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Opinión



Los buscábamos donde no estaban

Jueves, Septiembre 28, 2017 - 23:10
 
 
   

Millennials o Generación “Y”, Xennials y Generación “Z” o Centennials, nos mostraron lo que ven.

Los buscábamos donde no estaban: en el reflejo de lo que nosotros alguna vez fuimos; en los recuerdos de nuestra primera juventud; en los tiempos cuando nos controlaban con una sola mirada; cuando el honor se medía con la palabra empeñada; cuando el sentimiento comunitario se alimentaba de culpas y perdones otorgados por las personas mayores. Cuando se asistía en familia los domingos a un centro religioso. Cuando los padres nos reprendían apelando a la moral y las buenas costumbres y nos hacían creer que lo importante era dar gusto a los mayores y a los demás. Y se le temía al gobierno.

Aprendimos a ganar recompensas con paciencia, al criterio del que premiaba. Aprendimos a esperar, a trabajar con lealtad hacia el jefe o patrón, a rascar el fondo de los problemas para encontrar solución; a prometer que cambiaríamos a cambio de un permiso, un dulce o que nos prestaran el coche. Tardábamos años de estudio y constancia para aprender y practicar otros idiomas. Luchábamos por “ser libres” para decidir. Nos sentíamos descubrir otro mundo en el que volar era posible.

Fue. Es pasado. Ya no existe. Se escucha: “Ya no hay valores”. Pero sí los hay: son distintos, funcionales, prácticos y dan orientación, sentido y placer a los jóvenes de 30 y menos: Millennials o Generación “Y”, Xennials y Generación “Z” o Centennials (¡más los que se acumulen!), a quienes nacieron con internet y smartphones integrados a sus cerebros. ¡Nada que ver con nosotros los “Baby Boomers” y Generación “X”!

Los Millennials, Generación Z, Xennials y Centennials exigen inmediatez en su satisfacción material, intelectual, sexual y física; reclaman prontitud en las respuestas y las obtienen: googlean todo y comparan fuentes para confiabilidad y certeza en sus consultas; nada les está vedado, a todo tienen acceso con nanométrico detalle; sus relaciones son una combinación real y virtual porque saben que la realidad está en su mente y ellos la crean: Su tiempo es “ahorita”, y ¡ahorita es ahorita! La vida pasó de segundos a microsegundos, milisegundos hasta nanosegundos en una sola generación; la medida del universo saltó del infinito al nanoinfinito y la velocidad rebasó la de la luz. El cambio ya no existe, ¡es expansión!

Trasgredieron la opinión y autoridad de los adultos por el google; cambiaron la educación religiosa por La Ley de Atracción. Aprendieron a expresarse en 140 caracteres cuando nosotros nos echábamos largos choros mareadores de valores y principios. Apelan a su auténtico interés y lo que desean de manera personal y dejaron atrás lo que no pueden cambiar. Sus comunidades se forman de tecleadores, compartir posts y sus reuniones son para crear y participar en novedades virtuales; aprenden idiomas en semanas y su enfoque está en lograr su éxito personal y libertad financiera, ser su propio jefe y disfrutar la vida y el mundo ilimitado que tienen enfrente. Su libertad está garantizada en un click y toman decisiones de lo que tienen delante. Su historia personal cuenta aprendizajes, no fracasos, y dejan atrás el pasado sin tentarse el corazón porque viven el único momento que todos tenemos, y ellos entienden mejor; el ahora. Ganan el dinero en segundos que un jubilado jamás soñó. No creen en los políticos ni en los gobiernos porque saben de autogobierno.

En los dos sismos devastadores en nuestro país vimos a estos jóvenes moverse en redes sociales para comunicarse, organizarse y salir a auxiliar donde decidieron; muchos adultos creyeron que mientras se caía el mundo, ellos estarían como zombis pegados al ordenador o Smartphone. Y no. Salieron a construir la realidad que ya habían creado en su imaginación.       

Los buscábamos donde no estaban: en palabras cuando son significado; en actos cuando son vibración; en cambios cuando son expansión; en mirarlos, escucharlos y controlarlos cuando son alas invisibles que rebasan todo lo que nunca soñamos y estamos obligados a ofrecerles una mirada nueva para reconocerlos y que guíen el camino; para expandirnos a su lado reinventándonos a nosotros mismos: es su turno y yo estoy con ellos.

 

alefonse@hotmail.com 


Semblanza

Alejandra Fonseca

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