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Opinión



El próximo periodo rectoral en la BUAP (I)

Sábado, Agosto 12, 2017 - 15:32
 
 
   

Hay significativos avances que es preciso continuar. Pero prevalecen prácticas de simulación.

Muy pocas universidades estatales pueden dar cuenta de la mejora constante de la calidad de sus funciones sustantivas. La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla destaca por los avances sostenidos de su comunidad académica en los últimos  años. La máxima casa es una de ellas.

Ser baluarte regional de la investigación  en distintas disciplinas se ha conseguido  gracias al esfuerzo de varias décadas. La tradición es sólida porque se encuentra soportada en el trabajo académico serio que ha trascendido episodios coyunturales de política universitaria.

La docencia siempre ha sido un pilar fundamental en el prestigio académico. La BUAP, a pesar del magro sistema de incentivos, tiene un número importante de académicos  certificados a través del Programa para el Desarrollo Profesional Docente (PRODEP), lo que indica que, además de impartir docencia, forman recursos humanos profesionales, hacen  gestión académica y publican resultados de  investigación.

El brillo público es efecto del trabajo de su comunidad, que en no pocas ocasiones, navega a contracorriente y a pesar de los enclaves de voluntarismo burocrático y las inercias que sobreviven en Escuelas y Facultades.

Doble mérito porque en condiciones nada cercanas al óptimo, su trabajo justifica peticiones de inversión para ampliar infraestructura universitaria; hay más laboratorios, más aulas e instalaciones diversas.

Los esfuerzos de armonía que realizan la principal autoridad universitaria son relevantes. La actual gestión central muestra ecuanimidad, prudencia universitaria, gestión dedicada con buenos resultados.

La continuidad en la administración  es una opción factible, no solo por los avances, sino sobre todo por las paradojas y pendientes que dan cuerpo  a pesados fardos de los cuales la Universidad tendrá que desprenderse para alcanzar plenitud.

A pesar del esfuerzo genuinamente académico sobreviven prácticas obsoletas y contrarias a horizontes innovadores y de vanguardia en el país. Así por ejemplo, el actual proceso electoral, en modo alguno debe ser condicionado con la reelección de un supuesto equipo formado por directores y acompañantes.

Los directores son autoridades personales y su permanencia debe depender de la evaluación de sus comunidades académicas, de una correcta rendición de cuentas y el buen desempeño en la gestión. Nadie tiene por qué asumir como propios  los errores en que han incurrido. Muchos de ellos sin duda, no se encuentran a la altura de los retos universitarios. Su responsabilidad es de escándalo y lo único que han hecho es dejar crecer los problemas. Las distintas convocatorias para nuevas plazas y re categorizaciones son un botón de muestra.

No son pocos los casos donde las plazas no se otorgaron a los mejores y sí pasaron a ser instrumentos de coacción y de compra de lealtades, al margen de la calidad, designando comisiones y jurados a modo, los cuales, en la ignominia, han sido capaces de torcer y saltarse la ley para satisfacer a los reyecillos en turno en que se ha convertido más de una autoridad personal. Es bastante claro, quien ha hecho un mal trabajo no tiene por qué reelegirse. En la universidad la simulación y baja calidad tienen responsables inmediatos y no debe permanecer un periodo más por consigna.

Ocurre lo mismo con quienes se ostentan como “operadores políticos” en algunas unidades académicas. Son sujetos que se dedican a vigilar, amenazar, intimidar a maestros y alumnos no gratos a directores de las unidades académicas. Su oscura, ilegal y anti universitaria acción contribuye a crear conflictos artificiosamente. El poder del que se ufanan y la omisión de la institución les permite traficar influencias y de chantaje a los universitarios por la venta de favores disfrazados de “gestión estudiantil”, coacción a maestros para “corregir” calificaciones, asignación de materias y horarios preferenciales a profesores a cambio de lealtad a directores. La figura en la cual se amparan no se encuentra en ninguna parte de la normatividad universitaria, no se conoce quién es su autoridad responsable, ni qué salario perciben y bajo qué justificación. Se encuentran en la más absoluta opacidad e impunidad, al margen de la ley y gozando con recursos públicos sin rendir cuentas a los contribuyentes.

La arbitrariedad con la que actúan los convierte en foco de corrupción, deterioro de la estabilidad y armonía. Sus prácticas nocivas, además de poner en entredicho el publicitado  prestigio universitario, son antitéticas a todo pretendido desarrollo democrático de la universidad. No es menor el efecto negativo y perverso de estos sujetos.

La franja de prácticas informales afectan ya las tares sustanciales. Su impacto se refleja en la simulación de diversos rubros en la universidad. La impunidad alienta el desinterés.

Es inocultable la falta de planeación. La universidad vive un crecimiento desordenado de su matrícula. Cierto, es el peso de un problema de exclusión social y recae de modo directo sobre la Institución, sin embargo la solución, de corte inmediatista, afecta la calidad académica. Programas educativos que se cierran por falta de prospectiva, saturación en otras carreras. Programas con asignaturas incorporadas al vapor en la última revisión curricular, diseño de enseñanza del inglés sin ton ni son, solo para resolver el cuello de botella en que se convirtió la necesaria acreditación del idioma para poder titularse; organización de contenidos y materias con desvinculación entre teoría y práctica, por la falta de seguimiento de las prácticas profesionales. Toda intención de mejora se vuelve farsa académica.

Si el modelo educativo pone como centro al estudiante, se impone la construcción de una agenda que recupere en primera instancia la planeación participativa para elevar y hacer útil a la sociedad, la vida académica universitaria e imponga controles a las actividades discrecionales que aún se mantienen. Solo de este modo se puede construir un Proyecto de Universidad que ascienda de una vez por todas a una modernidad plena.

gnares301@hotmail.com


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Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP Autor de diversos libros Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

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