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Opinión



González Oropeza en Tehuacán: de la Mora

Viernes, Marzo 9, 2018 - 17:19
 
 
   

Oriundo de la Ciudad de Tehuacán representó a Nueva España en Bayona

En la antigua “ciudad de las granadas” se verificó en fechas recientes la conferencia de Manuel González Oropeza, hasta hace muy poco tiempo magistrado de la sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, quien disertó en la ocasión sobre la representación en las “Cortes de Bayona” de José Joaquín de la Mora.

Oriundo de la Ciudad de Tehuacán representó a Nueva España en Bayona, sin mediar elección popular como al efecto reseñó en la ocasión González Oropeza, aun cuando, al igual que en la designación de la representación política pocos años después en las “Cortes de Cádiz”, habría habido, según alcance a dilucidar de la exposición referida, sondeos por “parroquia” y por “provincia”.

El proceso mismo de conformación de la asamblea convocado bajo los auspicios bonapartistas, ha sido materia de un enorme descuido por parte de nuestros estudiosos dela “Historia Política” y del “Derecho Público”, vacío que empieza a cubrirse gracias a los estudios de González Oropeza, quién no sólo se referiría en la ocasión a José Joaquín de la Mora, sino que, con peculiar delicadeza abordaría la presencia en Bayona de Lardizabal, el célebre autor del capítulo criminal concerniente a la “Novísima Recopilación de Leyes de Castilla”

Aclarando por supuesto, que éste, a diferencia del personaje oriundo de Tehuacán, no representaba a los reinos americanos, sino al “Consejo de Castilla” en el que desplegaría su erudición en la materia criminalística que le parangona, con justo mérito, al celebre autor del “Tratado de los Celitos y de las Penas” Cesar Becaria, y cuya Doctrina fuera materia de alguno de los episodios centrales de la novela de José Joaquín Fernández de Lizardi, el célebre “Periquillo Sarniento”.

Las “Cortes de Bayona”, convocadas para legitimar la entronización en el trono de España de José Bonaparte, constituyen un hito en el constitucionalismo europeo, cuyo desenvolvimiento se suscita con posterioridad a la promulgación de la “Constitución de Filadelfia”: “el documento más importante en la historia política del mundo” habría afirmado Emanuel Kant en los “Principios Metafísicos de la Doctrina del Derecho”; ejerciendo una notable influencia sobre la asamblea de Cádiz bajo los lineamientos de la “Declaración de Derechos” expedida por la asamblea revolucionaria de Francia, y cuyos alcances se perciben en América y en México en particular hasta nuestros días.

Por lo que hace al personaje objeto de la disertación de cuenta, en lo específico, así como por lo que hace al bastante más conocido Lardizabal, valdría bien la pena relacionar la biografía de ambos con algunos de los personajes reseñados en el segundo tomo de la célebre obra de don Marcelino Menéndez y Pelayo: “La Historia de los Heterodoxos Españoles”, siendo digno de destacarse al respecto el carácter indiano de Lardizabal a quién el ex magistrado Manuel González Oropeza identifica como oriundo de Tlaxcala, aun cuando, hasta donde tengo entendido lo era de San Martín Texmelucan, lo cual , en realidad y entrando a en profundidad, no ofrece en realidad mayor controversia, ya que, en la época”, san Martín estaba adscrito a la jurisdicción de intendencia de “la niña de azúcar” de don Miguel N; Lira.

 

Organizada por Antonio Tenorio Adame  bajo el auspicios de diversas instituciones de índole cultural de la Ciudad de Tehuacán, la reflexión esgrimida en la ocasión por Manuel González Oropeza se erige en el punto de partida para el estudio y la reflexión profunda sobre unos de los  muchos pasajes y aspectos de nuestra historia política y social, cubiertos por el manto de la indiferencia, la irreflexión y la ignorancia, en un momento en el que los retos que como sociedad nos presenta el panorama de los acontecimientos por venir exige, precisamente, todo lo contrario por parte de los hombre y las mujeres llamados a plantear la soluciones a los retos en ciernes.

 

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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