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Opinión



El próximo periodo rectoral en la BUAP (III)

Miércoles, Septiembre 6, 2017 - 18:10
 
 
   

Los contendientes opositores sin proyecto, sin relaciones y sin estructura que les permita competir.

No es aventurado afirmar que el ganador de las próximas elecciones de la BUAP será su actual rector. Incluso, de modo también previsible, arrasará en las urnas. Si en la recolección de firmas de apoyo, registraron más de 50 mil,  para el día de la elección se espera su traducción en votos.

¿Por qué los tres aspirantes opositores no tienen la  menor posibilidad de ganar la elección?

Para participar en los procesos electorales, como el de la BUAP, se requiere proyecto, relaciones con las distintas esferas del poder político y económico del estado, estructura electoral, recursos económicos, presencia en medios y liderazgo. Ninguno de ellos trabajó antes para cubrir dichos pre-requisitos.

 Mientras la continuidad es efecto de un proyecto que consideró sustancial la mejora de espacios físicos y la rendición de cuentas como espina vertebral, los demás candidatos emergieron al calor del tiempo corto que significa la disputa electoral. No hay registro previo, de ninguno de ellos,  de haber construido una corriente de opinión que generara contrapesos, puntos de vista alternos, críticas, señalamientos fundados del quehacer y de los resultados de la actual administración universitarias. En los cuatro años previos no se encuentra comentario público sobre la vida universitaria, ni para bien ni para mal.  Lo que observa la opinión pública es la emergencia de universitarios que, aprovechando el momento, pretenden hacer presencia compitiendo por la rectoría. Dicha característica juega en contra de todos ellos. En el tiempo previo a la contienda, nunca convocaron a nadie para constituir una expresión universitaria que fuera atenta con el desenvolvimiento y resultados  de las dependencias universitarias, que evaluara los alcances y metas del casi extinto Plan de Desarrollo Institucional, que construyera sobre las percepciones de los universitarios, alternativas y propuestas de mayor calado para el próximo periodo rectoral. En los sistemas re-lectivos, incluso en el de la Máxima Casa de Estudios, el papel opositor juega las veces de ser puntal de la innovación. Se trata de ir adelante en propuestas; de obligar a quien detenta el cargo a comprometer más; a que sea todavía más cuidadoso con el uso de recursos; a planear mejor; a ser exigente y cuidadoso con el equipo de acompañamiento y con la función de los directores,  que en muchos casos se convierten en verdaderas lacras que viven al amparo de los recursos universitarios.  Ese es el papel opositor serio. Sus propuestas obligaran a mover cursos de acción en la administración, ¿forzarán a innovar, a hacer más con menos recursos? ¿Tiene legitimidad una oposición de coyuntura? Le deben una respuesta a los universitarios.

Para contender por la rectoría se requiere el cultivo de relaciones con la comunidad universitaria y capacidad de gestión con las dependencias federales, estatales e incluso municipales. Las relaciones con los distintos sectores de la sociedad y con los actores gubernamentales, no ocurren únicamente desde las oficinas administrativas de la universidad. La investigación, la docencia y la vinculación, permiten a los universitarios, talento de por medio, entablar interlocución y  gestión  para  enriquecer las actividades sustanciales. La Institución  no es universo cerrado donde únicamente las autoridades tienen en exclusiva la gestión.  Aunque  tienen mayores posibilidades, condiciones y recursos para establecer relaciones públicas, será notorio y de mayor importancia estratégica el papel y los esfuerzos que los opositores y críticos legítimos hagan para ganar relaciones, interlocución. Se trata de mostrar a la comunidad dichos atributos. No de construirlos artificiosamente aprovechando cierta atención mediática.

Cualquier campaña electoral requiere de una estructura electoral, de un equipo que sostenga el proceso de inicio a fin, con capacidad operativa. La mejor fórmula, la deseable es aquella donde hay un buen candidato y una buena estructura. La peor fórmula es buen candidato y mala estructura. Las contiendas electorales implican competencia con todos los recursos permisibles para ello. Quien compite debería estar obligado, por responsabilidad universitaria, a competir en serio, a disputar seriamente el honroso cargo de ser rector de la máxima casa de estudios. Ninguno de los tres candidatos tiene estructura electoral, soporte de equipo en la Universidad. Lo más grave: los tres contendientes a la fecha, siquiera, han manifestado intención de unificar fuerzas para mejorar sus precarias condiciones organizativas. Dudosa actitud. No sería raro, amanecer con la nota de la declinación a favor del más fuerte, lo cual no haría sino hacer costumbre en el imaginario universitario, la idea perversa de que toda oposición en los procesos electorales universitarios solo sirven para legitimar los grupos y elites que se encuentran en el poder universitario. Nada más negativo, incluso para el espíritu cívico de la sociedad.       

Hay una cuarta evidencia de la derrota anticipada: los recursos económicos. Aunque el origen de las estructurales electorales puede ser desde determinadas convicciones, terminan moviéndose  con recursos. La falta de ellos marca rumbos. Para contender por la rectoría de la BUAP se requiere de recursos económicos, humanos, materiales, técnicos. La precariedad de la oposición es visible a leguas de distancia. Hay un abismo con la campaña de la continuidad. Sin dinero, y sin la suficiente imaginación para suplirlos, como ocurre con la oposición, es imposible ganar.  Las contiendas electorales operan con dinero. Se requieren desde el inicio hasta el fin. ¿Cuánto vale una campaña universitaria? Es todavía un enigma, aun y con la austeridad a la que obliga le legislación. Sin recursos los contendientes son espectros, sombras en el recinto universitario.

La oposición no existe en los medios. Su ausencia no puedes ser resuelta de la noche a la mañana. La presencia mediática institucional es avasalladora. En comparación, es un tsunami con respecto a las voces críticas o que aparentan ser críticas. Si bien se ha atenuado la comunicación institucional, con respecto al periodo de otros rectores, continúa siendo notoria la presencia en medios. En descargo diríamos que es incluso, obligada.

La desigualdad en medios de comunicación no es tampoco pretexto de justificación de debilidades. Incluso, reflexionado el asunto, es un tema  que debería ser discutido por los universitarios. En pocas palabras, la condición de inequidad que genera la aparición recurrente de la autoridad personal,  debería obligar a la oposición a ser más propositiva en la generación de opinión universitaria. ¿Por qué no proponer en radio-BUAP un espacio de reflexión y análisis del quehacer universitario por los universitarios? La ausencia de propuestas que obliguen a cambiar inercias en los tres candidatos es más que evidente.

La sumatoria de estos factores muestra ausencia de liderazgo opositor, pocas intenciones para construirlo y cortedad de miras.

Como la elección  es por sector -voto ponderado se le denominó- y como la oposición es solo de coyuntura, el resultado final augura en el Consejo Universitario, unanimidad  a favor de la continuidad. Salvo evento extraordinario o sobrenatural.

gnares301@hotmail.com


Semblanza

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP Autor de diversos libros Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

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