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15 cosas que debes saber de tus pezones: Puedes tener un orgasmo

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Redacción  |
 Domingo, Julio 29, 2018

Los pezones pueden dar información importante sobre la salud de los pechos, así que conviene conocerlos bien

Aunque todos tenemos pezones, lo normal es que no nos interesemos por ellos nunca, excepto si estamos amamantando, teniendo relaciones sexuales, a punto de hacernos un piercing u situaciones en concreto.

Los pezones pueden dar información importante sobre la salud de los pechos, así que conviene conocerlos bien: ya sea por practicidad o simple curiosidad, nos puede resultar muy útil familiarizarnos con ellos y aclarar las múltiples dudas que puedan surgirnos.

1. Pezones desiguales

Al igual que es común que los senos sean diferentes entre sí en su tamaño, forma o situación, uno de los pezones puede ser más grande o estar situado más arriba o abajo que el otro, sin que eso suponga ningún problema.

Otra cosa es que se produzcan cambios repentinos en uno de ellos: conviene mirarse en el espejo, poniendo las manos en las caderas, para comprobar si todo sigue igual. Cuando ambos pezones cambian al mismo tiempo, no suele ser síntoma de nada, pero si uno presenta inflamación, dolor, calor, rojez o retracción -metido hacia dentro-, es importante que acudamos al médico para que este realice las pruebas necesarias y dé con un diagnóstico.

2. Pezones hacia dentro o hacia fuera

Aunque la mayoría de los pezones sobresalen hacia fuera, entre el 10% y 20% de las mujeres los tienen planos o invertidos, es decir, hacia dentro, retraídos hacia el tejido mamario y formando un pliegue o pequeña hendidura.

Si siempre han estado hacia dentro, no pasa absolutamente nada, se puede amamantar y disfrutar de su sensibilidad en el plano sexual de la misma manera. Solo debemos extrañarnos si uno de los dos se contrae o aplana repentinamente: “La retracción del pezón puede indicar un cáncer o un proceso inflamatorio, aunque también pueden existir otras alteraciones, como la aparición de secreciones sanguinolentas o blanquecinas (galactorrea)”, aclara Santiago Palacios, ginecólogo del Centro Médico Instituto Palacios.

3. La forma y el color puede variar

Pequeños, medianos o grandes, los pezones vienen en todos los tamaños y todos son perfectamente normales. La aureola, ese área circular más oscura que el resto del pecho y generalmente elevada que se encuentra alrededor del pezón, también puede ser de mayor o menor tamaño.

Lo mismo ocurre con el color: del rosa pálido al marrón oscuro, pasando por tonos intermedios, todos son válidos... excepto la rojez, que sí suele ser síntoma de que algo no va bien.

4. Los bultos en la aureola tienen un propósito

Esos pequeños bultos que surgen en la aureola no están ahí por casualidad, hasta tienen un nombre: glándulas de Montgomery. Se llaman así por el obstetra irlandés que investigó su función en el siglo XIX y que descubrió que, cuando se estimulan, por ejemplo durante la lactancia, libreran una secreción aceitosa. Así, mantienen la zona hidratada y la protegen de la sequedad y bacterias del mundo exterior. Además, su olor puede ayudar a atraer a los bebés hacia el pecho.

Mientras que algunas mujeres tienen solo unos pocos tubérculos de Montgomery, otras tienen muchos. Su tamaño y aspecto también se ven modificados durante el embarazo y la lactancia. Siempre que no presenten cambios repentinos, son perfectamente normales. Sin embargo, el dolor -sobre todo a la palpación-, enrojecimiento o calor sí podría indicar una infección como la mastitis que, como explica el Doctor Palacios, tras un tratamiento con antibióticos recetado por el médico, desaparece completamente.

5. Tener pelo en los pezones es natural

Las aureolas tienen folículos capirales, así que es normal que la mayoría de las mujeres se encuentren con que les crecen pelos alrededor. Puede aumentar su crecimiento en determinados momentos -antes o después del embarazo- y sigue sin ser motivo de preocupación. Sin embargo, un exceso de crecimiento de vello puede significar desequilibrio hormonal, que en ocasiones se traduce en el síndrome del ovario poliquístico, por lo que, si se considera excesivo, conviene consultar a un médico para despejar dudas.

Si no existen desequilibrios hormonales, la única molestia que pueden ocasionar es estética. Se recomienda que, si se quieren eliminar, se haga usando métodos no agresivos, como las pinzas depilatorias, y se eviten aquellos que sí lo son y pueden ocasionar quemaduras o cortes, como las cuchillas.

6. Los piercings en los pezones sí pueden ser peligrosos

Está comprobado que la perforación del pezón está asociada a un mayor riesgo de desarrollar absceso mamario subaureolar, es decir, acumulación de pus. Esta suele ocurrir como resultado de una mastitis mal curada o una obstrucción mamaria sin tratar y no resulta indolora, precisamente.

Una perforación también puede dañar los conductos por los que sale la leche y dificultar la lactancia o producir una reacción alérgica debido al metal con el que se realiza, por no hablar de cuando no se toman las medidas higiénicas adecuadas y existe el riesgo de contraer hepatitis B, C o VIH.

7. La secreción

La secreción del pezón no es un fenómeno extraño fuera del contexto de la lactancia, aunque las mujeres que han pasado por un embarazo son más propensas a ella. Puede deberse a razones tan triviales como una fricción con el sostén o camiseta, uso de ciertos medicamentos o hierbas -anís e hinojo-, mama fibroquística o dilatación de los conductos galactóforos.

En los peores casos, se debe a una infección o un cáncer, como la enfermedad de Paget. Santiago Palacios comenta que “la galactorrea -la aparición de secreciones por el pezón, sobre todo lácteas- puede significar simplemente la expresión de estimulaciones del pezón, deberse a la toma de ciertos farmacos, a un prolactinoma o a un tumor mamario”. Como el espectro de posibilidades es tan amplio, conviene consultarlo siempre con un médico.

8. Cuando se tienen tres pezones... o más

Algunas personas -en torno al 0.2%- tienen un tercer pezón a lo largo de la línea vertical de los pechos, que cubre desde la cabeza hasta los pies. Durante el embarazo, el feto en fase de crecimiento desarrolla dos líneas del ectodermo (la parte que se convertirá en piel), conocidas como de leche o mamarias, que se extenderán desde las axilas hacia el pecho y el estómago hasta llegar a la ingle y que más tarde se transforman en lo que se conoce como crestas mamarias.

Estas desaparecen más tarde de los muslos, estómago y axilas y se quedan en la parte del pecho, donde crecerán y se desarrollarán los pezones. Algunas no desparecen, y es cuando puede surgir un nuevo pezón. Este puede percibirse en el mismo momento del nacimiento o agrandarse y diagnosticarse durante la pubertad. En cualquier caso, suele ser inofensivo, aunque en casos aislados pueda generar molestia.

9. Cambio de color durante el embarazo

Es común que los pezones y las aureolas se vuelvan más oscuros durante el embarazo debido a cambios hormonales que pueden afectar a la cantidad de melanina que produce el cuerpo, alterándose con ello el pigmento de la piel. Asimismo, un embarazo puede provocar un cambio en el tamaño de los pechos, lo que provoca también que los pezones tengan más relieve o vello en las aureolas y alrededor. Aunque la mayoría de estos cambios son temporales, algunas mujeres no llegan a recuperarse por completo.

10. Se puede conservar el pezón tras una operación por cáncer de mama

Se puede optar por una cirugía con conservación del pezón, que es una variación de la mastectomía con conservación de piel. Con ella se extirpa el tejido del seno, pero la piel y el pezón quedan en su lugar, de manera que existe la opción de reconstruir más adelante una mama libre de cáncer. Este procedimiento es una opción más frecuente en mujeres que padecen un cáncer pequeño en etapa temprana cerca de la parte externa del seno, sin ningún signo de cáncer en la piel o cerca del pezón, y para mujeres con senos pequeños o medianos.

11. Existen los orgasmos de pezón

Los pezones tienen muchas terminaciones nerviosas, por lo que son muy sensibles. La estimulación del pezón es común durante las relaciones sexuales y aunque no tiene por qué gustar a todas las mujeres, hay quienes son capaces de llegar a un orgasmo solo a través de ella: la estimulación del pezón y la genital activan la misma parte del cerebro, según una investigación publicada en el ‘Journal of Sexual Medicine’ en el año 2011.

12. La lactancia puede ser dolorosa

Aunque es una experiencia muy íntima, natural y bonita, de unión entre la madre y el bebé, no siempre es placentera. Muchas madres experimentan molestias al amamantar a sus bebés debido a una mayor sensibilidad del pezón durante las primeras semanas de lactancia. Sin embargo, si se produce dolor o molestias excesivas, habría que consultar con un especialista para asegurarse de que entra dentro de lo normal y descartar se trata de una infección como la mastitis que, cuando se produce, suele ser durante el primer mes.

Los síntomas de la mastitis incluyen escalofríos, fiebre y fatiga y pueden aparecer gradual o repentinamente. Se produce debido a la acumulación de leche en los pechos, la congestión mamaria o la taponación de los conductos. Lo bueno es que, como indica Santiago Palacios, desaparece completamente tras el tratamiento oportuno con antibióticos.

13. Su autoexploración es importante

Los médicos recomiendan comenzar las autoexploraciones de los pechos en los pezones, observando cualquier cambio y si hay secreciones sanguinolientas o de otro tipo, procesos inflamatorios o hundimientos del tejido. Si se percibe algo, el doctor Palacios recomienda acudir al médico para que este examine, diagnostique y en caso necesario, trate. El médico que corresponda puede realizar una ecografía mamaria, mamografía o resonancia mamaria, dependiendo del caso, o una toma de muestra (exudado o biopsia).

14. Ojo con la sequedad y la inflamación

Aunque la sequedad es relativamente común, especialmente durante el invierno, si se ha estado deshidratado o se han usado jabones agresivos y debido a algunos sujetadores, como los deportivos, si se produce sequedad o escamación en uno de los pezones y esta no desaparece, puede tratarse de la enfermedad de Paget, que se asocia con el cáncer de mama.

De igual manera, si uno de los pezones se vuelve rojo, duele o está caliente, hay que acudir al médico de inmediato, pues son signos de inflamación que pueden indicar mastitis o cáncer de mama inflamatorio.

15. No todos los cambios son alarmantes

Incluso si durante una autoexploración se ha notado un bulto o marca extraña, puede tratarse de una simple queratosis seborreica o angioma. No hay que alarmarse por cualquier cambio, simplemente seguir las instrucciones relativas a las autoexploraciones y acudir al especialista siempre que se perciba algo fuera de lo normal.

Con información de La Vanguardia

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