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Opinión



Jóvenes poblanos en las escuelas de Nueva York

Viernes, Diciembre 15, 2017 - 07:03
 
 
   

Seguimientos y testiminios de los jóvenes que ingresan a High School y College. ¿Y aquí?

La ciudad de Nueva York cuenta con el sistema más grande de escuelas públicas en Estados Unidos, con 1.1 millones de alumnos (Cortina, 2004:60). La migración masiva de las últimas décadas planteó grandes retos a las escuelas, porque llegaron hasta ellas niños, niñas y jóvenes de distintas edades, que hablaban su lengua materna (español o alguna lengua indígena de México) y carecían del dominio del inglés.

Entre 2008 y 2013 realicé un trabajo de investigación etnográfica sobre los jóvenes que migran de la Mixteca poblana a Nueva York y de los que tienen padres y madres de origen poblano. Utilicé unas técnicas muy interesantes y recomendadas para los estudios de migración. Estas técnicas son el de Seguir a las personas y Seguir la vida o biografía. Con ellas tuve el privilegio de compartir momentos muy importantes para los jóvenes y sus familias, tanto en Chinantla y Piaxtla, Puebla, como en la Ciudad de Nueva York.

A la Mixteca poblana fui muchas veces a esas comunidades, compartí experiencias vitales con familias, entrevisté a varias personas y  visité las escuelas; allá en Nueva York viví en casas de migrantes poblanos que tenían una buena posición económica; así como en hogares de migrantes indocumentados mexicanos donde vivíamos hasta 11 personas en un departamento. Además de estar en situaciones especiales y cotidianas con ellos y entrar a los espacios donde estudiaban sus hijos e hijas. 

            En Nueva York estuve en escuelas de todos los niveles educativos. En especial fui a High School (preparatoria) y al College (Universidad) para realizar entrevistas a estudiantes y maestros/as.  Veamos algunas experiencias escolares, en las escuelas de Nueva York,  de los jóvenes migrantes indocumentados y de los hijos de padres migrantes de la Mixteca.

En esas instituciones existen varios problemas que presentan los chicos y chicas,  que han señalado no sólo los investigadores, sino también los docentes que están en contacto diario con los estudiantes. Uno de los más notables es el alto índice de deserción escolar. Los estudiantes de origen mexicano son los que más abandonan la escuela y los que menos se gradúan en la preparatoria y en la universidad. Los jóvenes de origen mexicano, que viven en Nueva York, de entre 16 y 19 años, que no ingresaron al bachillerato ni a la universidad representan 47 por ciento, cifra muy alta que contrasta con el 22 por ciento de puertorriqueños; el 18 por ciento de afroamericanos y el 7 por ciento de estudiantes blancos que no lo hicieron (Smith, 2011:133).

            Entre los diversos factores que generan el atraso o el abandono escolar más temprano y de mayores proporciones que otros grupos de jóvenes, están los familiares y los que presenta el propio sistema educativo. Dentro de este último grupo, está la diferenciación-selección para ingresar a las preparatorias de la ciudad de Nueva York. Hay tres tipos de escuelas: las de élite, las parcialmente selectivas y las de zona. En las primeras es prácticamente imposible que ingresen estudiantes de origen mexicano; en las segundas, la situación es de mucha competencia y por su gran prestigio académico la escuela decide, a discreción, a cuáles estudiantes admite de sus alrededores y aún fuera del área geográfica donde estén ubicadas, pero los aspirantes están sujetos a los parámetros que las escuelas imponen. Luego vienen las escuelas de zona, a las que ingresan los estudiantes que no fueron admitidos en las otras.

            En las escuelas de zona los estudiantes mexicanos son aceptados sin objeciones de tipo académico, pero en ellas se presentan conflictos raciales muy duros, las relaciones entre maestros y alumnos son malas, hay más actividad pandilleril y tienen las más bajas tasas de graduación, como los afirma Regina Cortina (2011) y Robert Smith (2011).

            Por otra parte, los padres y madres de origen mexicano tienen bajas tasas de escolarización, sean migrantes recientes o hayan llegado hace varias décadas a la ciudad. Las condiciones socioeconómicas desfavorables en que viven —pobreza, trabajos duros y mal remunerados, hacinamiento, etc.— influyen en el desempeño escolar de sus hijos, porque difícilmente pueden apoyarlos o para algunos no es relevante que sus hijos asistan a las escuelas, aunque saben que es una obligación llevarlos porque de otra manera serán sancionados.

            Lo anterior se convierte en un motivo de preocupación y miedo. No desean, por ningún motivo, enfrentar problemas legales porque piensan que está de por medio la deportación. En otros casos, y aunque no tengan problemas con la documentación, la larga jornada laboral les impide estar al pendiente de que sus hijos e hijas hagan sus tareas, asistan a las escuelas y estudien lo suficiente como para lograr buenos resultados. La situación es compleja porque, paradójicamente, en diversas conversaciones que tuve con ellos, expresaron su interés porque sus hijos tengan una carrera universitaria para que les vaya mejor que a ellos y no reproduzcan la misma historia.

            Otro factor importante son las rivalidades entre pandillas. La posibilidad de enfrentar, no sólo en la escuela sino también en el barrio, la constante presión, burla y provocación violenta de otros jóvenes, hace que muchos de ellos desistan de su proyecto de continuar con los estudios.

            En las escuelas se muestran callados, tímidos y, de preferencia, establecen relaciones sólo con otros mexicanos. Conforme pasa el tiempo y van dejando atrás varios de los problemas que enfrentan, empiezan a relacionarse con todos los jóvenes que pueden, aunque es difícil que muestren una apertura, liderazgo o confianza en sí mismos. La discriminación que padecen afecta sus relaciones con los demás y su desempeño escolar.

            Varios jóvenes se incorporan a las pandillas como un medio para paliar su soledad, para buscar protección frente a otras pandillas y con el fin de vivir aventuras y experiencias novedosas, casi siempre ligadas al alcohol, el sexo, las drogas y la delincuencia. Veamos un duro testimonio.

 

“mi sobrina se vino y andaba muy ansiosa, como desorientada. Pero entró a la escuela porque mi otro hermano la inscribió y ahí comenzó la cosa muy mala, porque se metió en una pandilla, que para que la defendieran, decía. Y comenzó el cambiazo: ya estaba desconocida y hacían muchas fiestas, andaba en la calle, hasta que un día se pelearon con otra pandilla de hombres y mujeres, y se murió una muchachita de la otra pandilla y a mi sobrina la metieron a la cárcel. Ya lleva tres años ahí. ¿Y para qué vino entonces?” (Mariana, mamá de Teresa).

 

Sin embargo, también hay grupos de jóvenes de origen mexicano que se esfuerzan, obtienen becas y sobresalen en las instituciones escolares como los pude observar, registrar y describir en un trabajo de investigación más amplio.

            Dentro de las escuelas también hay factores que influyen sobre la permanencia o no de los estudiantes de origen mexicano. El clima escolar es un elemento primordial para que los estudiantes puedan desarrollar todo su potencial y obtener buenos resultados educativos. Éste abarca las relaciones que establecen los profesores con los estudiantes de origen mexicano y la forma en que propician el respeto, la comunicación, la participación y los aprendizajes dentro del aula.

Si existen prejuicios raciales contra los alumnos de origen mexicano, sin duda será muy difícil que logren avanzar, porque serán excluidos en todo momento. En cambio, cuando hay voluntad de fortalecer los procesos educativos de los estudiantes de origen mexicano en las escuelas, las repercusiones directas en la autoestima y el logro educativo, son evidentes:

 

“En segundo año de high school, Liv, mi maestra, me ayudó mucho porque estuvo sobre de mí y me preguntaba mucho acerca de todas mis cosas, no sólo de las de la escuela sino también las personales, porque andaba muy bajo. Eso me gustó y hasta me apuré a hacer las cosas bien. Me decía que me veía más inteligente, me ayudaba siempre y hasta el último año; y así pude confiar en mí y en lo que puedo hacer. Ahora voy muy bien y voy a graduarme” (Abraham, hijo de migrantes poblanos).

 

            Ahora bien, si los docentes reconocen la riqueza que puede aportar la diversidad cultural y lingüística que encuentran en su grupo, es más probable que los estudiantes sean motivados a lograr sus diplomas y una carrera universitaria. Otra cosa es que los profesores tengan los elementos y la capacitación suficiente para atender, mediante estrategias adecuadas y pertinentes, a los alumnos mexicanos y a los de otros grupos étnicos que tiene en el aula.

            Finalmente, es necesario reflexionar para dar atención a las necesidades de los estudiantes con experiencias migratorias tanto en México como en Estados Unidos. Proponer políticas educativas y acuerdos entre países que puedan hacer visibles  y dar solución a las problemáticas que tienen.

            Las y los jóvenes saben lo que su familia ha tenido que enfrentar desde que se fueron de México, huyendo de la pobreza y la exclusión social, y ahora aspiran a participar en la construcción de una sociedad más justa e incluyente. Algo elemental y paradójico es saber que en Nueva York no les ponen ninguna traba para ingresar a las escuelas y, en este país que habitamos, a veces les ponen requisitos insalvables que les impiden continuar con los estudios. Por ahí se puede comenzar, más ahora que tenemos una migración de retorno creciente.   

 

Referencias

Cortina, Regina y Gendreau, Mónica (2004) Poblanos en Nueva York: migración rural, educación y bienestar. México: Universidad Iberoamericana de Puebla. 

Regina, Cortina (2011) “La educación de los latinos en las escuelas del norte de Manhattan” en:  Revista de Ciencias Políticas y Humanidades Caja Negra, Núm. 8/9, 2010/2011, México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Smith, Robert. (2011) “Cuny y el futuro de la educación de mexicanos en Nueva York” en: Revista de Ciencias Políticas y Humanidades Caja Negra, Núm. 8/9, 2010/2011, México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


Semblanza

Sandra Aguilera Arriaga

Es doctora en investigaciones educativas por el DIE-CINVESTAV. Investigadora educativa y fundadora de proyectos de intervención en zonas de alta marginación socioeconómica. Integrante de la Mesa de Redacción de la Revista Caja Negra de la BUAP. Presidenta de Contracorriente A.C. Integrante del Grupo de Trabajo Educación e Interculturalidad del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y coordinadora académica del Foro Latinoamericano de Instituciones Políticas y Educativas: interculturalidad, migración y vida escolar.

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