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Opinión



La modernidad

Lunes, Julio 16, 2018 - 23:20
 
 
   

¿Qué se entiende por tal? Término equívoco y rico al mismo tiempo. Crítica del mundo.

El tema que me propongo explorar –poesía y modernidad- está formado por dos elementos cuya relación no es enteramente clara. La poesía de este fin de siglo es, al mismo tiempo, la heredera de los movimientos de la modernidad, del romanticismo a las vanguardias, y su negación. Tampoco es claro lo que se entiende por «moderno». la primera dificultad a que nos enfrentamos es al carácter elusivo y cambiante de la palabra: lo moderno es por naturaleza transitorio y lo contemporáneo es una cualidad que se desvanece apenas la nombramos. Hay tantas modernidades y antigüedades como épocas y sociedades: un azteca era moderno ante un olmeca y Alejandro frente a Amenofis IV. La poesía «moderna» de Darío era una antigualla para los ultraístas y el futurismo hoy nos parece, más que una estética, una reliquia. La Edad Moderna no tardará en ser la Antigüedad de mañana. Pero, por ahora, tenemos que resignarnos y aceptar que vivimos en la Edad Moderna a sabiendas de que se trata de una designación equívoca y provisional.

¿Qué queremos decir con esta palabra: modernidad? ¿Cuándo comenzó? Algunos piensan que se inició con el Renacimiento, la Reforma y el Descubrimiento de América; otros suponen que comenzó con el nacimiento de los Estados nacionales, la institución de la banca, el nacimiento del capitalismo mercantil y la aparición de la burguesía; unos pocos subrayan que lo decisivo fue la revolución científica y filosófica del siglo XVII, sin la cual no tendríamos ni técnica ni industria. Todas estas opiniones son admisibles. Aisladas son insuficientes; unidas, ofrecen una explicación coherente. Por esto, tal vez, la mayoría se inclina por el siglo XVIII: no sólo es el heredero de estos cambios e innovaciones sino que en ese siglo se advierten ya muchos de los rasgos que sería los nuestros. ¿Esa época fue una prefiguración de la que hoy vivimos? Sí y no. Más exacto sería decir que la nuestra ha sido la desfiguración de las ideas y proyectos de ese gran siglo.

La modernidad comienza como una crítica de la religión, la filosofía, la moral, el derecho, la historia, la economía y la política. La crítica es su rasgo distintivo, su señal de nacimiento. Todo lo que ha sido la Edad Moderna ha sido obra de la crítica, entendida ésta como un método de investigación, creación y acción. Los conceptos e ideas cardinales de la Edad Moderna –progreso, evolución, revolución, libertad, democracia, ciencia, técnica- nacieron de la crítica. En el siglo XVIII la razón hizo la crítica del mundo y de sí misma; así transformó de raíz al antiguo racionalismo y a sus geometrías intemporales. Crítica de sí misma: la razón renunció a la construcciones grandiosas que la identificaban con el Ser, el Bien y la Verdad: dejó de ser la Casa de la Idea y se convirtió en un camino: fue un método de exploración. Crítica de la Metafísica y sus verdades impermeables al cambio: Hume y Kant. Crítica del mundo, del presente y el pasado; crítica de las certidumbres y valores tradicionales; crítica de las instituciones y las creencias, el Trono y el Altar; crítica de las costumbres, reflexión sobre las pasiones, la sensibilidad y la sexualidad: Rousseau, Diderot, Laclos, Sade; crítica histórica de Gibbon y Montesquieu; descubrimiento del otro: el chino, el persa, e indio americano; cambios de perspectiva en la astronomía, la geografía, la física, a biología… Al final, la crítica encarna en la historia: la Revolución de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa y el movimiento de independencia de los dominios americanos de España y Portugal. Por razones que he expuesto en otros escritos, la revolución de Independencia en la América española y portuguesa fracasó en lo político y en lo social. Nuestra modernidad es incompleta o, más bien, es un híbrido histórico.

 

[Fragmento inicial de “Poesía y modernidad” en Octavio Paz (2003): La casa de la presencia. Poesía e historia, Obras completas, T. 1, edición del autor, Círculo de lectores / Fondo de Cultura Económica, México, pp. 501-502].


Semblanza

Octavio Paz

Poeta y ensayista. Premio Nobel de Literatura en 1990. Premio Cervantes en 1981. Nació el 31 de marzo de 1914 en la ciudad de México y murió el 19 de abril de 1998 en esa misma ciudad. Su obra es vasta y multiforme que ha merecido la atención de los estudiosos en el ámbito nacional e internacional. Lo tomamos en algunos de sus fragmentos a manera de homenaje a este pensador de nuestro tiempo.

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