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Opinión



Lecciones de la elección 2: desaprender

Lunes, Julio 9, 2018 - 08:48
 
 
   

La violencia y el asesinato de candidatos y militantes, en primer lugar; robo de urnas también.

“Que el diccionario detenga las balas”

Joaquín Sabina.

 

La semana pasada dediqué este espacio que me brinda E-Consulta para plantear algunas de las lecciones que desde mi punto de vista nos deja la elección que vivimos como país el domingo 1 de julio pasado. El artículo puede consultarse en esta liga: ver artículo aquí.

El punto de partida de esa reflexión era la relación dialógica entre el proceso de desmoralización que estamos viviendo como sociedad y la carencia de una formación ciudadana sólida y pertinente que se manifiesta en múltiples comportamientos que refuerzan la profunda fractura del tejido social.

Las primeras lecciones que necesitamos aprender para romper el círculo vicioso entre desmoralización social y comportamientos ciudadanos destructivos del tejido social según planteaba en ese primer artículo tienen que ver con la alta participación que se reflejó en un muy elevado porcentaje de votos emitidos; la responsabilidad y compromiso de miles de ciudadanos que participaron como funcionarios de casilla, representantes de partidos y observadores electorales; la solidez y eficiencia que demostraron las instituciones electorales del Estado mexicano; el amplio margen de diferencia entre las distintas opciones electorales que refleja un claro mandato de la ciudadanía hacia la búsqueda de un cambio para el país; el comportamiento democrático de los candidatos perdedores al reconocer inmediatamente su derrota y aportar certidumbre; el discurso conciliador y respetuoso del candidato ganador llamando a la colaboración de todos los sectores sociales y asumiendo que gobernará para todos los mexicanos y la clara convicción de que la democracia no se circunscribe al día de la votación sino que implica un compromiso permanente de todos los ciudadanos.

Estas son lecciones de ciudadanía que si son explícitamente resaltadas y puestas en diálogo con los niños y adolescentes pueden ayudar a la formación de una nueva ciudadanía que consolide la aún frágil democracia mexicana.

Una lección adicional y no menos importante es la del entusiasmo, la alegría y la esperanza de un gran número de compatriotas que se volcaron a celebrar el triunfo del candidato López Obrador en las calles de muchas ciudades del país. Esta inyección de ánimo puede ser un factor positivo que ayude a reconstruir la moral colectiva y a abatir la desmoralización en que hoy vivimos.

Sin embargo, es importante también señalar las lecciones negativas de este proceso electoral que vivimos recientemente y que aún no concluye. Resaltar también con nuestros hijos y nuestros estudiantes las partes obscuras que tuvo esta elección para dejar claro lo que tenemos que desaprender de nuestro sistema político si queremos aspirar a desarrollar una auténtica cultura democrática.

En primer lugar resulta indispensable señalar como una lección negativa de este proceso el enorme e inaceptable número de personas relacionadas con los partidos políticos y la elección en general, incluyendo candidatos a puestos de elección popular que fueron asesinados en estos meses de precampañas y campañas.

Según el portal Animal político, 101 políticos fueron asesinados durante el proceso electoral reciente. Este número asciende a 132 según el diario Excélsior. Resulta muy preocupante que en estas elecciones hayan sido privados de la vida políticos y candidatos de todos los partidos en un número escandalosamente alto. Es terrible tener que aceptar el papel que jugaron las armas sobre los votos en muchos lugares del territorio nacional y el peso específico que tuvieron los grupos de la delincuencia organizada que pareció imponer su agenda por encima de la de la ciudadanía en un alto número de localidades.

La violencia no solamente se vivió antes del día de la elección. Desafortunadamente y para vergüenza de todos los poblanos, nuestro estado fue el contraejemplo en este proceso electoral que se vivió de manera ejemplar en prácticamente la totalidad del  país con la triste excepción del estado de Puebla.

Durante el día de la elección hubo en varios lugares, incluyendo de manera significativa muchas casillas de la ciudad capital, incidentes de acoso y presión a votantes y representantes de partidos, robo y destrucción de urnas en algunas casillas e incluso balaceras y detenciones arbitrarias.

Esta violencia continuó un día después de la jornada de votaciones cuando integrantes de MORENA ingresaron violentamente a un salón de un hotel en la ciudad de Puebla y causaron múltiples destrozos, alegando que se trataba de un sitio en el que se estaban realizando actividades ilícitas para consumar un fraude electoral a favor de la candidata del PAN, cosa que fue después desmentida por una investigación de la FEPADE.

Si queremos contribuir a la formación ciudadana de nuestros niños y jóvenes resulta indispensable analizar también todos estos comportamientos negativos que atentan contra la consolidación de nuestra naciente democracia.

Las presiones a los votantes, los intentos de compra de votos, la coacción de los gobiernos para que sus empleados voten por el partido en el poder y las acciones violentas para amedrentar a los ciudadanos que ejercen su voto e incluso el robo de urnas que era una práctica del pasado que creíamos haber superado como país resultan inaceptables en un contexto democrático y deben ser investigadas y sancionadas, además de ser también rechazadas de manera tajante por la sociedad.

Todavía más inaceptable resulta la violencia criminal que asesina a políticos de cualquier signo o partido para imponer intereses de determinadas facciones, grupos o cárteles delincuenciales.

Como escribí la semana pasada, la ciudadanía se aprende no solamente en la escuela o en los libros de texto sino de manera muy poderosa y significativa en el ámbito de la vida social cotidiana. Esta jornada electoral puede ser una fuente muy rica de aprendizajes para la formación ciudadana de las nuevas generaciones si aprovechamos lo sucedido para generar un diálogo objetivo, bien informado, respetuoso y auténticamente crítico con nuestros hijos y con nuestros estudiantes.

Estas lecciones provienen de todo lo positivo que tenemos que aprender del proceso electoral de este año pero también de todo lo negativo que tenemos que desaprender si queremos lograr una sociedad verdaderamente democrática.

La principal lección sobre lo que hay que desaprender, desde mi punto de vista, es el imperativo democrático contra la violencia y a favor de la resolución pacífica, legal a institucional de las controversias.

Si aspiramos a ser un país democrático tenemos que lograr que el diccionario y la ley, detengan las balas.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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