millones de mexicanos que no lo tienen, luce megatónico.

Claro siempre se puede aceptar la realidad y concentrar los esfuerzos del nuevo gobierno en los 72 millones de compatriotas que, según las sospechosas afirmaciones del INEGI, ya están conectados y con ellos, y en ellos, desarrollar la Agenda. Después de todo, Alejandra no aseguró que todos los mexicanos acortarían la brecha digital en el sexenio que viene, sino que se utilizaría lo existente y aquello que se logre implementar, para: propiciar plataformas de distribución digital; colaborar para que las comunidades gestiones sus empresas digitales; replicar modelos de éxito gestor de comercialización, difusión y creación cultural (como la compañía californiana Creative Commons); agregar los cursos de cultura digital al proyecto de misiones culturales; y, sobre todo, sacudir, desde sus cimientos, los paradigmas culturales del siglo XXI. ¡Ufff! #GoodLuckAlejandra.


Semblanza

Patricio Eufracio Solano

Es Licenciado en Lenguas y literaturas hispánicas por la UNAM. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) por la UNAM. Y Doctor en Historia por la BUAP.

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