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Opinión



Rafa, Julión y la educación en valores

Domingo, Agosto 13, 2017 - 21:52
 
 
   

Dimensiones particulares del bien y del mal. Pueden volverse recurrentes y, de igual manera, crónico

“Así como hay bienes particulares, así hay males particulares:

privaciones, sufrimiento, daño, destrucción. Pero así como

 sucede con el bien de orden, así también los males particulares

 pueden hacerse crónicos; puede haber un esquema de recurrencia

 que trabaje para ellos, de suerte que si ocurren, ocurrirán de nuevo,

 y continuarán ocurriendo. Una ola criminal, una depresión, una guerra…

son estructuras organizadas que mantienen la recurrencia de los males”.

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, p. 79.

Con el gusto de volver a estar en comunicación con mis cinco lectores, reanudo mis entregas semanales agradeciendo a e-consulta el espacio que me brinda todos los lunes.

El muy lamentable caso del posible vínculo de dos ídolos de la cultura popular mexicana actual en actividades de lavado de dinero de procedencia ilícita plantea la necesidad de reconsiderar la forma en que estamos conceptualizando y tratando de hacer operativa la formación moral o valoral en nuestras familias y en el sistema educativo formal.

No conozco la trayectoria del cantante Julión Álvarez pues no soy aficionado al tipo de música que interpreta pero como aficionado al fútbol medianamente informado tengo clara la imagen de Rafael Márquez como un deportista íntegro, responsable, profesional y con una vida muy alejada de escándalos o conductas no éticas. Es probable que el caso de Julión sea igual, es decir, que analizando de manera individual la conducta de ambos, concluyamos que se trata de dos buenas personas.

Sin embargo esto no garantiza que las actividades  a las que los vincula el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos después de varios años de investigación y documentación no sea cierto. El gobierno estadounidense no suele hacer afirmaciones tan graves sin tener pruebas suficientes para sustentarlas. No estamos hablando de una filtración de algún medio de comunicación sensacionalista sino de una investigación formal.

Como lo han afirmado muchos periodistas y opinólogos el caso muestra el terrible nivel de penetración que tiene el negocio del narcotráfico en nuestro país, que ha ido por décadas permeando prácticamente todas las instituciones gubernamentales, empresariales, del deporte, del espectáculo y de la sociedad.

Tal como afirma el epígrafe del filósofo canadiense Bernard Lonergan con el que inicia el artículo de hoy, los males particulares pueden hacerse crónicos y “Una ola criminal, una depresión, una guerra… son estructuras organizadas que mantienen la recurrencia de los males…”

Cuando esto ocurre, es decir, cuando una actividad socialmente destructiva como es el caso del narcotráfico en nuestro país se vuelve crónica y genera estructuras organizadas que garantizan su continuidad y su generalización, nos encontramos ante algo que va más allá del mal en su sentido particular, pues estamos ante una situación de lo que el filósofo llama el mal estructural.

En el caso del narco y del lavado de dinero que están en el centro del caso de estos dos personajes y de muchos otros menos famosos que se encuentran en la lista del gobierno estadounidense, nos encontramos ante una dimensión del mal estructural, es decir, ante un fenómeno organizado e institucionalizado que establece las condiciones para que las actividades del crimen organizado sigan repitiéndose y se hagan cada vez más recurrentes y generalizadas.

Sin descartar desde luego la responsabilidad individual de Rafa y Julión en este caso, que tendrá que demostrarse en las instancias legales correspondientes, es evidente que el asunto trasciende el ámbito de las conductas no éticas individuales y se enmarca en la situación del deterioro ético de carácter sistémico y funcional que está viviendo nuestra patria y que es mucho más complicado de revertir.

¿Qué nos enseña esto respecto de la educación valoral, moral o ética en la familia y en la escuela o la universidad?

Si miramos la forma en que se concibe esta dimensión de la formación que afortunadamente está cobrando relevancia en el discurso y en los currículos de los diferentes niveles del sistema educativo, podremos constatar que la llamada educación en valores se entiende como la formación de personas individuales que se comporten de acuerdo a determinados valores que se les enseñan de manera prescriptiva o en el mejor de los casos, que desarrollen su capacidad de razonamiento moral para construir una vida humanamente aceptable.

Sin embargo la dimensión compleja del bien humano siempre en tensión con el mal no se ha incorporado en las teorías y métodos de educación valoral, de modo que la dimensión del mal estructural y la del mal como distorsión de la cultura están totalmente fuera de los programas dedicados a esta tarea.

El caso de Rafa y Julión es una buena oportunidad para replantear estas concepciones y acciones y entender que la educación en valores no es solamente la formación de personas que se comporten éticamente en su vida individual sino el desarrollo de la capacidad crítica que les permita distinguir las condiciones sistémicas que constituyen el mal estructural evitando insertarse en sus dinámicas y trabajando para revertirlas y apuntar hacia la construcción siempre desafiante de un auténtico bien de orden en la sociedad.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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