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Opinión



El ejercicio de la libertad de expresión

Domingo, Agosto 7, 2016 - 08:56
 
 
   

El periodismo consiste en decir cosas que alguien no quiere que digas

El periodismo consiste en decir cosas que alguien no quiere que digas: todo lo demás son relaciones públicas.

George Orwell

Pensar en el periodismo y agregar la palabra crítico es una tautología, una sinrazón, un pleonasmo, una reiteración mal ávida de los medios de comunicación masiva. Curarse en salud bajo el concepto de “periodismo crítico” es la salida fácil y autocomplaciente ante la irresponsabilidad de algunos de sus actos, ligados al poder, a los grupos políticos e ideológicos que construyen y determinan los sentidos y rumbos no sólo del opinar de las poblaciones, sino su manera de vivir, sentir, pensar, aspirar. El periodismo no es sólo un asunto de Agenda setting, sino de responsabilidad social. Es así como la experiencia de compartir algunas reflexiones, cada jueves, en e-consulta.com se convierte en una necesidad de escribir, de comunicar, una contraopinión, ante las opiniones legitimadas de los medios hegemónicos de comunicación.

Lejos del rating, del número de compartidos en Facebook o la cantidad de reproducciones en Twitter, la labor periodística y la responsabilidad de dar voz a quien no la tiene es un acto de compromiso ante la realidad que vive Puebla, pero también México. Viejo ejercicio dialéctico, constante y necesario, de integrar la totalidad en la parte, para que ésta sea un todo que contrapuntea a la propia totalidad. El periodismo no sólo implica reproducir una parte de los hechos sociales, la que los ojos de un sujeto atravesado por discursos mira, o la generalidad que dice mucho sin poder afirmar algo, cayendo en el vacío de la palabra sin sentido.

El periodismo es el oficio de la mirada constante, acechante; del oído agudo, exquisito; del olor de los placeres como de la inmundicia; del gusto intenso de los manjares y de la escasez; del tacto firme y sutil del otro; el periodismo implica el ejercicio, el uso de los sentidos al máximo. Pero no se queda ahí, en el percibir entrenado. La traducción de los sentidos en la palabra escrita presenta la contradicción de la experiencia de la vida en la tragedia de la sujeción del concepto, de la palabra. Ante esta traición de atrapar en unas cuantas grafías las sensaciones generadas por los hechos sociales, el periodista debe tender una trampa a las palabras; debe ser tan cálido con las personas, con sus dolores y alegrías, pero tan frío y calculador con las frases, con su sentido, su acomodo; en el decir verdades directas o por metáforas, siempre pensando en su compromiso con los demás, con los lectores, con la opinión pública, pero sobre todo con la ciudadanía, con el pueblo y, de éste, con quienes han sido callados, orillados, olvidados, con las y los que menos tienen.

El periodista se convierte en un tejedor de discursos, en los cuales el acto de leer y, obviamente, el lector, se convierten en sus cómplices, antes matutinos o de segunda edición, ahora, de instantes, de cualquier número de ellos. Cambio de sentido neoliberal y resistencia semántica, nombrar consumidores ahora a los lectores, como si el ejercicio de la opinión y la argumentación pudiera obtenerse en los escaparates de las frívolas boutiques

citadinas, cuando la información, como derecho, debería ocupar un lugar primordial en la canasta básica, en los artículos de primera necesidad.

Esa es la intención de ser claros, oportunos y, quizá (con un poco de suerte y esfuerzo) verídicos en el momento de opinar, de ofrecer los argumentos más solidificados a través del análisis, la reflexión y un posicionamiento ético y político, que acerquen la mirada a la realidad, ayuden a comprenderla y funja como abogado del Diablo, ante la certeza personal. Escribir en e-consulta implica ese ejercicio constante, esa ascética política del decir verdad, misma de la ciudadanía democrática, no la del convencimiento, sino la de la constatación con la realidad.

¿Censura? Nunca la he sufrido en el diario en línea poblano. ¿Autocensura? No está en mis planes. Sufrir la primera implicaría la responsabilidad ética que tiene cualquier persona, pero sobre todo cualquier periodista: denunciarla y retirase sacudiéndose los pies, como lo recomendaba Mateo, el bíblico. Padecer la segunda, implicaría no ocupar una posición de dignidad humana, de igualdad ante los Otros, de afirmación en el mundo, pero sobre todo traicionar a quien deposita su decir, su sufrimiento, su dolor, sus necesidades, al igual que al oficio (muchas y muchos compañeros han sido asesinados por ejercer su trabajo dignamente) y la veridicción. Autocensurarse sería solicitar una membresía de huésped distinguido en el noveno círculo del Infierno dantesco, tanto en su Caina, como en la Antenora, la Antolomea y la Judeca.

¿Jugar con Dios y con el Diablo, al estilo zabludovskiano? No, ya que nadie puede servir a dos amos, al menos a mí me resulta difícil hacerlo. No sé si lo publicado cada semana sirva a Dios, si Él es bondad y misericordia, ya que lo mío es la discordia ante el engaño; el grito ante la injusticia; la denuncia ante la explotación, la opresión y la infamia; la rabia ante la privatización de la patria y de los derechos fundamentales de cada persona, de cada ciudadano, de cada hombre y mujer habitantes de este mundo. Si Dios busca lo mismo que yo o, para evitar la blasfemia, yo busco lo mismo que Él, no dudo en servirlo, con todo el amor, mismo que a mi prójimo y al que no lo es, también.

Tampoco sé si estoy al servicio del Diablo, por no ser un instrumento de paz, pero, ¿quién podría serlo ante gobernantes sin escrúpulos, asesinos de cuerpos, almas y esperanzas? ¿quién podría serlo ante la criminalización de la protesta social, la tortura, las desapariciones forzadas, los feminicidios y las ejecuciones extrajudiciales? ¿quién quiere una paz perpetua que acalla? No sé si sirvo al jefe de las huestes del Infierno al no perdonar la mezquindad de empresarios nacionales y extranjeros; la voracidad de intereses de países intervencionistas, y la rapacidad de las grandes corporaciones transnacionales. Quizá sirvo más a ese Dios libertario, revolucionario, materializado en cada persona, el que acompaña a los pobres en su proceso de liberación, que bajo la lupa moral de la burguesía económica y política lo hacen ideológicamente más cercano al Diablo, cuando ellos mismos son la legión que oculta su esencia demoniaca.

El diario e-consulta muestra este compromiso no sólo con el periodismo en sí, sino con la libertad de expresión, la manifestación pública de las ideas, la construcción de opinión pública, la contextualización de los discursos, la pluralidad de las voces diversas, el compromiso con la veridicción y la esperanza con las voces sin escucha. Dialogicidad del periodista y el medio. Comunión entre el redactor y el lector a través del medio, que siendo sólo un medio, un instrumento, ya es el altavoz del mensaje. Comunión, comunidad,

comunicación: compromiso con la constitución material de un ideal, una utopía. Piedra de Sísifo cargada cada semana, con la intención de despertar “algo”, lo que fuera en quien busca, en quien se tropieza con las palabras de una opinión, que en el caso de su servidor, quizá sea una contraopinión; un sentir obligatorio que provoca incomodidad en algunos; una serie de sentencias políticamente incorrectas, pero ética y moralmente urgentes.

La libertad de expresión es el alma del periodismo, peleada y ganada con sangre, coagulada por el tiempo, y tan fresca por el infame asesinato actual de compañeras y compañeros. Palabras escritas, comunicadas, asumidas como compromiso con los demás, con los lectores; sentencias de muerte, testamentos, piedras de intifadah, proyectiles que quizá alcancen un cuerpo. El periodismo es una pasión, hace vibrar, palpitar con los otros. ¿Hay algo que pueda hacer más a un periodista?

Ser o asumirse periodista implica ser crítico, es decir, ir a buscar el camino del fundamento entre conocimientos válidos y conocimiento aparentemente válidos, pero también ubicarse como productos de una constante crisis: económica, política y social, propias de nuestro tiempo, de nuestro país y de nuestra región. Por lo tanto, no se puede ser periodista sin ser crítico, sería una insoluble contradicción. El diario e-consulta, en Puebla, es un esfuerzo por ser el instrumento de ese camino de búsqueda y ese sitio de crisis que hacen un periodismo comprometido. La labor periodística, mi cruel misión en e-consulta, como dijese George Orwell, es: “Si la libertad significa algo, será sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír”.


Semblanza

Oscar Barrera Sánchez

Es doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Estudió la maestría en Comunicación y las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación y Filosofía en la UNAM. Ha impartido clase en licenciatura y posgrado en diferentes instituciones educativas del país

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