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Opinión



Dos perspectivas, dos horizontes

Domingo, Mayo 13, 2018 - 22:31
 
 
   

La diferencia de talantes. La disputa por Puebla capital. La presidencial. Ernst Cassirer: los mitos

Eduardo Rivera Pérez y Martha Erika Alonso son los candidatos de un mismo partido que encabeza una coalición, ambos con grandes probabilidades de ganar el cargo de elección popular que disputan: uno la presidencia municipal, la otra la gubernatura. Pero hay diferencias cualitativas; uno quiere y busca el debate, seguramente para mostrar quién es quien y la altura de sus ideas; la otra lo rehúye (al debate) y se hace seguir de sus comparsas candidatos (Chaín, Romero,…), no arriesga, no expone, no muestra su talante.

 

Eduardo Rivera Pérez y Claudia Rivera Vivanco son candidatos de distinto partido y de distintas coaliciones, ambos disputan la presidencia municipal de Puebla capital y ambos, según algunas encuestas, están en empate técnico, aunque otras le dan ventaja de buenos puntos al primero. Uno y otra tienen preparación profesional: cuentan con maestría, uno por la Universidad Complutense y la otra por el Colegio de Puebla. Sin embargo hay diferencias cualitativas: uno ha sido secretario general y luego presidente de su partido a nivel estatal, diputado federal, diputado local y hace unos años presidente municipal; incluso enfrentó al poderoso exgobernador sin romper lanzas, con cautela y discreción y supo meter el pie para que la puerta no se le cerrara. La otra sólo ha sido secretaria de una cartera del comité estatal del MORENA (la de diversidad sexual) y activista dentro de su propio movimiento. Si hablamos de carrera y experiencia política, ahí están los dos historiales.

 

Ricardo Anaya Cortés y Andrés Manuel López Obrador son candidatos a la presidencia de la república, ambos con posibilidades de ganar, si bien la mayoría de las encuestas coloca al segundo con amplia ventaja, la de GEA-ISA de esta semana que concluyó le da tan sólo cinco puntos de ventaja al segundo sobre el primero. Uno es doctor en Ciencias Políticas y Sociales, el otro licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Uno participó en el gobierno de Querétaro en la administración de Garrido Patrón, fue diputado local y federal y luego dirigente nacional de su partido; el otro fue dirigente nacional del PRD, jefe de gobierno de la ahora Ciudad de México, dos veces candidato presidencial (perdedor en ambas), fundador y dirigente de su actual partido, el MORENA.

 

Anaya Cortés y López Obrador se ahorraron un proceso interno democrático, uno por acuerdos interpartidarios, el otro por el único acuerdo de él consigo mismo. Empero, hay diferencias cualitativas: Uno plantea una fiscalía autónoma para resolver el problema de la corrupción y otro su propio ejemplo para erradicar ese cáncer. Uno plantea la profesionalización de la policía y aplicar la inteligencia del estado para abatir la delincuencia organizada y del fuero común, el otro propone una amnistía y reconciliación para la pacificación de todo el país. Uno se hace acompañar en su equipo cercano de Santiago Creel y Jorge Castañeda, el otro de Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard.

 

Como se ve, a final de cuentas, contamos siempre con dos opciones, y eso hace que pensemos con cabeza fría, con ánimo sereno, sin el fervor religioso (que sólo es para Dios) y mucho menos sin el hígado inflamado. Los que son miembros de partidos políticos, como tales, no les queda de otra que apoyar a sus candidatos, los podemos –y debemos- tolerar. Pero nada más. Nosotros, que no somos militantes de ningún partido, podemos juzgar con mejor óptica. Incluso, son los candidatos los que deben convencernos de que les brindemos nuestro voto.

 

Lo que es verdad es que con estas elecciones, tanto a nivel federal como a nivel local, vamos a definir buena parte de nuestro futuro, el futuro inmediato y, quizá, el de largo plazo.

 

En su libro El mito del estado, Ernst Cassirer escribe que los nuevos mitos políticos surgen cuando la necesidad de la gente es tal que sólo espera a la “persona indicada” para salir de ella. Pero que no se trata sino de nuevos mitos, es decir, mecanismos que más que la inteligencia y la razón suscitan las emociones y las pasiones. Lo primero que hacen los artífices de estos mitos es modificar el lenguaje y luego le dan a éste una carga emotiva que produce actitudes de confrontación.

 

«Este cambio de significado depende de que aquellas palabras que antes se usaban en un sentido descriptivo, lógico o semántico, se emplean ahora como palabras mágicas, destinadas a producir ciertos efectos y a estimular determinadas emociones. Nuestras palabras comunes están cargadas de significados; pero estas palabras de último cuño están cargadas de sentimientos y pasiones violentas.» (Cassirer, 1992, FCE: 355).

 

Por tanto, hay que reparar en las palabras, los gestos y, quizá más, la carga emotiva de las mismas en el discurso de los principales candidatos, los dos candidatos con posibilidades de ganar, mirar con atención también sus rituales, que son los movimientos físicos, sus gestos, sus actitudes. Ello nos mantendrá, sin duda, siendo lógicos y menos pasionales. En decisiones relevantes es lo menos que podemos hacer.

@Fidens17


Semblanza

Fidencio Aguilar Víquez

Doctor en filosofía, escritor y profesor universitario. Ha escrito, entre otras obras, Orígenes del liberalismo (1992), La comprensión de nuestro tiempo (1998), El hombre y su destino (1999), Mística y política (2000) y La modernidad limitada (2008), así como diversos artículos especializados en varias revistas nacionales y del extranjero, y de opinión editorial, principalmente en este portal electrónico, e-consulta. Ha trabajado la filosofía política de John Locke, la filosofía de la historia de san Agustín y el pensamiento moderno a la luz de la filosofía de Michele Federico Sciacca. Ha realizado también estudios doctorales de literatura hispanoamericana y lleva a cabo una investigación sobre las imágenes antropológicas en la poética de Octavio Paz.

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