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Opinión



Puros cuentos

Domingo, Marzo 19, 2017 - 19:26
 
 
   

La nueva historia de la educación. Antes de Peña, caos, con la reforma, luz. La realidad se impone.

Parecería que el escenario se montara para que los asistentes a la presentación del nuevo modelo educativo escuchasen un cuento de hadas, en el que se incluirían chaneques, duendes, brujas, buenos y malos incluidos previa expulsión de un demonio que en otras cortes celestiales se sentase a diestra de quien todo lo puede y que fuese expulsado por pretender brillar más que su creador. El relator  -cuentista estrella- remitiría a los escuchas, como en todo los cuentos, al inicio de la creación y les recordaría que en un principio todo era un caos en el que los malos y los muy malos habían usurpado la rectoría educativa de la nación merced a un perverso acuerdo. Vendían y heredaban plazas en contubernio con una masa informe de trabajadores y trabajadoras de la educación que ejercían derechos adquiridos por medio de usos y costumbres, recurrían a todos los artilugios para abandonar los grupos académicos a los que se encontraban asignados y se comisionaban –ellos solos- para desempeñar labores sindicales. Un número mayor de los y las profesoras desertoras habrían hecho todo lo posible por no “atender” a los escuincles latosos y habrían cambiado jornadas de 4 horas para comisionarse y desempeñar labores administrativas durante 8 horas diarias, disminuirían voluntariamente sus vacaciones y de su pecunio, cubrirían los costos que las comisiones requerían. Muchos más desempeñarían encargos tales como mandos medios y superiores de las dependencias estatales de educación, se habrían desempeñado como subsecretarios en un 90 por ciento de la entidades del país -algunas en la federación- y habrían sido encargados del despacho educativo hasta en 24 administraciones locales al mismo tiempo.

 

Por si fuera poco, quienes usurparan la rectoría educativa -a juicio del relator-, con la complacencia de los ejecutivos federales en las administraciones emanadas de los partidos revolucionario institucional y de acción nacional, habrían tenido la osadía de incidir en la definición de la política pública en materia educativa y firmado un pacto (1992) con los gobernadores de los estados vigente hasta la fecha, que permitiera la descentralización de los servicios educativos, transfiriera recursos humanos, físicos y materiales a las entidades, reconociera el ejercicio legal y legítimo de las prestaciones derivadas de usos y costumbres y fomentara la existencia de un doble proceso de negociación salarial que incrementara sensiblemente a su vez los salarios de un sector de los trabajadores de la educación -conocidos como homologados-. Habrían también definido el rumbo de no una, sino varias elecciones presidenciales, legislado en ambas cámaras -la de diputados y la de senadores- y habrían ocupado secretarías y subsecretarías de estado en el gobierno federal, suspirando, por qué no, en hacerse de la titularidad del ejecutivo federal. Habrían asumido la secretaría general del tricolor y formado uno más, esencial al momento de formular alianzas y aprobar leyes contrarias al interés de las mayorías. Eran, además maestros y maestras, señalados por el relator y sus corifeos, como “los culpables del desastre educativo”, evidenciado por los resultados que niños y niñas obtienen en las pruebas nacionales e internacionales.

 

Sin embargo, no hay sindicato ni dirigente vitalicia que dure cien años, ni administración gubernamental que les aguante, por lo menos, no cuando quieren imponer condiciones y violentar una reforma elaborada a gusto de quien gobierna desde los pinos y de quien dicta la política pública en México, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE.

 

Empero, tras el caos se haría la luz, proseguiría el relator y señalaría que “en el principio”, Peña crearía el Pacto por México y las reformas estructurales. Destacaría que de ellas, la educativa sería de la de mayor relevancia y trascendencia, porque de esta dependería un futuro promisorio -competitivo- para niños, niñas y adolescentes y casi casi pronosticaría, en otras palabras, el ingreso de México como nación, al primer mundo. Acotaría que antes de Peña no había nada y que con él, el sistema educativo innovador - se articularía en 5 ejes (un cambio para dejar atrás la pedagogía sustentada en la memorización, la escuela al centro, formación profesional docente, la equidad e inclusión, la nueva gobernanza educativa-, mediante los que se lograría, señalaría el dueño del cuentista, “que los niños aprendan a aprender en lugar de memorizar, a través de un nuevo enfoque pedagógico, segundo pone a la escuela en el centro de la transformación educativa para mejorar el funcionamiento cotidiano de los planteles, éstos contarán con recursos propios, infraestructura digna y platillas de maestros completa, menos burocracia y en especial mayor autonomía de gestión”.

 

El cuento concluiría en cuatro o seis lustros más con la promesa de un futuro promisorio para los niños, niñas y adolescentes que se formen bajo las premisas del nuevo modelo educativo y con la emancipación de maestras y maestros sojuzgados por la maligna y su organización, aunque la libertad incluyera la conculcación de sus derechos laborales y el sometimiento a una evaluación institucional elaborada por burócratas que han sido de todo, menos maestras o  maestros frente a grupo.

 

No obstante lo esplendoroso del cuento o del relato y la promesa de un final feliz, la audiencia, al salir del evento se percata de la existencia de escenarios diferentes a los narrados. La realidad es necia a pesar de la obstinación de Peña en culpar de todos los males a las administraciones pasadas, a las panistas y sin realizar ninguna autocrítica a las priista e inversa a la negación de concesiones políticas que anuncia Nuño, a pesar del fortalecimiento previo que ha tenido la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y del relanzamiento posterior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), para enfrentarlo. De la falta de tiempo y recursos monetarios para capacitar, actualizar y profesionalizar al personal docente, al que se destinan irrisorias cantidades -100 pesos por cabeza en básica y menos de la mitad en media superior-, de los intocados planes de estudios de profesorado en formación y de los limitados resultados para dotar de “infraestructura adecuada” de las plantillas de profesores completa a las escuelas mejor ni hablar, porque se le quedarían de encargo a la nueva administración. En resumen puros cuentos.


Semblanza

Gustavo Santín Nieto

Oriundo de la ciudad de Toluca y poblano por elección, caracterizado por ser una persona solidaria, gran amigo, buen padre y siempre comprometido con la educación, cursa estudios y obtiene el título de Profesor de Educación Primaria en el Instituto Normal de Puebla en 1969. Estudios la preparatoria en la escuela “Benito Juárez García” de la Universidad Autónoma de Puebla, de licenciatura en Economía en la Facultad de Economía en la UNAM, Ciudad de México; y de maestría en Administración Pública en el ámbito Estatal y Municipal, en el Instituto Nacional de Administración Pública capítulo del estado de Puebla. Compartiendo su conocimiento para llegar a otras mentes, ha brindado su apoyo y asesoría a la Secretaría de Educación Pública del Estado de Tabasco, la Secretaría de Educación Pública del Estado de Michoacán y la Secretaría de Educación del Estado de Guerrero, por nombrar algunos. Fungió como miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación SNTE así como del Colegio Nacional de Economistas. En el sector público, se ha desempeñado como profesor de educación primaria en la CDMX y catedrático del Instituto Normal del Estado de Puebla. Fue profesor durante 11 años de asignatura de la facultad de Economía de la UNAM, director de la Participación Social de la Secretaría de Educación Pública del Estado de Puebla, Director General de Recursos Materiales y Servicios Generales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, Secretario de Rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Director del Plantel Puebla 1 del CONALEP, Director de Documentación y Estadística del Gobierno del Estado de Chiapas, Coordinador Académico de la Facultad de Economía de la UAEM. Así como colaborador, por más de 20 años, en la Columna Semanal   “Maestros” del periódico La Jornada, director general de la Revista Conceptos y del periódico mural Mexitli de la Secretaría de Educación Puebla. Escribió algunas columnas en el extinto  Periódico “El Nacional”. Sus colaboraciones se publican en los períodicos digitales E-consulta, Ángulo 7, Entorno político (Veracruz) e Impulso informativo. Desde 1992, emprende el Instituto Universitario Puebla como un proyecto de oferta educativa de calidad con ejes clave como lo son el humanismo y la sustentabilidad, confiado de que, es la educación misma, el eje motor para la consolidación de seres humanos plenos, responsables y capaces con la sociedad y el planeta. Se declara partidario y participativo de la Sociedad Civil organizada, como la única opción de cambio real y factible ante la crisis actual de los partidos políticos. Actualmente es el coordinador ejecutivo la Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Media Superior y Superior.

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