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Opinión



De “puntitos negros”, “malos ratos” y decadencia ética

Lunes, Julio 17, 2017 - 00:38
 
 
   

La crisis ética. El socavón en Cuernavaca. La muerte de dos personas. La postura de Ruiz Esparza.

“Al mismo tiempo, hay una despolitización de la política, que se

autodisuelve en la administración, la técnica (el peritaje), la economía,

el pensamiento cuantificador (sondeos, estadísticas). La política en

migajas pierde la comprensión de la vida, de los sufrimientos, de las

angustias, de las soledades, de las necesidades no cuantificables. Todo

esto contribuye a una gigantesca regresión democrática, con lo que

los ciudadanos se ven desposeídos de los problemas fundamentales

de la urbe”.

Edgar Morin. La ética del género humano.

(http://biblioteca.itam.mx/estudios/6089/68/EdgarMorinLaeticadelgenerohumano.pdf )

 

Muchos analistas han afirmado que la crisis del mundo actual es fundamentalmente de carácter ético. En efecto, los problemas de pobreza y desigualdad económica, de violencia y exclusión social, de intolerancia y fanatismo cultural tienen como trasfondo una distorsión del deseo de vivir humanamente por el predominio de modelos que han entronizado al dinero, al poder y a la fama como los tres pilares de la existencia.(1)

El pensador francés Edgar Morin (1921-   ) sostiene que la ética se sustenta en un deber de religación que experimentamos todos los seres humanos desde lo más profundo de nuestra estructura como seres eco-bio-psico-socio-culturales. Somos seres necesitados de relación e integración con nosotros mismos, con los otros cercanos, con la sociedad en que vivimos y en última instancia, con la especie humana a la que pertenecemos.

La crisis de nuestro tiempo según Morin, es una crisis de religación, una ruptura de esta articulación en tensión con nuestra propia realidad personal y con los nuestros, una ruptura del tejido social y una desconexión con nuestra propia humanidad.

En este contexto de crisis ética vamos ocultando o bloqueando nuestra vocación profunda de vivir para vivir y nos contentamos o nos resignamos a una batalla cotidiana por la supervivencia en un contexto regido por la ley del más fuerte e incentivado por falsas promesas de riqueza, “éxito” y poder.

La crisis ética implica una distorsión de nuestra forma de valorar y tomar decisiones y dado que el valor lo aprehendemos en nuestros sentimientos, significa también una pérdida de sensibilidad en la que desaparece la empatía con los demás, el reconocimiento del otro como semejante a nosotros y en última instancia la valoración de la vida humana como criterio básico de pensamiento y acción.

No es extraño que al hablar de esta crisis ética y sus implicaciones nos vengan a la mente ejemplos de asesinos en serie, secuestradores o narcotraficantes despiadados, sicarios insensibles al servicio de la delincuencia organizada o personajes históricos responsables de guerras, dictaduras y genocidios.

Pero cuando la crisis ética llega a niveles inaceptables es en el momento en que los políticos, los gobernantes que tendrían como misión de su trabajo la construcción del bien común, es decir, la gestión de políticas públicas orientadas en última instancia a restituir el tejido social y a mantener la religación de todos los ciudadanos dan muestras evidentes de su desprecio por la vida humana y de la obsesión por conservar sus privilegios a cualquier precio.

En el gobierno mexicano actual hay muchos ejemplos de esta distorsión ética que ha permeado todos los niveles y estructuras de gobierno, aunque desde mi punto de vista uno de estos ejemplos, emblemáticos de lo moralmente inaceptable en una sociedad que pretende ser democrática es el protagonizado por el señor Gerardo Ruiz Esparza -Secretario de Comunicaciones y Transportes a nivel federal en el actual sexenio- frente a la muerte de dos personas inocentes en un socavón de cinco metros de profundidad que se abrió en el recién inaugurado y costosísimo “Paso exprés” de la carretera que conecta la Ciudad de México con Cuernavaca.

Desde que ocurrió este incidente –que no puede llamarse de ninguna manera accidente porque es seguramente producto de negligencia criminal de los responsables gubernamentales y privados de esta obra- el secretario minimizó lo acontecido dando razones simplistas e inaceptables como las “lluvias atípicas”, la “falla en el drenaje que estaba debajo de la carretera” o que “el agua tomó su cauce natural provocando el hundimiento”(2).

Posteriormente, al ser cuestionado sobre la exigencia social para que presentara su renuncia, el funcionario ponderó los “miles de kilómetros de carreteras construidos en este gobierno” y calificó como “un puntito negro” lo ocurrido en el paso exprés. La muerte de dos personas inocentes por errores –o corrupción- de quienes asignaron, construyeron, supervisaron e inauguraron la obra es, para el señor Ruiz Esparza, un simple “puntito negro”(3).

En otra declaración a los medios dijo que se va a pagar una indemnización a los familiares de las personas fallecidas “por el mal rato que pasaron”. Para el responsable de las comunicaciones del país, la muerte de dos familiares es para la familia un mero “mal rato” que se puede borrar con el pago de una cantidad determinada de dinero(4).

En cualquier país con una democracia medianamente funcional el fallecimiento en estas condiciones de dos ciudadanos hubiera sido motivo de que el funcionario responsable presentara su renuncia –por dignidad y responsabilidad- o que el presidente lo hubiera cesado. Ninguna de estas dos cosas ha ocurrido en este caso y me temo que no va a ocurrir.

Pero incluso más allá de estas cuestiones que evidencian la falta de un estado de derecho y un sistema de rendición de cuentas en México, el mensaje de insensibilidad, falta total de empatía, carencia de solidaridad y desprecio por la vida humana que ha enviado el señor Ruiz Esparza debería ser motivo de reflexión e indignación en la sociedad, que desafortunadamente vive la misma crisis ética y parece acostumbrada a este tipo de conductas inmorales por parte de sus gobernantes.

 

Notas:

 

--1) Aviso a los lectores: Por receso de verano este artículo no aparecerá las próximas tres semanas. Volveremos a encontrarnos el lunes 14 de agosto.

--2) Para leer más puede consultarse: (http://www.carlosloret.com/2017/07/pretextos-pendejos/ )

--3) Para leer más consulte: (https://elinsurgente.mx/para-ruiz-esparza-el-socavon-de-paso-express-es-un-puntito-negro/amp/ )

--4) Esta declaración puede leerse en: (http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/articulo/default.aspx?id=1162788&md5=df2bf840c56cd526084dca013d884764&ta=0dfdbac11765226904c16cb9ad1b2efe&lcmd5=c9345bca06dc69a2bd09c5bc73e0bc79 )


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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