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Musulmanes en Puebla viven su principal celebración: el Ramadán

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Laura Ruiz  |
 Martes, Mayo 15, 2018

Los aguaceros poblanos han marcado algunas de las fechas clave de esta comunidad que convive con una cultura tan mezclada como la poblana

Llovió como no había llovido en toda la temporada. Fueron aquellas, de hecho, las primeras aguas de aquél 2017 occidental y 1438 árabe.

La noche del 27 de mayo  de ese año comenzaba  la principal celebración musulmana: el Ramadán, un mes de ayuno o sawm; desde que sale y hasta que se mete el sol; medido con los minutos meticulosos de un meteorólogo. Un mes de abstinencia, de agua, alimento, relaciones íntimas, pero sobre todo un mes sin críticas, pero con ayuda al prójimo.

Uno de los cinco pilares que definen al Islam.

La tarde de este 15 de mayo comenzó de nuevo la cuarentena del noveno mes musulmán que terminará el 14 de junio. Y volvió a llover

En Zona Dorada, una parte del Islam

Para aquél Ramadán de 2017 se cayó el cielo en el oriente, sí, pero en el de Puebla. Cayó sobre las láminas del local de una zona comercial de lo más poblano:  la Dorada.

Por fuera se anuncia una casa de seguros, al lado una tienda de productos para estilistas, y sólo al tenerlo enfrente, los mosaicos azulados y de vinil desgastado en los cristales corredizos denotan que se trata de algo musulmán. La Casa del Islam en PueblaSu musalah.

Del otro lado del mundo las mezquitas se erigen, unas más majestuosas que otras, con torres como alfileres que se ven desde cualquier punto de la metrópolis, ciudades y pueblos árabes. Desde ellas se escuchan cantos de las cinco oraciones o salat, que se hacen al día, desde que madrugan y hasta que van a dormir. Oraciones que recuerdan a creyentes su encuentro con Alá y el cumplimiento de un segundo pilar de la religión.

Aquí –en Puebla-  se reúnen en una musalah, sitio menor para oraciones, dentro de su  práctica religiosa.

En el 2004, un comerciante paquistaní que llegó a la ciudad y quiso reencontrarse con su fe comenzó a rezar en la parte alta de un edificio de locales de la Avenida 16 de Septiembre y la 3 Poniente. De ventana a ventana, los musulmanes comenzaron a verse con los católicos poblanos.

Se sumaron un marroquí y  otro más. Juntos buscaron a los musulmanes de la Ciudad de México que practicaban la fe desde mediados de los noventas y hasta 2017 había entre 150 y 200 creyentes, según su Imán o líder religioso, Mukhtar Farhati. Más de una centena de ellos poblanos que han llegado ahí y afirmado la profesión de su fe o sushahada, un tercer pilar del Islam, entre historias de curiosidad por una cultura ajena, una religión sin imágenes e incluso por amores extranjeros.

Con La Meca rumbo a Orizaba

Desde 2011, quienes pueden, se reúnen ahí los viernes por la tarde para la oración especial de ese día, que en el catolicismo equivaldría a un domingo y en el judaísmo a un sábado. Se inclinan hacia La Meca, esa ciudad sagrada de Arabia Saudita a la que deben visitar una vez en la vida, según el cuarto de los pilares islámicos y que en el caso de la Angelópolis queda en dirección a la Autopista Puebla – Orizaba. Aprenden del Corán, del diezmo o quinto pilar, del idioma y de la cultura árabe. Compran alimentos producidos por los integrantes de la misma comunidad y de vez en cuando presencian shahadas y matrimonios.

Con el aprendizaje de la cultura, los conversos han adoptado poco a poco prácticas que van desde sacar de su dieta la carne de puerco y sus derivados, que en Puebla se consumen hasta en dulces típicos, o lo más controversial del Islam que tiene que ver con los tratos a la mujerLo más visible de ello, reconocen las conversas, es el velo o yihad que en una ciudad no árabe se convierte en un reto. Ya sea en sus familias de mayoría católica o en sus trabajos y en la calle donde se ignora la práctica, enfrentan críticas, miradas y cuestionamientos incómodos sobre la misoginia o el terrorismo con que tanto se liga mediáticamente al Islam.

Según la literatura de acceso y difusión libre para cualquier persona que visite la musalah poblana, esa y otras más son prácticas que se basan en el respeto y protección hacia la mujer. Para las conversas, se trata de una decisión que han tomado y que buscan asumir como lo hacen con las oraciones, la vestimenta modesta y por primera o segunda vez en la mayor parte de los casos, con el ayuno del Ramadán. Entre ellas hay estudiantes de educación media y media superior, profesionistas, comerciantes y amas de casa.

Aunque según estimaciones del Imán en Puebla la cifra de musulmanes podría alcanzar los 200, no todos ellos asisten al mismo tiempo a la musalah. A las 20:35 horas del 27 de mayo de 2017 en que se rompió el primero de 30 ayunos, se reunieron por ejemplo, apenas una veintena de hombres y mujeres que, retrasados por la lluvia llegaron a compartir alimentos entre todosSandía picada, pan dulce de un supermercado, refresco guisados orientales con verduras y semillas mexicanas. El fin del Ramadán llegó el sábado 24 de junio del año pasado también a la mitad de una tormenta que cayó desde la tarde de ese día y hasta la madrugada del 25 en que se rompió el ayuno. Al paso de los días se aprovechó para la conversión de creyentes y para la realización de actividades altruistas.

Por ahora son pocos los poblanos que se reúnen para practicar la principal celebración musulmana. Para el censo de 2015 del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) hasta son invisibles, pues no se les menciona en ningún porcentaje. Pero para las tendencias del mundo son una apuesta. De acuerdo con los estimados del Pew Research Center, organismo especializado en estadísticas internacionales, había hasta 2010, 1.6 billones de musulmanes en el mundo y al llegar a 2050, la suya será la religión de una tercera parte del mundo, con 2.8 billones de practicantes

Norteamérica, es la cuarta comunidad más grande y el tema de la migración hacia Estados Unidos la proyecta con potencial de crecimiento.

Mientras tanto, en Puebla los musulmanes crecen poco a poco. Si se presta atención una que otra vez, en el Centro Histórico se puede observar a una mujer con velo o yihad por las calles. Una familia perteneciente a esta cultura y tradición también comercializa en las vendimias ocasionales de la Plazuela del Carolino, empanadas y postres árabes. En tanto que en la página de Facebook del Islám en Puebla es común encontrar nuevos mensajes de interesados en conocer la práctica, seguidos de la siempre amable contestación en la que se les invita a encontrarse en su musalah todos los viernes por la tarde.

Cualquiera es bienvenido

Ahí dentro, en el refugio musulmán poblano, cualquiera es bienvenido ya sea para hacer parte de sus prácticas religiosas o simplemente para conocer  de cerca el mundo árabe, pero sin ir más allá del Bulevar 5 de Mayo y la 43 Oriente. Basta seguir las reglas de convivencia, como sucedería en cualquier otro templo religioso. El yihad, si se es mujer, se resuelve con alguno de los muchos velos que guardan perfumados, doblados y ordenados en espera de visitantes. Los zapatos fuera hacen sentir que todos, hombres o mujeres, musulmanes o no, son iguales. Los dos besos, uno en cada mejilla, regalados de practicantes hacia quien sea que ahí se haga presente sin importar a qué va y acompañados de la frase "As-salum Aláikum" cuya definición describe al Islam más allá de los prejuicios y con palabras que a muchos les gustaría escuchar sin importar la religión: que Dios te de protección y seguridad.

   


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