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Maestro Aquiles: Antorcha, la ciudad y el partido que viene

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Sergio Mastretta / Mundo Nuestro  |
 Lunes, Noviembre 13, 2017

Al final de su discurso Aquiles Córdova Morán deja escapar la palabra venganza

“Los antorchistas sabemos tomar venganza –exclama ante la masa que lo ha escuchado hablar por una hora y 45 minutos-, una venganza dentro de la ley, pero una venganza justa…”

Son las 9.50 en el estadio Cuauhtemoc, y está a punto de terminar su discurso en el aniversario 43 de la veterana organización Antorcha Campesina.

Unos minutos antes el viejo dirigente ha dicho que la situación es gravísima, que las cosas se pueden desbordar, que los parientes de Manuel Hernández Pasión en Huitzilan también tienen calzones, y que si las autoridades en el gobierno del estado de Puebla no les hacen justicia por su muerte es porque son los directamente responsables. Así, sin más palabrerío. Entiendo entonces que el gobernador Gali ha mandado a un subsecretario de representante en el evento. Las lanzas están plantadas en el piso.

Porque el líder de lo que hace ya tiempo llaman Movimiento Antorchista ha ido y vuelto en torno al crimen del alcalde serrano el pasado 10 de octubre como el eje sobre el que han girado los temas en los que el ingeniero de Chapingo que encabeza desde 1973 la organización de masas más importante del país sustenta sus discursos desde hace años: la desigualdad y la pobreza como condiciones estructurales que han desatado la violencia, las políticas públicas que reproducen la concentración de la riqueza, los grupos de poder que mantienen un régimen que trabaja en contra de los pobres y la satanización del movimiento antorchista lo que va a provocar es el estallido del México bronco profetizado por Jesús Reyes Heroles.

Cuánto envuelven estas palabras del santón antorchista. La ciudad, el 2018, las alianzas rotas, las nuevas, el poder en el Estado. Los votos que se cuentan, los que se mandan, los que se imponen. ¿Puede un dirigente decirle a la gente por quién debe votar? Sí puede, lo va a hacer el año que viene. La interrogante es si esta masa desvelada y fría en el amanecer del Estadio Cuauhtemoc dejará de ser masa y se convertirá en ciudadano y no en clientela cuando tenga su boleta en la soledad de la urna.

Y en medio de este estadio lleno a reventar desde la madrugada por una multitud que no atina a despabilarse con el estruendo de las bocinas por las que Aquiles se desgañita, yo le doy vuelo a otros interrogantes simples: ¿por qué este mitin de cien mil gentes?, ¿para quién es el mensaje de fuerza?, ¿qué intenta decir Antorcha igual a sus rivales que a sus enemigos?, ¿y qué leen unos y otros de este sin duda golpe sobre la mesa a unos días de destapes y parteaguas electorales?

Y más: ¿por qué ni una palabra sobre el significado que tiene para la ciudad el que esta organización tenga una cada vez más fuerte presencia en la vida de las colonias populares, con todo lo que ello quiera decir. ¿Se asume Antorcha como lo que es, un actor principal en la disputa por los recursos públicos que se aplican para el desarrollo urbano? ¿Le importa el concepto de ordenamiento territorial?

Y más lejos: ¿qué ha ocurrido en México para que una maquinaria política haya crecido hasta este aceitado extremo profesional para ser ya la organización social que maneja con todas las dotes empresariales buena parte de los reclamos básicos de la pobreza rural y urbana en ciudades enteras como Puebla? ¿Y en territorios tan complejos como Ixtapaluca y Chimalhuacán?

La ausencia del Estado, tal vez. Su condición fallida.

El colapso del PRI sin duda. El no tener idea de los panistas.

La desaparición de la izquierda tras su encierro electorero.

Lo que sea, pero aquí están para presumir con sus decenas de miles entumecidos ciudadanos convertidos en la masa con la que Antorcha se apunta para ser actor principal el año electoral que entra.

“Antorcha es mi destino”, cantan un coro infantil a las 7.15 de la mañana. Y más le vale al país entender lo que esto quiere decir.

VIDEO: Panorámica del estadio Cuauhtemoc mientras el coro infantil de Antorcha entona el himno de la organización.

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¿Antorcha Campesina necesita al PRI? A la vista de esta masa madrugadora me digo que la pregunta hace tiempo que las partes se la proponen al revés.

El estadio a las 7 de la mañana ofrece un lleno que no se ve en un partido camotero hace años. A esta hora buena parte de la masa todavía duerme, a pesar del bochinche que arman los organizadores con distintas herramientas: los altavoces y la música que alterna con los encendidos llamados. Un buen tanto de la clientela ha dormido en los camiones que los han traído desde la Sierra Negra y otros lares, pero la mayoría se ha trepado a las unidades que los transportistas de la ciudad han dispuesto desde las tres de la mañana. Dos mil camiones, a diez pesitos por antorchista, por ai va la cuenta del millonario traslado. Pero el costo es lo de menos. Cada camión supone un organizador con un teléfono celular y un compromiso. Todo un despliegue organizativo, justo lo que antes organizaba el PRI de la mano de los gobiernos para sus actos multitudinarios.

Pero ahí está la masa dispuesta. Han llegado desde las colonias del norte y del sur. En 57 de ellas la organización controla la negociación del agua potable con el SOAPAP y la empresa privada que administra este asunto fundamental para la ciudad. Y reclaman en otras cuarenta el reconocimiento de su interlocución. Le doy la vuelta con la vista a las cuatro galerías y al cuadrilátero que encierra el campo de futbol; logro contar unas siete mil sillas “a nivel de cancha”, descontando el templete para los bailables y los corredores que aliviarán el movimiento de la masa y que permitirán que los invitados especiales como el alcalde Bank se retiren a tiempo para no verse envueltos en la marea que devolverá a los suburbios del lago de Valsequillo y las barrancas de la Malinche a las miles de personas que ahora esperan el anunciado discurso del Maestro Líder Aquiles.

El coro infantil, diminuto allá en el templete, corretea muy entonado el himno antorchista.

Soraya Córdova Morán, la Doctora, como la conocen sus huestes, deja ir un discurso sereno, no se arrebata para pedirle a la masa su opinión y su compromiso de uno por uno por uno, con el que la adormilada masa traerá el año que viene a por lo menos un nuevo antorchista a celebrar el aniversario 44 para cuando, ya pasada la elección del 1 de julio, el Movimiento Antorchista será ya un nuevo partido político.

Soraya en el altavoz se refiere a su hermano Aquiles: “Nuestro maestro líder es el más abnegado, estudioso y brillante militante de Antorcha-, de él sus palabras motivadoras, Cómo será la vida que enarbola la voz de un sueño generoso y puro…”

Yo pienso en lo que Soraya ha dicho. No es nuevo. Antorcha lleva 30 años con una relación pragmática con el PRI. Yo te apoyo, tú me apoyas. Y si las condiciones se dan o no se dan, pues ai se verá.

“Ya el PRI no cuenta –me dice un hombre de la colonia El Triunfo, atrás de la Gran Bodega ubicada en la lejana 3 Sur esquina con 16 de Septiembre, una unidad con casas en litigio entre Antorcha y el banco propietario--, pero si la organización no se ha convertido en partido político es porque el gobierno no la deja.”

¿Pero qué interés tendrá Antorcha de convertirse en partido político?

Aquiles me responderá –digo, le dirá a la masa semi despabilada--, que su propósito de tomar el poder político es de lo más legítimo.

Otra pregunta me hago a las 7.20 de la mañana: ¿qué convierte a una persona o a un grupo en un poder fáctico en un Estado como el mexicano? Apenas leí lo que ha escrito en la revista Nexos María Amparo Casar desde abril del 2009:

“La transición mexicana logró democratizar la esfera de lo político en lo que se refiere al acceso a los cargos de elección popular y a la pluralidad de los órganos de gobierno, pero no tuvo el mismo éxito en reducir la posición e influencia de ciertos grupos de poder. Al respecto, hay que distinguir entre el poder político de jure y el poder político de facto. El primero es el que otorgan las instituciones políticas: la Constitución, las leyes, el sistema electoral. El poder de facto es el que surge de la acción colectiva y del despliegue de recursos privados, trátese de mecanismos como el cabildeo y la corrupción, o el simple uso de la fuerza.” (Poderes fácticos. Nexos, abril 2019)

¿Qué ha convertido a Antorcha en un poder fáctico del que los gobernantes no pueden prescindir si no quieren ver comprometida a su administración? La respuesta me la da en los pasillos de la tribuna un hombre que no duda de los motivos que tienen para estar esta mañana en el estadio. Viene desde la colonia Cuitláhuac, en terrenos que un día pertenecieron a los campesinos de San Andrés Azumiatla, en una loma cercana al lago de Valsequillo. Es albañil de oficio, y todos los días trabaja para una empresa constructora de residencias en los fraccionamientos de Lomas de Angelópolis. Son 300 familias las que ahí viven en terrenos que tiempo después de la invasión Antorcha compró como organización a los propietarios y que ahora les vende en lotes de 120 metros cuadrados a 30 mil pesos pagaderos en un plazo de tres años a 200 pesos semanales. Por el momento ninguno de los lotes está regularizado. Ni hablar de las escrituras.

“Aquí estamos desde la madrugada –me dice Antonio N, ya con el sol de la cara dispuesto a tatemar a todo el vecindario de Cuitláhuac que bajo su resguardo ha llegado hasta la tribuna de sombra justo frente a medio campo--. ¿Qué me motiva? ¿Por qué estoy con Antorcha? Mire, yo vivía en Concepción la Cruz, ahí mero en Angelópolis, pero en casa prestada. Llevo seis años en Cuitláhuac, y ya un año de que pude construir mi casa. Pago 800 pesos al mes a la organización, porque llegado un momento la organización le compró a los de Azumiatla el predio. Yo tengo mis recibos de mis pagos semanales, con esos espero que al final me den mi escritura. Tengo que confiar, en esta vida hay que confiar. El gobierno promete y qué garantía hay de que cumpla, está visto que ninguna. Con Antorcha es un albur, me la estoy jugando, igual que con el gobierno. Esa es nuestra situación. La de la gente pobre. Si tuviera dinero no me hubiera salido de Angelópolis, pero es la necesidad, señor, la desigualdad, el racismo, las diferencias entre ricos y pobres. Ahora estoy con Antorcha, tengo que confiar…”

A sus 76 años el Maestro Líder sigue al pie de la letra las enseñanzas de oratoria en las escuelas antorchistas –y no son pocas, tan solo en el sur de la ciudad tienen en siete colonias ocho preescolares, tres primarias, cuatro secundarias, cuatro bachilleratos y una normal, 150 maestros y más de 3,500 alumnos--: el oficio de orador de concurso que estructura su discurso en un eje transversal –el asesinato de Manuel Hernández Pasión y la satanización de Antorcha desde las instituciones de poder local que lo ha provocado—y tres líneas temáticas –la desigualdad y la pobreza, su consecuencia en la violencia y sus responsables, y la alternativa que propone Antorcha, que culmina en la toma del poder político. Todo aderezado con citas y cifras de intelectuales y centros de investigación y con un despliegue de símbolos que dan idea de las raíces ideológicas del veterano dirigente –que dispone en el mismo paraíso terrenal a Lenin, lamentablemente muerto para darle paso a Stalin y al desastre de la revolución bolchevique, y al comunismo capitalista de la China actual. Todo en una hora y 45 minutos que me llevan a recordar al héroe Fidel Castro que el líder estatal de la organización, Juan Manuel Celis, yerno del líder máximo, tiene colgado en un retrato en su despacho de la 5 Poniente.

Lo escucho en su abrigo largo, hoy sin bufanda pues la mañana no está fría, trepado en el templete de los bailables que vendrán al final, y convengo que su oficio es estricto, no comete una sola equivocación. Tres hombres con abrigos negros le acompañan ante el atril al centro y yo supongo que piensan que al líder nunca se le deja solo.

En la tribuna, los mosaicos despliegan ese ritual: Aquiles, tú eres nuestro líder.

Aquiles presenta a la mesa que preside el evento. Beatriz González, esposa del alcalde asesinado –buena oradora, politizada, dice--, y al nuevo presidente, Bartolomeo. Al subsecretario Zúñiga, que representa a Gali –le pido le agradezca al gobernador por el respaldo para la organización del evento--. Al alcalde Luis Bank. Al priista Estefan Chidiac –aquel del video que vincula a Antorcha con asesinatos, pleito que se resolvió con un desayuno entre Celis y dirigente del partido en Puebla. Muy lejos en la lista de saludos el subsecretario Lastiri. Y muy cerca el empresario mexiquense Herberto Guzmán Gómez, desarrollador con Carlos Slim de la Ciudad Jardín Bicentenario construida sobre las 138 hectáreas del antiguo tiradero de basura en el Bordo Xochiaca, justo en la frontera con Chimalhuacán, el territorio más importante de Antorcha fuera del estado de Puebla. Y más cerca, quién lo dijera, Lalo Rivera, el alcalde panista que en su tiempo viera como todos los miércoles religiosamente los antorchistas le cerraban el zócalo en una mudanza que involucraba para los entendidos también el pleito del alcalde con el gobernador también panista Moreno Valle.

“No estamos en contra de las empresas capitalistas –se acordará de decir más tarde el Maestro Líder--, pero sí en contra de las empresas que en vez de servirle al país, se sirven del país.”

Me detengo en Lalo Rivera. No ha sido fácil para él sobrevivir a Moreno Valle. Y si está aquí esta mañana es porque seguramente valora todas sus posibilidades. Pero aquí está con los antorchos, con quienes se entretuvo durante muchos miércoles. El político panista y la organización de filiación priista. Poco importa eso aquí, pero me ayuda pensar en la complejidad de este proceso sociopolítico que representa Antorcha. Por lo que fuera le tomaban la plaza a Rivera... Las grúas fueron un tema. Las que he visto en la calzada frente al Estadio. Unas rojas, otras amarillas. Algunas con razón social, muchas sin razón algún. He seguido en la prensa ese asunto: Antorcha quería tener más corralones, o que se les regularizaran los que estaban en lugares que eran de riesgo o por lo que fuera. Como el ayuntamiento no tenía suficientes corralones, desde hace muchos años les empezaron a dar convenios de corralones que ellos operaban. A un taxista en un mes le pedían 30 mil pesos para devolverle su taxi. El taxi se lo habían robado a su dueño, una patrulla lo encontró abandonado y lo recogieron con una grúa que también operan los de Antorcha. El taxi se lo llevaron a un corralón. Cuando el taxista supo que su taxi había aparecido ahí, lo llegó a reclamar, pero le cobraban de derecho de piso 30 mil pesos.

Ahí está Rivera, y con él valoro el significado de la palabra alianza para Antorcha.

Y allá afuera están las grúas –por lo menos dos sectores de la ciudad son operados por grúas afiliadas a Antorcha--, y con ellas asumo que la extensión que alcanza esta organización va muchos más allá de las meras mudanzas políticas.

Ahí está también Luis Bank. Le preguntaré más tarde en el túnel por el que sale del estadio si Antorcha le establece la agenda al Ayuntamiento de la ciudad en las colonias populares.

“¿En qué sentido?”, me responderá.

“En el sentido de establecer en dónde y cómo se gastan los recursos en las colonias?”

“¿Por qué lo dices?”

“Esa impresión tengo”, le digo.

“¿Pero basado en qué?”

“En qué colonias antorchistas tienen servicios y las de junto no los tienen…”

“No, damos servicio en toda la ciudad –me dice--, estamos a punto de lanzar un programa muy ambicioso para 93 vialidades en colonias populares, no importa que sean de una denominación o de otra, y lo vas a ver, el gobierno no ve si una colonia simpatiza con uno o con otro partido, lo que vemos es que haya la necesidad para atenderla.”

“¿Cuál es el significado político de un evento como este?

“Lo platicaba yo en la mesa, Antorcha es una organización que tiene presencia en Puebla, aquí está la muestra, tienen voz, tienen una opinión, tienen una lucha desde hace muchos años, y lo que me parece es que la lucha a favor de la equidad se da desde diferentes trincheras, la pública, la privada, la social, y todos debemos conducirnos en el marco de la ley para construir una sociedad más justa…”

Y remata: “Se lo dije ahorita a Soraya, Puebla es de las ciudades que más avanzó en la lucha contra la pobreza extrema, eso es lo que dice CONEVAL.”

No me imaginé encontrar aquí al Mago de los Mosaicos.

Los mosaicos en la tribuna oriente del estadio me distraen del discurso de Aquiles. Y tengo tiempo de darle la vuelta al templete. Descubro que ahí se juega otra historia, la que enlaza con los antiguos rituales del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, y me veo a mí mismo en ella, a mis diez años, un 5 de mayo de 1965 en el estadio Zaragoza. Nunca llegó el presidente Díaz Ordaz a mirar nuestros mosaicos, pero con qué disciplina los presentamos cinco mil niños sobre la cancha del viejo campo de los Camoteros del Puebla. Sí, es otra historia, y por un rato me olvido de Aquiles y su retórica. Ahí está Gustavo Trujeque, con su empresa Póker Deportivo, quien micrófono en mano dirige a ese rectángulo de niños que despliegan cuadros de colores al ritmo de su voz. Los altavoces no se pelean con la estridencia de los que guardan la voz del Maestro Líder, así que a Gustavo la masa lo obedece. “La número 22” les dice, y allá arriba buscan sus cuadros de colores. “Abajo”, les recomienda, nunca les grita, su voz es serena y contundente. Y arriba lo entienden, pues desde abajo están los cuadros y arriba cuando el da la orden.

“Somos un solo hombre”, la 22. “Viva la lucha de los pobres”, la 23. “Antorcha es mi camino”, la 28. “Antorcha es mi destino”, la 29. “Antorcha triunfará”, la 30. Y por ahí, a la voz de Gustavo Trujeque con sus instrucciones, que me confirma que la suya viene de la tradición del Coronel Velazco de Santiago, y de Nacho Hernández Cruz y de su creador el maestro Ramón Ramírez Núñez. Y que tal despliegue de mosaicos le costará a la organización del evento cien mil pesitos bien ganados por este instructor de niños mosaicos.

¿Se puede condensar un discurso de hora y 45 minutos? De regreso con Aquiles apunto la médula ante una masa que arriba en las galerías poniente ya se tuesta al sol y abajo y en las tribunas en sombra se mantiene apretada en cobijas y entresueño, con todo y que la voz del líder poco a poco se vuelve más gangosa.

Esta es la versión que ha dado Aquiles Córdova: la pobreza es consecuencia de la enorme desigualdad en México; las instituciones sociales, económicas y políticas favorecen a una minoría y perjudican a los más desfavorecidos en sus derechos más elementales, hay una violencia institucional que les niega a los pobres sus derechos básicos; la violencia que se sufre, la del crimen organizado y el desorganizado, es estructural, y por lo tanto institucional hija de la desigualdad y la pobreza; hay también una violencia cultural, racista; y hay una violencia verbal, que se alienta desde los medios contra los que reclaman sus derechos sexuales, su libertad de creencias, su derecho a pelear por la justicia, y que es el caldo de cultivo de la violencia física porque justifica el baño de sangre en la lucha contra la delincuencia.

Y por ahí, con eficiencia retórica, llega al punto de lo que los políticos priistas llamaban “el mensaje político” con el que remachará su denuncia contra las autoridades que satanizan a Antorcha y no resuelven el crimen del alcalde de Huitzilan a pesar de que les han dado “pruebas irrefutables. Gali y Carrancá, pregunta, “¿qué intereses oscuros se ocultan aquí?”

Aquiles acude dos veces a López Obrador a quien dejaron, dice, como palo de perico con el tema “al diablo con las instituciones”. Pero es el régimen actual el que lo está haciendo, los funcionarios que en México manejan irresponsablemente la política y preparan lo que en los setenta el priista Reyes Heroles llamó el despertar del México bronco que no dejará títere con cabeza. Por eso, dice, se necesita un cambio de régimen, otro modelo, el de la revolución mexicana por el que el Estado recupere su lugar en la economía, un cambio de gobierno con otra clase en el poder, un gobierno que reparta la riqueza, porque solo el gobierno es quien puede hacerlo.

Un cambio de régimen, que a todas luces para Aquiles sólo llegará cuando tomen el poder como partido político.

En algún momento se le fue la frase con la palabra venganza.

En algún momento, también al final, cuando lo escucho hablar de Lenin y del comunismo capitalista de China, recuerda que lo importante no es tener la cadena sino el eslabón principal de la cadena, justamente el poder político.

“No soltar el poder político”, alcanzo a escuchar que grita.

La voz gangosa de Aquiles no llega a prender nunca a la masa. Una y otra vez tiene que acudir la voz rotunda de Lisandro Campos Córdova, su sobrino, con la socorrida frase de los mosaicos, maestro, Aquiles, tú eres nuestro líder, para despabilar las banderas rojas que en racimos se repartieron a las puertas de acceso a las tribunas. Miles. Rojas. Y se despliegan cada que Lisandro las convoca cuando interrumpe a Aquiles. Pero es un hecho contundente para mí, la voz del líder no conmueve a la masa que las enarbola.

Tampoco cuando pide “hagamos pagar con nuestro voto a quienes se niegan a hacer justicia a los asesinos de los antorchistas”.

De nuevo lo rescata Lisandro: “Somos un solo hombre, somos un solo ideal, adelante antorchistas, hasta triunfar…”

Aquiles termina con la declamación de un poema de Nicolás Guillén.

Y no es cualquier poema, El mal del siglo, Señor, Señor, ¿por qué odiarán los hombres al que lucha, al que suena y al que canta? ¿Qué puede un cisne dulce guardar sino ternuras en el alma?

Pero ya no está la masa para florituras. El líder se emociona, la voz casi se quiebra y termina. Lisandro lo despide con más consignas. Si, él es su líder, pero ya siguen los bailables con sus danzas rusas y chinas y lo mejor de la juventud antorchista. Y sí, hay que verlos, son chavitos como en casting de bailarinas Beyonce, todos de un tamaño, de un peinado, de una sonrisa a la mejor postura de Amalia Hernández. Y hay que verlas, verdaderamente chinas, con pasitos de porcelana y pincel, todas finas, risueñas, figurando el sueño comunista de su líder que apenas se bajó del templete. Es el rostro cultural de Antorcha, su mayor orgullo, lo que más transpira magisterio cardenista. Pero con ellos la orden no dicha que la masa obedece en una desbandada inmediata, lenta, porque sí son decenas de miles los cien mil que la organización ha anunciado desde hace meses en todas las colonias antorchistas. Salir. A los camiones, a las avenidas que se aprietan en callecitas, a las casas grises.

Al territorio de Antorcha, el del Estado ausente que explica su existencia.

   


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