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Opinión



El vergacentrismo de Perelló y el avance del hartazgo conservador

Lunes, Abril 17, 2017 - 16:29
 
 
   

Se puede pensar lo que se quiera, pero no se debe mencionar lo que uno quiera...

Marcelino Perelló evidenció, nuevamente, el machismo y la misoginia llevadas al extremó de la declaración pública. Tal como actuara Donald Trump mostrando el hartazgo del pueblo norteamericano con la diferencia, la diversidad y la multiplicidad, lo cual lo llevó a ganar la elección presidencial en los Estados Unidos; en México declaraciones públicas clasistas, xenófobas, homófobas y misóginas cada vez se escuchan en los medios de comunicación. Recientemente, los casos de Marcelino Perelló, quien lejos de dar un argumento legal y moral digno de nuestro tiempo, apelan al más vulgar, pero sentido odio hacia las mujeres. De igual forma lo hizo Nicolás Alvarado con opiniones clasistas, además del Premio Nacional de Periodismo 2017, Esteban Arce, cuando en 2009 dijo que “la homosexualidad no es normal”. También, en 2015, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, se burlaba de indígenas y de los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero. México, al igual que gran parte del mundo, está viviendo un avance de la derecha y la ultraderecha, del conservadurismo, que se ha volcado contra la diversidad y la multiplicidad social, política, cultural y sexual.

Lo diverso y lo múltiple, en el siglo XXI, se ha reeditado como anormal y, por lo tanto, combatible. Los derechos de las mujeres, el lenguaje y las prácticas con perspectiva de género, la conciencia de clase, el activismo político, la hospitalidad con los migrantes, el respeto por la preferencia u orientación sexual, el trato equitativo de los discapacitados, las personas de la tercera edad, el respeto por los derechos de niñas, niños y adolescentes, así como la valoración de los diferentes grupos raciales, étnicos y culturales, se han convertido en las banderas de la críticas de las y los intelectuales y de las prácticas constantes de la población en general. Pareciera que ya hay un hastío sobrado por la inclusión.

Si bien, la inclusión es un término que indica que hay quien incluye y define a los que deben ser incluidos, es cierto que términos de esta naturaleza han surgido de las múltiples demandas que han hecho los grupos que, históricamente, se han visto desfavorecidos en el ejercicio de poder. También es cierto, que una inclusión forzada, con calzador, lo que crea es mayor resistencia. Si aunado a los dos escenarios anteriores, se suma la incongruencia de hombres y mujeres en las esferas de gobierno que, por un lado, defienden férreamente los derechos de todo mundo, pero por el otro lado, negocian opresión, explotación, dominación, de mujeres y hombres a los cuales se les ha dicho que son ciudadanos, pero viven con derechos, y libertades mínimas, las banderas de la dignidad se convierten no sólo en panfletos de partidos políticos y grupos políticos, sino en el clavo enterrado en el zapato.

El vergacentrismo mostrado por Perelló es muestra de políticas públicas, obviamente gubernamentales, que se han vulgarizado en favor del orden patriarcal falogocéntrico. La disputa por la separación de mujeres y hombres no es una pugna entre estos, sino debe ser una lucha de ambos por mejorar las condiciones de infraestructura de transporte en las ciudades, por citar un ejemplo. De igual manera, el amparo a un violador no sólo es un problema de las partes involucradas, sino de la sociedad en conjunto, si es que quiere nombrarse democrática. No puede existir democracia sin cuerpos; no pueden existir ciudadanas y ciudadanos etéreos. Por lo tanto, la democracia implica mujeres y hombres concretos, a los cuales se les deben respetar todos sus derechos, se esté de acuerdo o no.

Asimismo, no se puede apelar a la libertad de expresión cuando se atenta contra la dignidad humana. Se puede pensar lo que se quiera, pero, no se debe mencionar lo que uno quiera y menos cuando hay una responsabilidad social en el uso de los medios de comunicación. Además, es más lamentable que figuras ligadas a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Máxima Casa de Estudios del país, sean quienes hacen este tipo de comentarios. De los políticos… bueno, se esperaría algo más, que quizá, es mucho pedirles.

El vergacentrismo es evidente. Y, en algo tiene razón Marcelino Perelló, sin verga no hay violación, es decir, en cada una de las violaciones de la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades individuales y colectivas, siempre la figura masculina hegemónica es quien las viola. Siempre, la violación de la dignidad humana es por un hombre, por una verga, concreta o simbólica. El conservadurismo masculino hegemónico avanza. No importa si son intelectuales, comerciantes, obreros, estudiantes, campesinos, él sigue avanzando.

 

 

Picaporte

Y, pues bueno, quizá al día de las elecciones en el Estado de México ya no habrá priistas libres. ¿A poco su candidato será quien cierre la reja? ¿o lo hará por dentro?       


Semblanza

Oscar Barrera Sánchez

Es doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Estudio la maestría en Comunicación y las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación y Filosofía en la UNAM. Ha impartido clase en licenciatura y posgrado en diferentes instituciones educativas del país

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Lo primero que habría que decir del libro y el autor que hoy nos convocan es que estamos frente a una novela divertida donde el personaje central —un académico especialista en Estados Unidos y México que por 30 años trabajó en el servicio diplomático— nos narra su terrible decepción amorosa a la par de una serie de acontecimientos que tienen a la República Mexicana al borde de la desaparición y su anexión al vecino país del norte para formar los Estados Unidos Agrandados de América.

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