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Opinión



El Reino de Emannuel Carrere

Miércoles, Septiembre 27, 2017 - 23:17
 
 
   

Una novela que explora las prácticas religiosas y las convicciones. Cristianismo y budismo, v. gr.

Dejemos por el momento las tragedias de los sismos, los lugares comunes que han generado y a los partidos haciendo campaña al donar sus presupuestos de campaña. Volvamos unas semanas atrás, al premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara otorgado ahora a un escritor francés, Emmanuel Carrere.

Quizá el novelista francés vivo más leído en la actualidad, cultiva el género llamado novelas de no ficción. Título paradójico, pero que ha dado lugar a libros interesantes. Uno de ellos El adversario, sobre un multihomicida que acabó con su familia y que fue ampliamente entrevistado por Carrere antes de escribir su libro. Otro, el más reciente, El reino, sobre diversos temas, entre ellos el cristianismo.

Es considerado por muchos como un libro excepcional. En mi experiencia, atrapa al lector y lo lleva a una conversación fascinante y polémica. Es un libro fácil de leer y difícil de dejar, aunque mueva el piso. El paradójico género de “novela sin ficción” es bien manejado por el autor. En partes es como un diario bien logrado, donde va dejando constancia de sus experiencias y reflexiones, desde su desafortunado encuentro con una niñera cincuentona crecida en el ambiente hippie de San Francisco en California, hasta sus tardes de ocio navegando en las páginas pornográficas del internet.

Pero el centro es su experiencia cristiana, o más bien, la reconstrucción que hace del cristianismo, en torno a la vida de Pablo de Tarso y de su relación con otros apóstoles. Carrere fue un creyente cristiano y ya no lo es. No le es posible ahora creer que un judío martirizado y muerto hace casi dos mil años haya resucitado. Pero mantiene su admiración por esa creencia, o por el hecho de que se haya difundido hasta alcanzar a una cuarta parte de la humanidad.

De las muchas partes memorables de libro está la comparación entre Ulises y el evangelista Lucas. En tiempos muy distintos, ambos navegaron en la zona del mediterráneo donde está la legendaria isla Calipso. Carrere reconstruye el dilema de Ulises: quedarse en la isla junto con la diosa, adquirir la inmortalidad que ella le ofrece, o seguir su camino hacia su esposa y su hijo. Volverse un dios con erotismo garantizado por la eternidad o seguir siendo humano, con un cuerpo que día a día se corrompe y que acabará muriendo. Acepta su humanidad: la única realidad auténtica, dice Carrere. Renuncia a lo otro, que no es real. Lucas enfrenta una situación muy distinta (una eternidad, pero sin erotismo), y su opción es la contraria a la de Ulises: opta por la vía que lo llevará, según su creencia, a lo eterno.

En uno de los pasajes más polémicos de la novela, el autor compara la situación actual del cristianismo con el politeísmo grecorromano del primer siglo de nuestra era. Las gentes de ese tiempo practicaban los ritos de esa religión, pero sin creer en ella. Como nosotros ahora con el cristianismo, afirma. En aquel entonces el cristianismo y la religión que le dio origen, el judaísmo, eran vistas con simpatía por muchos romanos y griegos. Les parecían más humanas que sus creencias politeístas. Les decían más sobre sus propias vidas. Algo similar, dice Carrere como de pasada, con lo que pasa ahora con el budismo: una cosmovisión más afín al hombre occidental contemporáneo que las viejas creencias cristianas.

Mencionado varias veces a lo largo de la novela, es claro que el budismo es parte del contexto cultural del autor. Es claro también, desde mi punto de vista, que su conocimiento del mismo es un superficial (se queda en la creencia de que el núcleo del pensamiento y la práctica budista es eliminar todo tipo de deseo). En este acercamiento, y en otros varios de esta novela ciertamente excepcional, el autor parece acercarse bastante bien a tomar el pulso de nuestro tiempo. Una buena lectura, que puede llevar a buenas conversaciones.

[El autor es profesor de la Universidad de las Américas - Puebla]


Semblanza

Víctor Reynoso

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No lo cuente en voz alta pero la posible aspirante de Morena a la presidencia municipal de Puebla es una activista egresada de la escuela de Derecho de la Universidad Iberoamericana, de 46 años de edad, con nexos y vínculos familiares muy arraigados a la Angelópolis.

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