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Opinión



El caso “Nellie Campobello”, paradigma de la impunidad en México

Sábado, Septiembre 16, 2017 - 09:49
 
 
   

La bailarina que también era literata. Tragedias de la vida. Muerte de Mara Castilla.

Nellie Campobello nació  el 7 de noviembre de 1913 en un poblado de la sierra de Durango llamado “Villa Ocampo”, se hizo célebre como bailarina y coreógrafa empezando sus ejercicios dancísticos en los años de su primera juventud, deleitando con su danza, siendo prácticamente todavía una niña al público que la aplaudía y que se conformaba fundamentalmente con integrantes de  la colonia norteamericana que habitaba por aquellos tiempos en Parral, Chihuahua, localidad a la que se había trasladado su pequeña familia, jefaturada por su madre, según se desprende de sus  obras narrativas “Cartucho” y “Las Manos de Mamá”.

Integrante de la generación de 1915 conocida con el sobrenombre de “los siete sabios de México”, don Antonio Castro Leal señala que la vocación literaria de Nellie Campobello habría nacido antes que su vocación por la danza, aun cuando, fue en ésta última expresión artística, en la que ella encontraría un especial renombre, mismo que sólo sería opacado por el sórdido episodio de “página roja” que ha rodeado el misterio de su desaparición.

Mi madre solía hacer remembranzas sobre la enorme capacidad de evocación y de expresión verbal con su abuela Josefa Merino Andrade de Merino  cuando le narraba en su infancia los episodios de la “Guerra Civil” como aquellos que resultaban concernientes a la “decena trágica”, o bien, el terrible episodio de una hija que muriera en los años infantiles, así como la incidental y accidentada presentación en Tecamachalco, Puebla, de Ángela Peralta “El Ruiseñor Mexicano” ante un público absorto y entusiasmado.

Íntima añoranza que me recuerda los breves episodios de la “Revolución Mexicana” que Nellie Campobello escuchara de su madre y que recoge en “Cartucho”, entre los que llama poderosamente mi atención por dos motivos, el de la señora oriunda de la ciudad de Chihuahua que despide en el “Teatro de los Héroes” del general Felipe Ángeles, encargándole comedidamente que diera sus saludos a su finada hermana cuando estuviera en el cielo; una de ellas es  porque otra gran escritora, Elena Garro, recoge ese episodio en la pieza teatral que escribiera sobre el “Consejo de Guerra” seguido al General, el otro, es por la enorme distinción que me ha dispensado de algún tiempo acá don Tomás Ángeles Dawahare al brindarme su amistad que en mucho aprecio.

En “Las Manos de Mamá”, una mujer que ha quedado sola y al cuidado de sus hijos, salva a uno de ellos del fusilamiento, atiende a heridos caídos en batalla, es la fuerza que sostiene a sus hijos, y recibe los sutiles galanteos del capitán Rafael Galán de quién recibe nardos y la despedida de un “joven que busca la muerte abrazado a su destino”; la enorme curiosidad de los varones en relación al monólogo interno de una mujer cortejada se disipa en el emotivo texto de esta enorme y deslumbrante escritora y bailarina, quién finalmente, despedaza con sus manos a la imagen de la “Virgen de la Soledad” por no haber evitado el deceso de una hija menor.

En su prolífica carrera de coreógrafa, colaboraría con escenógrafos que hoy son leyenda  en la historia de las artes escénicas de México como David Antón, o Antonio López Mancera y terminó por allegarse de una formidable colección de piezas pintadas  para tal efecto por muchas de las más destacadas figuras de la plástica nacional: Siqueiros, Orozco, Fermín Revueltas; tráfico que, dicho sea de paso,  siempre fue caro al mentor de sus últimos días, el finado abogado Enrique Fuentes León, según bien puede rememorarse en el relato de la autoría de un servidor “El Retablo del Perdón”.

Nellie Campobello me conmueve por mil motivos, me evoca a Suzi, admirada amiga compañera de escuela, nacida otro 7 de noviembre, y madre de una enorme bailarina de ballet que hoy danza en el cielo, víctima de la enfermedad que abatió a la hermana de Nellie Campobello y que motivó el airado arrebato, siempre momentáneo de su madre contra la infinita gracia y misericordia de Nuestra Señora; otro motivo más y que cobra relevancia tras el trágico suceso que envolvió el secuestro y posterior homicidio de Mara Castilla en Puebla, es la impunidad que ha rodeado el misterio de su desaparición habiendo sido vista con vida la última ocasión en compañía de Fuentes León, señalado, por lo demás, con precisión de circunstancias por diversas fuentes, entre las que destaca la voz siempre valiente del ex senador Humberto Hernández Haddad, quien como diplomático informó y documentó la relación de éste  en los terribles sucesos que cimbraron al país en el trágico  año de 1994.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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