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Opinión



El modelo, el mapa y el destino

Domingo, Marzo 19, 2017 - 23:23
 
 
   

Dimensiones teórico-filosófica, pedagógica, curricular, didáctica y de gestión institucional.

“Los seres humanos viven en un mundo real. Sin embargo, no operamos directa o inmediatamente sobre ese mundo, sino que operamos con un mapa o con una serie de mapas o modelos que usamos para guiar nuestro comportamiento”.

John Grinder. (http://www.frasesypensamientos.com.ar/frases-de-mapa.html )

 

El lunes pasado se presentó públicamente, en una ceremonia encabezada por el presidente Peña Nieto y el secretario Aurelio Nuño, el nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria que se supone recoge los elementos planteados en la amplia consulta pública que se realizó en septiembre del año pasado sobre los tres documentos preliminares publicados por la SEP Federal en su página oficial: Los fines de la Educación en el siglo XXI, El modelo educativo 2016 y La propuesta curricular para la Educación obligatoria.

 

Como ya se ha publicado, se trató de un acto político muy al estilo del priismo más tradicional en el que más allá de las frases de autoelogio al gobierno que se acostumbran y de elementos anecdóticos planteados por el secretario para hablar de algunos de los rasgos del nuevo modelo, se dijo muy poco del proceso y los cambios a los que se llegó en este documento definitivo respecto a los borradores que le dieron origen.

 

De manera que aún asumiendo que una ceremonia política como la referida tuviera como destinatarios a los ciudadanos comunes y no fuera el lugar adecuado para un anáisis puntual del proceso y el documento presentado, la SEP quedó a deber a los que nos dedicamos a investigar y analizar la Educación y a los actores directamente responsables del proceso educativo que fuimos consultados el año pasado, un espacio en el que se nos haga un recuento detallado de la forma en que se hizo la sistematización y análisis de los documentos entregados en la consulta nacional y de qué elementos fueron incorporados, modificados, enriquecidos o suprimidos del modelo original a partir de lo que aportamos todos los participantes en la consulta.

 

En mi artículo del día de la presentación planteaba la relevancia del nuevo modelo para la definición del futuro que queremos para la educación en nuestro país, dejando de lado el círculo vicioso que nos mantiene encerrados en el orgulo de lo que fuimos y el caos en el que estamos atrapados hoy.

 

En esta segunda entrega sobre el tema quiero referirme a un elemento fundamental que puede ayudarnos a emprender el análisis puntual del nuevo modelo educativo sin perder el foco. Se trata de la definición y los componentes de todo modelo educativo.

 

Porque a partir de la presentación del modelo se han publicado una gran cantidad de artículos y comentarios que en muchos casos le piden a este documento cosas que ningún modelo educativo puede dar.

 

“El modelo educativo no garantiza la mejora de la calidad educativa en el país…”, “el modelo educativo no dice de qué manera se va a resolver el problema del rezago educativo ni con qué recursos…”, “El modelo educativo no habla nada acerca de la forma en que se combatirá la pobreza que es el problema principal de la sociedad mexicana…”, son algunos de los cuestionamientos que he leído acerca del documento presentado.

 

Es evidente que un modelo educativo no puede incluir todos los elementos teóricos, prácticos, estratégicos y operativos para abordar la totalidad de los problemas relacionados con la formación de las nuevas generaciones.

 

Porque un modelo educativo es básicamente una expresión conceptual que de manera global define, a partir de una filosofía que le sirve como fundamento las nociones básicas de Educación, Educador, Educando e Institución educativa y los fines que busca la educación en un contexto histórico-social determinado, así como algunos elementos organizativos generales para articular los distintos componentes del sistema educativo y orientarlos hacia los fines buscados.

 

De este modo, un modelo educativo tiene al menos una dimensión teórico-filosófica, una dimensión pedagógica, una dimensión curricular, una dimensión didáctica y una dimensión de gestión institucional o sistémica.

 

En la primera dimensión se plantea el paradigma filosófico que sirve como fundamento del modelo en el que deben quedar claras las concepciones sobre el ser humano, la realidad, el conocimiento y la ética o los valores que se asumen como propios. En la segunda dimensión se plantean las definiciones básicas sobre qué se entiende por educar, quién es el educador y quién el educando y cómo se deben relacionar para buscar que se realice adecuadamente el modelo educativo. En esta dimensión deben quedar muy claros los fines que se persiguen al educar.

 

En la tercera dimensión se tiene que plantear la estructura curricular básica, es decir, la forma en que estarán organizados los espacios formativos y su articulación hacia los fines buscados. La cuarta plantea la forma en que se entiende el aprendizaje y los principios metodológicos básicos para promoverlo y la última se ocupa de definir las características que debe tener la gestión institucional de las escuelas y el sistema para poder facilitar desde la administración el flujo libre y eficaz de las actividades formativas.

 

Se trata entonces de un mapa básico que muestra el terreno que se pisa, el destino final al que se aspira llegar y los caminos y estrategias para recorrerlos. Un mapa indispensable para tener una idea común de la meta a la que aspiramos llegar y del recorrido que vamos a tener que emprender para lograr arribar a ella. Porque aunque vivimos en el mundo real, no nos movemos en él de manera inmediata sino siempre a través de la mediación de mapas o modelos que guían nuestros comportamientos.

 

Pero como afirmaba Herman Melville, los sitios de verdad no están marcados en ningún mapa, esos los vamos encontrando y descubriendo al caminar guiados por el mapa que sólo es una representación que sirve de guía.

 

Así como afirmaba hace tiempo en el caso de la evaluación docente que es un termómetro necesario para diagnosticar pero no sirve para curar la enfermedad, así tenemos que asumir claramente que el modelo educativo es solamente un mapa –más o menos útil y preciso, eso habrá que analizarlo con calma- pero no puede garantizarnos el arribo al destino de una educación de calidad.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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