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Opinión



Presentación de la novela "El retablo del perdón"

Viernes, Agosto 11, 2017 - 07:55
 
 
   

En el contexto de la renegociación del TLC, una historia del tráfico ilegal de piezas de arte sacro.

El miércoles 16 de agosto se presentará una novela policíaca de mi autoría al unísono de que darán inicio las rondas de renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte.

Novela llamada “El Retablo del Perdón” y que versa, precisamente sobre el TLC y, colateralmente, sobre el tráfico ilícito de arte sacro virreinal mexicano.

El hecho de que el tiraje de la edición me haya sido entregado el pasado viernes 4 de agosto en el preciso momento en que las redes sociales daban cuenta del tétrico asesinato de nuestro amigo Roberto Corvera Guzmán, no deja de llamar la atención, ya que en un principio la “Universidad Angelopolitana” contemplaba la posibilidad de editar una novela “negra” como lo es “El Retablo del Perdón”, hasta que su comité editorial desestimó tal posibilidad; coincidencia terrible que nos confronta ante una realidad lacerante que supera toda posible trama del género en cuestión.

La Crónica de la Ciudad de México y de los conventos aledaños a la Angelópolis  forma una parte central del relato que se presentará en la Ciudad de Puebla en la  sede del CIPAE el próximo 16 de agosto a las 6 de la tarde, elemento que resulta por lo demás digno de llamar la atención, toda vez que nuestra amiga la novelista Leticia Frías es la prologuista del referido texto, siendo su ancestro, Vicente Frías el autor de una de las obras clásicas y fundamentales de la crónica citadina en nuestro país: “Las Calles de Querétaro”.

Obra, la de Vicente Frías que, dicho sea de paso, fue, junto con “La Ciudad de México” de José María Marroquí, fueron el modelo a seguir por Hugo Leigh en la composición de otro gran clásico del género “Las Calles de Puebla”.

Elementos de crónica citadina que, en “El Retablo del Perdón”, se entrelazan con los casos más trascendentes de “nota roja” del país en las últimas décadas,  siguiendo la mejor ruta de los clásicos del “cine negro” norteamericano, reconociendo como eje central de su trama las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, cuya renegociación se inicia precisamente este 16 de agosto, lea Usted “El Retablo del Perdón” modesta contribución desde la perspectiva literaria a uno de los tópicos torales de nuestro tiempo.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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No lo cuente en voz alta pero la posible aspirante de Morena a la presidencia municipal de Puebla es una activista egresada de la escuela de Derecho de la Universidad Iberoamericana, de 46 años de edad, con nexos y vínculos familiares muy arraigados a la Angelópolis.

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