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Opinión



Las lecciones de las elecciones

Miércoles, Junio 21, 2017 - 07:55
 
 
   

Complicado y preocupante el proceso 2018. Compra de votos y operación mapache a todo vapor.

El escritor italiano, Arturo Graf definía a la política como el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos.

 

Las recientes elecciones nos hacen ver que la idea del fundador del Giornale della lettaratura italiana, no está muy alejada de la realidad, pues vimos un detestable espectáculo en el que nada era lo que parecía y que, a pesar de ser procesos electorales locales, su trascendencia nacional -por las implicaciones rumbo al 2018- marcaron el rumbo de las votaciones. 

 

A nivel de partidos, todos demostraron que son objeto del desprecio ciudadano y que, por sí solo, ninguno es capaz de obtener el respaldo mayoritario de la sociedad. En cuanto a los candidatos, todos demostraron ser tan malos que era un hecho maravilloso que ni sólo uno tendría que ganar. 

 

El cruce de acusaciones entre todos los candidatos, principalmente entre aquellos que contendían a las gubernaturas, ya sea por sus antecedentes personales o por los de sus partidos, distorsionaron la naturaleza de la campaña hasta niveles de la más vergonzosa pelea de barrio.

 

Una de las más preocupantes lecciones de las elecciones, fue que nuestro sistema político está orillando al ciudadano a tener que votar al menos malo, pero la operación partidista y la intervención gubernamental, pueden hacer triunfador a aquel por el que operen mejor.

 

El panorama que se puede anticipar para el 2018, a partir del desarrollo de todo el proceso electoral de este año, se vislumbra muy complicado y, hasta cierto punto, preocupante.

 

El PRI fue un partido creado para conservar el poder y no para conquistarlo, por lo que es de esperarse que la operación partidista, que se materializa en la presencia reiterada de funcionarios públicos, en eventos que, disfrazados de promoción de servicios, terminan siendo de cooptación del voto y en el que se conjuga la comisión de diversos delitos electorales; la compra de votos, operación mapache, las urnas embarazadas y los casuales errores de cómputo de los votos, será reactivada en la elección presidencial para lograr preservar la Presidencia de la República.

 

Lo más inquietante es que las instituciones nacionales, que en teoría deberían ir adquiriendo cada vez  más fuerza, hoy parecen encontrarse dominadas y sometidas, por las autoridades federales dejando su autonomía sólo en palabrería legal sin mayor eficacia práctica.

 

Los cambios procedimentales del conteo rápido, las fallas en la difusión de resultados preliminares de la elección en Coahuila, muestran errores que, al haber sido superados ya en otros procesos,  hacen surgir la sospecha sobre su origen y los intereses que los indujeron. 

 

El gran ganador del proceso electoral fue Andrés Manuel López Obrador. Sin aparecer en las boletas y aunque su partido no se alzó con el triunfo en ninguna gubernatura, el tabasqueño utilizó métodos abusivos y tramposos -que si bien no ilegales-  para poder ser él la imagen de la elección sustituyendo incluso a sus candidatos. 

 

López Obrador ganó sin ganar, pues sus niveles de votación en municipios de Veracruz y en el Estado de México, particularmente en la zona conurbada a la CDMX, le permiten crear núcleos de mucha fortaleza, pues son zonas muy pobladas en las que las perspectivas de votos probables para MORENA son muy superiores a las de cualquier otra fuerza política.

 

Las derrotas, particularmente en el Estado de México, le permitirán continuar con su estrategia de victimización,  al encabezar las impugnaciones de sus partidos, al grito de ¡Fraude Electoral!.  El hecho de que Delfina Gómez no vaya a gobernar a los mexiquenses, le evita el desgaste a su partido, pues los errores que cometiera, -o le forzarán a cometer, entre septiembre y junio del año próximo- serían un lastre a su campaña presidencial, abriendo la puerta a acusaciones de corrupción e ineptitud gubernamental. 

 

En el PAN, el mal resultado obtenido en el Estado de México pone en duda la capacidad operativa de Ricardo Anaya, pues en este partido en particular hizo del proceso en la entidad un tema de carácter nacional, pues fue el CEN quien tomó desde el proceso interno la responsabilidad de la designación de la candidata y conducirá el trámite jurídico de las impugnaciones del proceso; hizo que un desfile de personalidades del panismo apuntalarán la campaña, pero permitió que las mismas figuras, con intereses personales o resentimientos profundos, le operaran en contra.

 

El caso de Coahuila no es un asunto menor, pues el otro Anaya, Guillermo, que en el sexenio pasada fuera el primer compadre de la Nación, pierde en un proceso muy cuestionado que evidenció enormes fallas y una gran complicidad de la autoridad electoral, haciendo surgir la duda sobre qué tanto le saben los Moreira al Presidente, que les ha permitido tantas ilegalidades. El proceso será fuertemente cuestionado ante los tribunales y no se descarta una resolución que ordene repetir los comicios, como tampoco una que negocie el resultado para favorecer las aspiraciones del líder panista. 

 

Al interior de Acción Nacional se vive una profunda división que amenaza cualquier posibilidad de triunfo en la elección presidencial. Los tres contendientes con mayores posibilidades de hacerse con la candidatura panista, Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, han mostrado más defectos que virtudes de cara a un proceso de selección interna. 

 

Rafael Moreno Valle ha desatado una intensa promoción, disfrazada de publicidad editorial, con recursos de origen desconocido y que simplemente no le da una mejor posición, pues aunque se difunde su imagen y permite que la gente conozca quién es, no puede quitarse los lastres de un pasada priista y de haber sido ahijado político de Elba Esther Gordillo, además de la sombra de una gestión como gobernador de Puebla, en la que van saliendo los detalles de una elevada deuda y las inconsistencias y sobreprecios de la obra pública, con un gobierno que, al estilo priista fue un gobierno para los suyos.

 

Ricardo Anaya ha mostrado sus deficiencias en el liderazgo del partido, sucumbiendo ante la tentación de utilizar la estructura en favor de sus intereses, poniendo en riesgo la equidad de la contienda interna y la unidad del panismo. Su poca experiencia y las fuertes enemistades que se ha generado al interior del partido le restan mucho, así como las dudas sobre la manera en que solventa su estilo de vida, tanto personal como familiar.

 

Margarita Zavala, quien se encuentra mejor posicionada que cualquier otro panista de cara a la elección constitucional, necesita un cambio radical en su estrategia.   Ya se vio que la guerra contra el narcotráfico -desatada por su marido- no será una bomba que pueda descarrilar su proyecto, sobre todo porque el baño de sangre ha continuado en el país y este gobierno está muy lejos de conseguir un ambiente de paz nacional.   A su favor juega que es mujer, que ni ella ni el expresidente tienen escándalos de corrupción que pudiera ser un factor en contra y las acusaciones de homicidios, se caerán por su propio peso, pues se ha desvanecido la falsa idea de que los padres de los bebes de la guardería ABC la culpan del incendio y se difundirá el resultado del peritaje, que estableció que el fuego se originó en una bodega utilizada por un gobierno priista.

 

La exprimera dama, requiere urgentemente de un cambio de estrategia, pues la presidencia no se ganará por el simple hecho de ser mujer o ser buena persona. Debe de relanzar su imagen y comenzar a hacer propuestas directas y puntuales. Hoy todos comparten las quejas generales, pero nadie se ha atrevido a decir de qué manera va a cambiar el rumbo del país. La señora es, entre los posibles, la que puede representar la opción congruente y centrada, pero debe dejar de lado los conflictos internos. Ella puede ganarles con las reglas que le pongan.

 

 

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, sigue siendo el predicador de la desgracia y la tragedia. Su estrategia se ha basado en tallar la herida e incrementar el hartazgo social por la corrupción, la violencia, la inseguridad y el mal manejo económico, sin generar propuestas claras para atender la situación nacional.  Creer en él y su papel de mesías es favorecer el estancamiento social y el bajo nivel de vida de los mexicanos. Su idea de gobernar -que no proyecto- se basa, al igual que la de los priistas, en la administración de la pobreza. Siendo la gente pobre, con falta de oportunidades y escasa educación la que conforma el grueso de su base de apoyo, no le es conveniente el que esta se vaya erosionando al fomentar crecimiento económico y desarrollo humano, mediante una mayor preparación, tanto académica como profesional, para lograr mejores salarios y una elevación del nivel de vida.  

 

La estrategia lopezobradorista se sustenta en la dádiva y la limosna, que le permite que el pobre no muera, pero también impide que abandone esa condición. Dádivas y limosnas que se pagan con impuestos y deuda, por lo que genera un sistema social perverso en el que los que no trabajan, viven a costa de los que sí lo hacen.

 

Las elecciones del cuatro de Junio, dejaron ver que MORENA está dispuesta a luchar por el poder con las mismas estrategias del más rancio priismo, la compra de votos, el acarreo y la presión a los trabajadores de los ayuntamientos que controlan, Todo se resume en una sentencia: esta MORENA muy PRIeta.

 

El PRI, por su parte, es PRI. Y eso resume todo. El viejo conocido que, sin tener un candidato definido ha aceitado una maquinaria para ponerla a su servicio y mantener una élite corrupta en el poder.

 

El 2018 representa el reto de todos los mexicanos. Hay que hacer surgir una conciencia ciudadana que impulse el sentimiento de cambio, pero no de un cambio de partidos, sino de un cambio de realidad.

 

En su obra, El laberinto de soledad, Octavio Paz decía que “Lo extraordinario de nuestra situación reside en que no sólo somos enigmáticos ante los extraños, sino ante nosotros mismos. Un mexicano es un problema siempre, para otro mexicano y para sí mismo”. Es necesario entender que de nuestra decisión depende, literalmente, el futuro de nuestros hijos. Es hora de olvidar el egoísmo y pensar todos por todos, no hay que olvidar el legítimo interés social ni asumir intereses imaginarios que se nos pretendan imponer.  Hay que cambiar nosotros para que nuestra realidad cambie. Es la hora de construir el futuro. Es el tiempo de apostar por México. 

 

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Fernando Castillo

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