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Opinión



PRI: Tiempos de caducidad

Domingo, Agosto 13, 2017 - 21:48
 
 
   

De las “reglas no escritas” a la caducidad total del sistema

Para dimensionar lo que implica la modificación de los documentos básicos del PRI –en su XXII Asamblea Nacional-, para que tanto priistas como simpatizantes no afiliados puedan aspirar a la Presidencia de la República por este partido, es necesario un rápido precedente remoto y reciente, que precise lo que en la práctica significa la eliminación de las llamadas “reglas no escritas”, que permanecieron vigentes durante casi 88 años para el sistema político mexicano.

A propósito de ello, vale una primera consideración del Premio Nobel en Literatura, Mario Vargas Llosa, quien en septiembre de 2011, apuntó: “La dictadura perfecta no era tan perfecta”, dijo a propósito del resultado electoral por el que Peña Nieto ganó la elección de ese año, tras los dos sexenios del PAN.

Fue esa una rectificación de Vargas Llosa, pues como se recordará, en septiembre de 1990 -invitado por el extinto Octavio Paz a México-, el peruano había señalado:

"México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el Comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México", señaló a propósito de cómo sobre la base de las llamadas “reglas no escritas” y del corporativismo, era la otrora “Familia Revolucionaria”, quien mediante el ritual del “tapado”, cada seis años imponía Presidente en México.

¿Quiénes integraban la llamada Familia Revolucionaria del PRI? Recordemos:

La encabezaban los líderes de las otrora organizaciones corporativas del PRI: el Congreso del Trabajo que liderado por la CTM-Fidel Velázquez, agrupaba al sector obrero (FROC-CROC y CROM); el dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) Enrique Olivares Santana, que agrupaba a los trabajadores del campo; y el titular de la CNOP, Alfonso Martínez Domínguez, que lideraba a las agrupaciones llamadas populares, en las ciudades.

Así, mediante el ritual del “Tapado”, las “reglas no escritas” impuestas y acordadas por los líderes post-revolucionarios, establecían que el sucesor del Presidente debía emerger del siguiente ritual y procedimiento:

1.- Debía salir de cualquiera de los tres grupos corporativos (sector obrero, campesino o popular).

2.- Que antes el “tapado” hubiese ocupado cargos de elección popular (senador, diputado, gobernador, alcalde).

3.- Y que los tres grupos estuvieran de acuerdo. O sea, por consenso.

Era entonces que desde el ritual post-revolucionario (y con “humo blanco”) los líderes de la Familia Revolucionaria salían a ostentar la cantaleta sexenal:

“Los tres sectores del PRI, se pronuncian por la candidatura de fulano de tal…”

Así la “Dictadura Perfecta” se sostuvo en el poder presidencial, desde que el post-revolucionario Plutarco Elías Calles, había llamado a poner fin a las sangrientas luchas internas post-revolucionarias por el poder, que escenificaban los tres grupos “herederos” de la Revolución Mexicana.

Valga subrayar –y esto es de suma importancia para lo que queda del PRI-, que las “reglas no escritas” eran una especie de dogma de fe, que debían ser acatadas y ya, y todo mundo se alineaba: “El que se mueva no sale en la foto”, era otra de las sub-reglas del corporativismo.

Como se sabe, históricamente, tanto el ritual de “el tapado” como las “reglas no escritas” permanecieron vigentes hasta 1970, cuando un no revolucionario emergido de la burocracia del PRI, Luis Echeverría Álvarez, asestó en 1968 –a días de la XIX Olimpiada en México- una especie de golpe de Estado -con el caso Tlatelolco-, contra el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

Y Echeverría lo logró: fue Presidente sin haber sido miembro de la Familia Revolucionaria y por tanto sin el requisito de las “reglas no escritas” del PRI.

A grandes rasgos, a partir de ese momento la vetusta Familia Revolucionaria viene a pique; abandonan al PRI, Cárdenas, López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo y otros.

A la par y poco a poco los burócratas que el PRI requirió para gobernar se hicieron del poder total y no lo dejaron más, hasta que el primero de enero de 1994, con Carlos Salinas de Gortari en la Presidencia, ocurre el llamado levantamiento en Chiapas, con el susodicho “Subcomandante Marcos”, Sebastián Guillén Vicente, a la cabeza.

EL PRI Y LA ERA DE PUGNA INTER-REVOLUCIONARIA; TECNÓCRATAS AL PODER

Recordemos; la primera víctima de la pugna-tecnócratas en el poder contra el PRI tradicional, sucedió en marzo de 1994 con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y meses después, con el homicidio de José Francisco Ruiz Meassieu. Todo esto ya para concluir el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, quien “hereda” el poder –confabulado con el panista Diego Fernández de Ceballos- a Ernesto Zedillo Ponce de León.

Tan malos fueron los resultados socioeconómicos de los sexenios de Salinas y Zedillo –aunque éste último los amainó-, que desembocó en el periodo de la alternancia con los sexenios de Fox y de Felipe Calderón.

A grandes rasgos, durante ambos sexenios del PAN, se paga deuda, se contiene la inflación y México experimenta un periodo de relativa estabilidad económica con inflaciones bajas, aunque sin resolver a fondo los problemas estructurales del país, heredados por los 88 años del PRI en el poder.

SEXENIO EPN; CORRUPCIÓN DESBORDADA, CRIMEN ORGANIZADO, INSEGURIDAD, POBREZA, DEUDA, OCDE, BANCO MUNDIAL…CADUCIDAD DEL SISTEMA

Si partimos de que a punto de que Enrique Peña Nieto concluya su gestión, y de que ya las “reglas no escritas” perdieron total viabilidad para sostener al PRI en la Presidencia, y de que por ello no haya de otra que elegir entre José Antonio Mead o Aurelio Nuño Mayer, entonces tenemos materia para sostener que ha caducado totalmente el Sistema Político Mexicano creado por los fundadores del Revolucionario Institucional.

Lo caduco significa que el sistema político-jurídico está totalmente corrompido, y por tanto, mientras que éste ha sido modificado y avalado para beneficio de la clase política, en la contraparte social, está “reformado” y “diseñado” para que sea cual fuere la malicia de la clase política, la sociedad termine siendo sometida a los caprichos e intereses de la clase gobernante, no de los ciudadanos.

Por tanto, aunque el sistema político esté caduco por corrupción y plagado de deudas por dinero que la clase política saquea impunemente de las arcas públicas, el peor riesgo para México y los mexicanos está en que con la quita de las “reglas no escritas” del PRI, en adelante –sea Mead o Nuño el sucesor de Peña Nieto-, el país quede totalmente a merced de los intereses y capitales que junto con Carlos Salinas de Gortari, México y los mexicanos queden reducidos a “máquinas humanas productoras”, para los capitales del Banco Mundial y de la OCDE, y uno de sus instrumentos es la mal llamada Reforma Educativa.

Así, a menos que la sociedad mexicana sea capaz de organizarse patrióticamente, en las condiciones actuales el futuro de México es verdaderamente sombrío, pues tiene el riesgo de transitar de la que fue “Dictadura Perfecta”, al dominio de una oligarquía político-económica que reduzca a las sociedad, a un conjunto de “máquinas humanas” para producir.

Por lo pronto, en tanto en cuanto la sociedad y su gente pensante no se pongan las pilas, aunque haya un sinfín de oportunidades, el problema no se resolverá.


Semblanza

Germán Benítez M.

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Lo primero que habría que decir del libro y el autor que hoy nos convocan es que estamos frente a una novela divertida donde el personaje central —un académico especialista en Estados Unidos y México que por 30 años trabajó en el servicio diplomático— nos narra su terrible decepción amorosa a la par de una serie de acontecimientos que tienen a la República Mexicana al borde de la desaparición y su anexión al vecino país del norte para formar los Estados Unidos Agrandados de América.

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