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Opinión



Carta abierta a Miguel Ángel Osorio Chong

Lunes, Marzo 20, 2017 - 10:01
 
 
   

En caso Ayotzinapa: Argumentos similares a los de los nazis en Nuremberg y Frankfurt.

Lic. Miguel Ángel Osorio Chong

secretario de Gobernación de México

 

Presente

 

Posiblemente, en términos jurídicos, sea imposible responsabilizar al Ejército mexicano de su participación en el caso Ayotzinapa. Pero esa misma falta de pruebas a la que usted alude en respuesta a López Obrador, el deslinde de responsabilidades y la precisión acerca del destino de los 43 normalistas, no disminuye el peso moral que aún recae sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto y, de algún modo, sobre el Estado en su conjunto. Con ello, no quiero señalar que se trate de un crimen de Estado, propiamente dicho, ni renunciar a la demarcación de los grados de responsabilidad en la consecución del delito y mucho menos prejuzgar el papel que pudieron desempeñar las fuerzas armadas en esa aciaga noche de septiembre. Ante todo, me interesa subrayar el significado de un discurso dependiendo del lugar desde el que se emite y la fragilidad a la que la verdad está sometida por ese posicionamiento.

 

También los nazis intentaron desaparecer toda prueba del exterminio judío; lo consiguieron en el caso de Treblinka, no así en el de Auschwitz, aunque al término de la guerra pretendieron borrar toda huella de la existencia de este campo. Y salvo la inscripción en los archivos alemanes del paso de miles de judíos por el “lager” tampoco se puede probar con certidumbre la muerte de otros miles que desaparecieron como humo por las chimeneas.

El argumento que usted esgrime es el mismo que utilizaron en su defensa los propios nazis durante los juicios de Nuremberg y Frankfurt y, posteriormente, algunos de los militares implicados en crímenes de lesa humanidad durante las dictaduras en nuestro continente, y aun, durante nuestra Guerra sucia

 

Aducirá, también, secretario, que el reclamo del líder de MORENA “politiza” el caso en su favor. Y es cierto, además de su innecesaria confrontación con las fuerzas armadas, primero con la Marina, ahora, con el Ejército.  Sin embargo, no fue menos político el largo silencio del presidente de la República que siguió a la noche del 26 de septiembre, ni el desaseo que marcó la investigación para conseguir una “verdad histórica”, o la propia intentona presidencial de clausurar el duelo de los padres de los muchachos, como si la demanda de justicia o el afán por visibilizar las víctimas pudieran dictarse  desde un despacho burocrático, como si el olvido de un agravio así nos permitiera continuar la vida sin más y recuperar la confianza en las dañadas instituciones democráticas, tras los cientos de agravios que los mexicanos padecemos día a día.

 

A nadie escapa que los señalados hasta ahora como responsables de los acontecimientos de la noche del 26 de septiembre son apenas los eslabones más delgados de la inmensa cadena de corrupción que asola el país. Pero suponiendo lo contrario, el  reclamo de distintos actores sociales -incluyendo los padres de los estudiantes- por esclarecer los sucesos de Iguala y la devolución de los cuerpos al espacio público rebasa el carácter puramente material de la justicia por el cual se castiga a los responsables de un delito y se retribuye el daño a la víctima o a sus deudos, si es que se puede retribuir con algo la desaparición forzada de un padre, un hijo, un hermano, un amigo, si es que la vida de un ser humano pudiera encontrar una equivalencia económica como cualquier mercancía. Dicho reclamo debe comprenderse como una expresión más de la desconfianza ciudadana hacia las instituciones dada su clara incapacidad para disminuir o refuncionalizar todo aquello que amenaza a la propia sociedad- corrupción violencia, impunidad, etc.; la exigencia por la aparición de los cuerpos atraviesa la del reconocimiento de la vida singular e irrepetible de cada una de las víctimas y la corresponsabilidad del Estado por su desaparición y condena a la condición de “homo sacer”. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, demanda la reintegración imaginaria de esas vidas al espacio público del que fueron sustraídas ilegalmente; reclama el cumplimiento de la tarea básica de todo Estado, consistente en asegurar la vida de sus ciudadanos y reconocerles una existencia simbólica más allá de la dimensión biológica

 

 Lo más admirable de su respuesta al exabrupto de López Obrador es el modo como reproduce la lógica discursiva de prácticamente toda la clase política mexicana, entre el cinismo y la perversión, convirtiendo la falla del otro en un triunfo para sí y lo que representa. Sin embargo, piense, Sr. Osorio Chong, que esa falla es también la del Estado mexicano en su conjunto: la falta de transparencia, la impunidad, la exclusión, y sus consecuencias las pagamos todos. Algo nos dejó ver el caso Ayotzinapa y es que la corrupción mata.

 

                                                     En la Ciudad de México, a 18 de marzo de 2017

 

                                                                       Juan Carlos Canales Fernández


Semblanza

Juan Carlos Canales

Poeta y ensayista, nació en Puebla, el 23 de septiembre de 1959. Estudió una Maestría en Literatura española en la U.N.A.M. y, posteriormente, un posgrado en Teoría psicoanalítica. Actualmente es catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Buap.  

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