Jueves, 19 de Julio de 2018     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



Un reencuentro con Carlos Marcovich

Jueves, Abril 12, 2018 - 19:28
 
 
   

El Hotel, una historia que evoca los sentires de una época así como los mundos que concita.

Motivado acaso por sus experiencias más profundas y entrañables, el poeta de Jerez, Ramón López Velarde habría dicho: “es mejor no volver  nunca”; o en la voz de “el zorzal criollo”, “el morocho del abasto” Carlos Gardel, Ernesto Lepera de manera equivalente habría expresado la peculiar sensación de volver una vez que “las nieves del tiempo han plateado nuestra sien”; el recuentro de Carlos Marcovich tras muchos años, se erigió, no obstante en uno de los momentos vivenciales más gratos de los que se pueda tener memoria, investido de una peculiar alegría muy alejada por lo demás a la triste sensación de tener “la frente marchita”.

La exhibición de “El Hotel”, la cinta de Carlos de más reciente realización, habría concitado la asistencia de antiguos compañeros de la escuela secundaria con un amigo y compatriota nacido en los extremos australes del continente y que, en los días que corren, ha sido erigido como uno de los más importantes baluartes vivos de la industria cinematográfica mexicana.

Por la geografía en la que se desarrolla la trama: la península de Yucatán; por la existencia en ésta tanto de un agente policial, como de un personaje dotado de una indubitable idiosincrasia maya que recuerda en su aspecto a Armando Manzanero y de otro originario de Argentina; por el nudo central previo al desenlace consistente en la muerte fingida de uno de los personajes claves del entramado narrativo, así como, finalmente, por el mensaje de esperanza en la rebelión de los conglomerado humanos, “El Hotel” me recordó de inmediato el formidable reportaje novelado de Miguel Bonasso “EL HOMBRE QUE SABÍA MORIR”.

Apreciación meramente subjetiva de mi parte, o quizá acaso mera coincidencia si se quiere, pero el hecho de que Carlos recordase en la ocasión, que su padre había sido titular de una columna periodística sobre tópicos arquitectónicos, en el periódico “La Opinión” de Buenos Aires bajo la dirección editorial de Jacobo Timerman, me hizo pensar de inmediato en la trama de Bonnase tejida en torno a los intríngulis del celebre caso conocido por la prensa rioplatense como “PAPAL PRENSA” y cuya conexión mexicana atraviesa por la muerte, fingida según la trama ficticia que se plasma en “EL HOMBRE QUE SABÍA MORIR”, del prominente financiera judío argentino David Graiver.

El Banquero de “El Mossad” en las américa, así como del legendario movimiento “Montonero”, quien transcurría sus días entre la Unión Americana y la residencia de Acapulco en la que vivía con su familia y que en otro tiempo había pertenecido al legendario actor que diera vida a Tarzán, Johny Weissmuller, encontraría la muerte, real o fingida, en un trágico accidente en las acaecido en las montañas del estado de Guerrero, nudo del portentoso entramado del relato de Bonasso.

Me tomé el atrevimiento de obsequiarle a Carlos un ejemplar de mis novelas “EL RETABLO DEL PERDÓN” y la más reciente “LA DANZA DE GISELLE” me las imaginé representada escénicamente como cintas de tensión e intriga,  aun cuando, claro está, no alcanzan el grado de tensión que reviste el  formidable entramado que se observa en “EL HOMBRE QUE SABÍA MORIR”, el mismo que, dada la historia que se relata en “El Hotel”, encontraría con toda seguridad una magistral dirección escénica en la pantalla grande bajo la dirección de Carlos, a quien, por lo demás, reencontrar al pasar de los años resultó ser una inmejorable oportunidad para esclarecer los grandes misterios que a nuestra generación ha tocado presenciar.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

Ver más +

Aunque la presidenta municipal electa de Puebla ha tenido diferencias con Luis Miguel Barbosa Huerta y Gabriel Biestro Medinilla desde la campaña política, Claudia Rivera Vivanco está lejos de ser una desleal o traidora a los dirigentes de Morena, como algunos acelerados lo pretenden hacer creer.

Encuesta