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Opinión



Corral, Peña, Meade, AMLO y Nuño...

Domingo, Febrero 4, 2018 - 17:41
 
 
   

El conflicto Corral-Peña muestra la falta de pericia para resolver problemas por parte de éste.

Empecemos como marca el sentido común, por el norte. Chihuahua, claro. El gobernador Javier Corral se anotó un punto más. Y el presidente Peña un punto menos, como es su estilo. El asunto no era complicado de origen. Lo hizo tal el gobierno federal  con su cerrazón y autoritarismo.

La lógica apunta que un problema debe afrontarse con prontitud, buena fe y respuestas.

Si se soslaya, difiere, si se le manipula y se responde con rigidez o violencia, sencillamente el problema crece, se complica, se convierte en un escándalo y los costos de solución se encarecen desproporcionadamente. Esto es válido en el gobierno, en una empresa o en la familia.

Es algo parecido a una deuda. Si no se atiende con diligencia y con liquidez,  los intereses crecen como bola de nieve y  el desenlace puede ser catastrófico. Eso lo enseña la vida todos los días. Y en política es la materia con la que hay que lidiar permanentemente.

Pero, ya sabemos. La vida, esa gran maestra, te da lecciones sabias, y si no  las aprendes, gentilmente te las repite. Eso le pasó a Peña Nieto, su secretario de gobernación, su procurador y su cuerpo de asesores. El sexenio les ha repetido lecciones hasta el cansancio. Pero lo suyo no es aprender, sino ser aventajados alumnos de la soberbia… y los negocios.

Corral detuvo a un pez gordo con un archivo equivalente a oro puro. Divulgó información de millonarios desvíos del gobierno federal a las elecciones estatales vía mandatarios priístas. El caso  del ex gobernador de Chihuahua  César Duarte es el modelo. El anda a salto de mata pero un mundo de corruptelas aflora cada día.

Y allá en Chihuahua se ventiló la punta de un escándalo que implicó incluso a Manlio Fabio, quien tuvo que ampararse para no ser  citado o apresado.

Pero hubo más, mucho más. Ahí se empezó a divulgar masivamente la forma desvergonzada  como la federación autoriza y maneja partidas federales como el famoso Ramo 33, que sirven para premiar, someter o castigar a los gobernadores que no se pliegan a secundar los manejos corruptos federales.

Una marcha de Corral con estas banderas y mayores escándalos estaba en curso. La respuesta del gobierno federal fue una feroz campaña de medios contra Corral, sabotajes a la movilización, filtraciones infladas y desinformación en todas sus modalidades. Le soltaron una jauría bien aceitada al gobernador norteño.

Pero la marcha crecía y Corral acaparaba reflectores.

Eso, como es lógico, en tiempos electorales, en lugar de apagar el fuego lo avivó. Muy torpe fue la respuesta federal ante el problema. Lo más grave es que una de las medidas represivas fue congelarle 900 millones de pesos y detener el flujo de apoyos federales al gobierno de Chihuahua. Cuando el presidente quiso castigar y personalizar el conflicto en Corral, su reacción pegó en los gobernados. Entonces, la bandera del gobernador creció y le acrecentó aliados.

Y justo cuando la bola de nieve crecía  y  amenazaba abrir un frente de guerra con mayor profundidad y largo alcance en el norte, la federación dio un vuelco espectacular, reculó y dobló las manos.

Lo que se sospechaba, se comprueba. El presidente y su equipo querían (y aún lo pretenden) proteger las monumentales trapacerías de Duarte, porque ahí se esconde un océano de corrupción Federación-Estados con signo tricolor. Se tapó de momento la cloaca, pero no se ha sellado por completo.

Uno de los puntos del acuerdo de última hora entre Corral y gobernación federal es acelerar la extradición de Duarte. Pero, no cuesta trabajo imaginar que tras este punto lo que se esconde es asegurar que el exgoberandor de Chihuahua no abra la boca en su estado, sino que esté  bajo resguardo y custodia de la federación. Sabe demasiado para dejarlo libre.

 Como en el caso del  Duarte veracruzano, donde las más recientes hipótesis de abogados apuntan a que quedará libre un mes después de las elecciones. Cuando abrir el pico no tenga graves repercusiones electorales.

La lección que deja el pésimo manejo político del conflicto no sólo repercutirá en el puntaje de Peña y su candidato, sino que demuestra una vez más la carencia absoluta de elemental pericia para afrontar y resolver problemas políticos.

Lo que es evidente no requiere demostración: ahí está la ineptitud… y ahí vienen los resultados.

No se requiere ser adivino para advertir que el señor José Antonio Meade resentirá este reciente episodio como un gancho en el hígado, como si falto estuviera de preocupaciones. Todos reconocen su papel como tecnócrata eficiente, capaz de transitar sexenios sin mirar corruptelas de decenas de gobernadores y secretarios de estado o directores de Pemex. Pero lo suyo no es motivar electores.

He visto un par de spots y es de una presencia lamentable. Qué bien que se sitúe lejos de las viejas formas acartonadas y repelentes de los grillos y jilgueros vacuos del priísmo en extinción. Pero a cambio -como dicen en el beisbol-, no trae nada en la bola.

Para ser presidente no es requisito hablar como orador romano, es cierto.  Pero si de otro modo no transmite emociones, no contagia entusiasmo, ni destella elementales signos de un cierto carisma, no veo cómo va a sumar puntos.

El contraste lo vimos este fin de semana en la sierra norte  con López Obrador. Prácticamente llenó todas las plazas donde se plantó con un imán y una comunicación con la gente que llama la atención. Él tendrá problemas de otra naturaleza para administrar su ventaja, y muy su asunto.

Pero la pobreza anímica y cifras de las encuestas en torno a Meade, han vuelto a dar pie a las elucubraciones respecto de un no descartable cambio de candidatura, como ya ocurrió una vez en el PRI, claro, por causa de otra naturaleza mayúscula.

Lo cierto es que en el hilo de tales especulaciones, se llega a hablar de Aurelio Nuño como el candidato sustituto, lo cual no deja de ser francamente ridículo, puesto que se trata de otro personaje igualmente ajeno al PRI -con credenciales recientes y sospechosas-, sin aureola popular y de catadura petulante.

¡Tomen asiento señores, que esto apenas empieza…!

xgt49@yahoo.com.mx


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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