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Opinión



La cultura en los tiempos de AMLO (II)

Jueves, Agosto 9, 2018 - 17:05
 
 
   

Necesario un concepto de cultura. Y luego pulir pretensiones.

Andrés Manuel López Obrador, cada vez que tuvo oportunidad, mencionó como uno de sus orgullos que había recorrido todos los municipios del país. El resultado apabullante de la elección presidencial de hace un mes, avala la aseveración: todos los mexicanos lo conocían y treinta millones de ellos tuvieron fe en él (o al menos, en alguno de los aspectos de su Proyecto de Nación). Es decir, si alguien conoce el ser y quehacer social, económico y cultural de México, hoy por hoy, ese es el presidente electo; pero…

Seguí al detalle la campaña política, consulté cotidianamente al menos dos diarios nacionales y uno extranjero, vi los tres debates y no recuerdo alguna mención contundente sobre el rumbo que tomaría la Cultura durante su mandato. Quizá fue que no puse la debida atención y entre los millones de veces que habló sobre la corrupción, la impunidad, las transas, los moches, los abusos y demás características de la mafia del poder (todas ellas más que verosímiles, si no es que francamente ciertas), López Obrador explicó con precisión lo que haría con la Cultura; pero, como dije, no lo recuerdo.

De ahí mi sorpresa cuando, sin plan conocido, anunció el asentamiento de su Secretaría de Cultura en Tlaxcala. Sorpresa que se trocó en acertijo cuando Alejandra Fraustro hizo público el documento El poder de la Cultura, porque lo dicho en él no parece encajar del todo, no solo con la realidad cultural del país, ni siquiera con la del estado en el cual terminará asentada la Secretaría Federal del Ramo. Claro que podría refutárseme que es tan solo un pronunciamiento general del qué y aún falta el cómo (y el cuánto y de dónde, etcétera), pero así, a botepronto, falta más y mejor en dicho poder cultural regenerador programado. Carece, sobre todo, de la puntual definición sobre lo que deberá entenderse durante este sexenio como: Cultura; cuáles sus perímetros y temporalidades.

Como escenario para analizar lo anteriormente dicho, abordaré en esta entrega la realidad cultural tlaxcalteca, para, en la siguiente, compararla in extenso con el plan de López Obrador y Fraustro.

 En el diagnóstico sobre Cultura y Deporte del Plan Estatal de Desarrollo de Tlaxcala, su gobernador, Marco Antonio Mena Rodríguez, describe en estas 15 dramáticas líneas, la actualidad cultural de su estado:

“De acuerdo con la Secretaria de Cultura Federal, Tlaxcala cuenta (en el 2016) con cinco zonas arqueológicas abiertas al público (Tizatlán, Tecoaque–Sultepec-, Cacaxtla, Xochitécatl y Ocotelulco),16 museos, 136 bibliotecas públicas, tres teatros y 13 centros culturales, entre otros espacios, en los cuales se desarrolla una actividad cultural permanente.  Para que la cultura llegue a más tlaxcaltecas es necesario implementar programas culturales de amplio alcance. Sin embargo, las actividades culturales aún no han logrado madurar suficientemente para que sean autosustentables. Existen centros históricos en diversas localidades del estado que no cuentan con los recursos necesarios para ser rehabilitados y así poder explotar su potencial como catalizadores del desarrollo. Dado que la difusión cultural hace un uso limitado de las tecnologías de la información y la comunicación, la gran variedad de actividades culturales que se realizan en la entidad, lo mismo expresiones artísticas contemporáneas que manifestaciones de las culturas indígenas y urbanas, es apreciada por un número reducido de ciudadanos”.

A tan apabullante realidad, el gobernador Mena Rodríguez tan solo le dedica dos ejes de su estrategia: Impulsar las expresiones artísticas en la comunidad educativa tlaxcalteca y Aprovechar al máximo los espacios culturales del estado y fomentar el uso de la tecnología para potenciar su difusión. Lo demás –perspectiva y prospectiva cultural, difusión y diversificación, artistas y artesanos, públicos nuevos y cautivos, etcétera, etcétera-, se sobrentiende, deberán aguardar mejores tiempos para abordarse.

Y no sé a usted, pero a mí, tanto el diagnóstico como las soluciones a la problemática cultural de Tlaxcala, me dejan un regusto de neblina e imprecisión, cuando no una certeza absoluta sobre la franca ignorancia de los funcionarios mexicanos sobre los fundamentos y consistencias de lo cultural.

Lo evidente es que para el gobernador Mena Rodríguez (y muchos otros, si no es que todos los gobernadores de México y la propia Alejandra Fraustro en su texto rector), la Cultura, lo cultural: es lo ancestral; preferentemente, lo prehispánico y fundamentalmente, lo tangible: las piedras, pues. Por ello el gobernador comienza señalando las zonas arqueológicas presentes en su territorio. Y, por supuesto, que nadie duda de la importancia cultural de lo prehispánico, más en una entidad como Tlaxcala, pero ¿qué y cuánto de lo cultural indígena original que existió en la prehispanía como cotidianeidad –o sea lo cultural de ese tiempo, gente y espacio-, necesita o debe rescatarse actualmente? Los sitios arqueológicos, sin duda, pero qué otras cosas: su forma de vida, su economía, su cosmogonía, su visión del mundo, su interpretación de lo real y lo divino, su estructura social, el rol de los hombres y mujeres en lo cotidiano; y cuál sería el propósito final del rescate de ello: la preservación, la reinstalación de esa ideología, la pervivencia de su modus operandi social y humano… Nadie lo sabe.

Y aquí surge la primera encrucijada en el entender lo cultural; o para decirle de otro modo en este caso, en confundir lo cultural con lo ancestral. Si la posición de usted es que debe rescatarse todo como parte de una herencia cognitiva de lo que hemos sido, al menos en una parte de nuestra historia, estamos totalmente de acuerdo: hay que preservar lo que fuimos para entender lo que somos. Pero, si, por el contrario, usted opina que debe rescatarse para volver a implantarlo como modo de vida, el acuerdo ya no es, ni remotamente mayoritario, sobre todo, entre aquellos que no tienen más remedio que vivirlo como única opción. Y no necesitamos remontarnos a la época prehispánica para entender esto, baste con preguntar a nuestros hijos si les parecería adecuado que, en aras de la importancia que históricamente tuvo la paz Porfiriana, esta debe implantarse nuevamente.

Entonces, una primera consideración en este asunto de lo cultural, es definir, por parte de la autoridad entrante, qué vamos a entender por Cultura durante la administración lopezobradorista. Y, creo, que esta precisión conceptual debe ser más ingente que lo explicado por Fraustro en su programa, donde afirma: “México es reconocido en el mundo por su riqueza cultural. Esta diversidad tiene base en las culturas indígenas y proviene de cada rincón del país”. Pues no… únicamente, ya que, esta aseveración podría tener un grado de certeza respecto de la Tlaxcala prehispánica, pero no así para la Tlaxcala ganadera de reses bravas, que no tienen nada de indígena y es, hoy por hoy, un importantísimo componente de su cultura, a despecho de que usted esté a favor o en contra de la tauromaquia. Y yendo más lejos, qué decir sobre los estados mexicanos norteños, donde lo indígena es incidental o meramente anecdótico; o en los antiguos territorios chichimecas, dónde la historia comienza a ser tal con el virreinato y no en la prehispanía.

De ahí que el primer y urgente punto a dilucidar, reitero, es: ¿cuál será la conceptualización de lo cultural en los tiempos de AMLO? Y esto que parece baladí, no lo es tanto, ya que de acuerdo a esa definición es como se comprenderán y asignarán los esfuerzos humanos y presupuestales en lo tocante a lo cultural… los próximos seis años. Y ya me parece escuchar los gritos de ambos lados de la tribuna cultural, cuando los pocos o muchos dineros, se destinen, única o mayoritariamente, a lo prehispánico, en vez de a lo contemporáneo; al teponaztli en vez de al corno francés.

Por ultimo en esta entrega, abordaré brevemente el asunto de lo insustancial del discurso vacuo de las propuestas para abordar la problemática cultural; inusitadamente similar, el del gobernador Mena y el de la cuasi secretaria Fraustro.

La primera cosa que uno espera de sus gobernantes es: soluciones; lo más benéficas posibles; lo menos dolorosas y lo más duraderas. Y como adultos que somos, esperamos, también, respeto y consideración a nuestra inteligencia y ánimo patrio. Por ello, las propuestas universales y genéricas que nada dicen, nos enervan. Para el caso de la problemática cultural de Tlaxcala (ya que es ejemplo que estamos siguiendo por la fortuna que será la sede de la secretaría del ramo), destaca el nebuloso sentido de lo expresado por el gobernador en la propuesta: Impulsar las expresiones artísticas en la comunidad educativa tlaxcalteca. Es decir que se procurará que todos los educandos y estudiantes tlaxcaltecas “saquen” al artista que llevan dentro y lo expresen sin cortapisas ni límites. Y ¿por qué solo la comunidad educativa, y no la artesanal, y la de la tercera edad, o los punk y los minusválidos?

Alejandra Fraustro, por su parte, no es mejor al expresar sus soluciones: “Promoveremos el intercambio cultural entre las regiones. Acercaremos los bienes culturales a todos los municipios del país, con énfasis en las comunidades más alejadas”; ¿cuáles bienes, a cuáles municipios?, ¿hasta dónde en la geografía nacional se considera “más alejado”?, ¿cuál cultura llevarán e intercambiarán con cuál otra? ¡Uff!

¿No le parece que ante este panorama, El poder de la Cultura se nota exangüe y que treinta millones de votantes se merecen algo más?


Semblanza

Patricio Eufracio Solano

Es Licenciado en Lenguas y literaturas hispánicas por la UNAM. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) por la UNAM. Y Doctor en Historia por la BUAP.

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