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Opinión



La escuela y la mercadización del amor y la amistad

Lunes, Febrero 12, 2018 - 07:09
 
 
   

El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar

“El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos”.

Eduardo Galeano. El libro de los abrazos.

Que me disculpen mis cinco lectores, pero yo no celebro el día del amor y la amistad. Será porque crecí en una escuela que no era mixta y a los hombres no se nos da –ni se nos permite socialmente- ser románticos o caer en la cursilería o tal vez porque pertenezco a una generación –y a una clase social- en la que la influencia de las costumbres del vecino país del norte –“Pobre México: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” diría nuestro dictador de triste memoria- aún no nos invadían con toda la fuerza que lo han hecho hoy.

Aunque como también lo han constatado quienes me leen o siguen en las redes sociales, soy alguien que se precia de expresar sus sentimientos y rebasa muchas veces –y a mucha honra- la delgada frontera entre lo afectivo y lo cursi, siempre he sentido una gran resistencia hacia el Día de San Valentín y sus tarjetitas, chocolates y mensajes color de rosa.

Esta resistencia puede ser meramente visceral pero cuando la racionalizo se fundamenta en la comercialización inmisericorde que acompaña a este día y convierte dos elementos de la riqueza y la profundidad afectiva de todos los seres humanos que son la amistad y el amor en meros pretextos para el intercambio de regalos y el consumismo en restaurantes, bares y antros.

Dime qué me regalaste o cómo festejamos el día del amor y la amistad y te diré cuánto me amas o qué tan buen amigo o amiga eres, parece ser el lema que se respira en el ambiente que rodea a esta celebración que desde mi punto de vista se va volviendo cada año más superficial y vacía de significado, al mismo tiempo que se generaliza en todos los ambientes y sectores de nuestra sociedad.

Esta enorme popularidad se debe tal vez a que vivimos en este sistema que no da de comer y tampoco da de amar, como dice bien Eduardo Galeano. Vivimos cada vez más hambrientos de cosas materiales –muchos millones tristemente, hambrientos de comida, de vivienda, de salud, pero un gran número también hambriento de posesiones y marcas- y también cada día más hambrientos de abrazos.

Tal vez por ello se populariza este día en que nos abrazamos aunque sea por compromiso, por moda, por estar en sintonía con todo el mundo o porque esa es la costumbre.

Pero habría que estar atentos porque puede ser que los abrazos estén ya etiquetados y tengan precio, que los besos estén sujetos a la ley de la oferta y la demanda, que el amor y la amistad se hayan vuelto también mercancías que se intercambian, se usan y se tiran cuando salen al mercado las novedades y los nuevos modelos.

Porque el amor y la amistad parecen hoy ser tan frágiles, tan líquidos y efímeros como cualquier otro producto que circula en el mercado. Porque los sentimientos humanos más profundos parecen diseñados hoy bajo el concepto de obsolescencia planificada, como todos los productos que se fabrican hoy para ser remplazados en un abrir y cerrar de ojos.

Como afirma Bauman en su libro Los retos de la educación en la modernidad líquida, hoy han perdido valor las posesiones duraderas y los valores estables –al igual que los sentimientos perdurables y los compromisos de largo aliento- por lo que la educación tal como la conocemos está viviendo una crisis severa al ser cuestionados sus cimientos fundamentales.

Tal vez por eso las escuelas y los educadores –profesores y padres de familia- prefieren hoy fomentar un festejo el 14 de febrero y organizar un intercambio de regalos –en el mejor de los casos con abrazo incluido- que dedicar sus esfuerzos a educar en la amistad y en el amor, no entendidos desde la visión superficial y cursi que nos presentan los medios sino desde la complejidad y la tensión que implica ser humanos y necesitar de los demás al mismo tiempo que necesitamos de nuestra propia autonomía.

Probablemente por esta razón, las escuelas promueven hoy los abrazos rápidos equivalentes a comida chatarra que sacian el hambre pero no nutren la afectividad en lugar de promover la amistad auténtica –difícil, contradictoria, retadora pero cada vez más necesaria en estos tiempos ególatras- y el amor profundo que proveen de abrazos sinceros y nutritivos de esos que ayudan a crecer.

Aunque yo no celebro el Día del amor y la amistad, veo que se ha impuesto como realidad propia de este mundo globalizado en que nos ha tocado vivir e intentar educar. Celebremos entonces pero convirtamos esta fecha en una jornada de explicitación simbólica de la amistad y el amor para los que vamos preparando día con día a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Celebremos con reflexión y con sentido.

Feliz Día del amor y la amistad.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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