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Opinión



El tercer debate

Miércoles, Junio 13, 2018 - 08:17
 
 
   

Preparación de Meade. Actuación de Anaya. Menos chistes del Bronco. Magia de AMLO.

Sobre el debate de los presidenciales, que sean las encuestas  las que digan quién ganó.

Finalmente, es sabido que los debates modifican si acaso 2 puntos para los contendientes.

Ya sabemos que los partidarios de cada uno proclaman al suyo como ganador. Ese es un ejercicio más de propaganda, parte de los rituales de todo post debate.

Digamos mejor cómo los vimos. Anoche, un amigo me mandó el siguiente mensaje:

“Meade tiene las cifras. Anaya tiene las ganas. El “Bronco” tiene los chistes. El “Peje” tiene la magia.”

Juicio lacónico, ingenioso, pero no carente de razón.

Ya hemos dicho que debatir es como una pelea de box. Quien no se prepara puede perder. O pierde. Los estudiosos de este tema así lo dicen, con base en la experiencia.

Volvimos a ver a “los chicos de los dieces”. Meade y Anaya son elementos que utilizan muy bien la televisión. Más el segundo.

Los debates son ante todo ejercicios emocionales. Es un acto de televisión, más cercano a la telenovela que al teatro. Desde luego no es un parlamento, tampoco una sala de conferencias ni una  aula universitaria.

Es una ventana para conquistar al público proyectando una buena imagen, que impacte,  que afiance a los convencidos,  sume a quienes dudan y seduzca a quienes no conocen al aspirante.

Y para ese fin esa herramienta televisiva cumple su función.

Meade muestra el perfil que bien ganado tiene, un tecnócrata eficiente y dedicado. Anaya le agrega la frescura del joven, la agilidad mental, lo bien estructurado que es para este tipo de ejercicios. Y luce perfectamente.

Andrés Manuel es un caso especial. No se prepara para esta clase de escenarios, no tiene una soltura oratoria, no proyecta una personalidad arrolladora pero, como se dice líneas arriba, “tiene la magia”.

Y eso, la magia, tiene diversos componentes. El largo camino de estar cercano a la gente consigue que un dirigente se mimetice. Que consiga una cercanía que alimenta empatía, desde el lenguaje verbal hasta el corporal. Y ahí germina confianza. No de otra manera se explica que, bombardeado por el gobierno, sus adversarios y buena parte de los medios, se mantiene inamovible en su amplia ventaja.

Meade y Anaya, de entrada, llegan tarde frente a la ventaja en años de AMLO. Meade, con imagen e ideas más cerca del PAN que del PRI, entra huérfano  de identidad política. Es forzado por las circunstancias a vestir la casaca tricolor, pero a la fecha, no termina de ser perfectamente asimilado.

Para colmo, le pesan yerros que levantan ámpula entre amplios sectores priistas, como su foto visitando y pidiéndole consejo nada menos que a Vicente Fox. O su pública cercanía con el corrupto líder petrolero Romero Deschamps.

Anaya se sube al carro de la anticorrupción, pero es una bandera ya  añeja en manos de Andrés Manuel que, obviamente, no consigue arrebatarle el bisoño candidato. Quien es primero en tiempo, es primero en derecho, dicen los abogados. Y ese lábaro del tabasqueño casi tiene registro de propiedad.

Para colmo, justamente corrupción es un señalamiento duro que trae por la calle de la amargura a don Ricardo.

Meade casi todo lo que toca lo  consigue exponer con precisión de relojero suizo. Es preciso y solvente. Con frecuencia parece estar grabando un comercial.  Pero no transmite emociones. Se podría decir que no anima ni para ver un partido del mundial de futbol. Y eso,  pesa mucho para un aspirante a liderar.

Más la marca de la casa. Esa etiqueta la porta con gallardía sin jamás renunciar a ella. Y eso, fatalmente es un  ancla que lo hunde. Y allá sigue, en un lejano tercer sitio en las encuestas.

Sus méritos individuales se tienen que subordinar a cargar una losa pesada que no es suya. A  defender lo indefendible. En el debate, su figura no se puede disociar con el telón de fondo donde está la figura presidencial con una bajísima aprobación, más la violencia y corrupción como grandes emblemas del sexenio que termina. Y en este sexenio y en los dos anteriores, Meade fue parte del elenco.

Anaya tiene madera de gran polemista, es habilidoso y actor notable. Pero ninguna de estas tres cualidades le deriva confianza. La prueba es que no avanza en las encuestas como él quisiera. Esta vez desechó la sonrisa histriónica y sardónica que le recomendaron y que parecía no desprenderse de ella ni para participar la muerte de un ser querido.

Ahora estuvo más serio. Y, según he escuchado, despierta muchas cosas, pero no confianza. Este es un platillo que requiere otros condimentos.

AMLO  no es para este tipo de escenarios. Él es encantador de serpientes en medio de las multitudes. Ahí no le compite ninguno de los tres . Ahí ha fincado el peso de sus  abultadas cifras en las encuestas.

Pero un líder moderno no puede ir por la vida prescindiendo de la dedicación, el estudio y el trabajo para conquistar la televisión. Los medios son demasiado importantes para ser desdeñados.

 Estamos en la era de la comunicación.  Y llega un momento en que los empleas con profesionalismo o te devoran. La conquista del poder exige un inteligente uso de los medios.

Y para ello la fórmula es una: trabajo, trabajo y más trabajo.

 Ahí no caben  los milagros, la improvisación o la fantasía. ES la era de los medios, no hay vuelta de hoja.

Deliberadamente dejamos atrás al “Bronco”.  Menos chistoso que otras veces, exuda una personalidad con tufo a dictadura, a fascismo. Como que transmite más temor que respeto. Desde luego, esta noche estuvo un poco más cuerdo que las anteriores. Naturalmente, practicó con insistencia el deporte para el que fue contratado por Los Pinos, descalificar a López Obrador.

Entre los moderadores destacó Carlos Puig. Talentoso, incisivo y prudente. No lo sedujo el protagonismo del joven Krauze del debate anterior.

Estas son algunas pinceladas de lo que vimos anoche. Pero desde luego, el juicio de usted es el mejor.

xgt49@yahoo.com.mx


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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