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A nado, poblano cruza mares peligrosos para ayudar a niños con cáncer

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Efraín Núñez  |
 Domingo, Julio 16, 2017

Con sus proezas deportivas y de vida, Christian Ayala consigue fondos para la fundación Una Nueva Esperanza.

Después de nadar 15 horas seguidas para cruzar el Canal de la Mancha, se siente muerto. Solo la imagen de sus hijos pequeños, reflejada en una tableta en medio de la oscuridad del helado mar que le quema la piel, lo impulsa a seguir adelante y concluir el reto.

El sufrimiento no ha terminado pese a tocar las costas de Francia. En la turbulencia creada en su mente por el cansancio, los signos de hipotermia y el agua en sus pulmones, se desprende la campanilla con sus manos, al confundirla con una ámpula en su garganta. Comienza a ahogarse pero es atendido por su esposa, quien una vez más le salva la vida.

Es la historia de Christian Ayala, el primer poblano en cruzar el Canal de la Mancha, como se le conoce al mar que separa a Gran Bretaña de Francia.

Cruzar el Canal de Catalina, entre la isla del mismo nombre y las costas de California en Estados Unidos, aguas infestadas de tiburones, fue su segunda proeza.

El nadador de aguas abiertas cruza los mares con un mensaje. No le importa la gloria o la fama sino ayudar a los niños con cáncer. Su nuevo objetivo: nadar alrededor de la isla de Manhattan durante nueve horas de sprint (nado a toda velocidad) para conseguir fondos con el mismo propósito, ayudar al tratamiento de esta grave enfermedad.

Un accidente lo convirtió en un nadador de mar abierto

Christian Ayala pudo quedar ciego por una terrible enfermedad en la vista después de dejar el boxeo, el primer deporte que practicó, o quedar inválido o muerto por un accidente en bicicleta.

Voluntad es lo que me ha sacado adelante y es algo que todos tenemos. El apoyo de mi familia también ha sido fundamental”, advierte en la charla.

En un entrenamiento en bicicleta en un parque chocó contra un poste al evitar atropellar a un menor que le salió de frente en su triciclo.

“Tenía dos opciones: atropellarlo o desviarme y colisionarme. Intenté lo segundo. Cuando desperté estaba en el hospital con varias costillas rotas y un diagnóstico que me daba pocas posibilidades de volver a caminar”, agrega.

Así inició su pasión por el nado, durante la rehabilitación. Si los médicos le sugerían media hora en la alberca, él hacía una o varias más.

Al cabo de algún tiempo no solo volvió a caminar sino que se convirtió en un excelente nadador. Y saltó de las albercas al mar abierto.

Casi muere en el Canal de la Mancha

El 23 de septiembre de 2013, Ayala cruzó el Canal de la Mancha pese a todas las expectativas en contra. El interventor que da fe del cruce del canal le dijo que no lo lograría por “ser mexicano”, además de que su currículum como nadador era escaso.

Más gente sube a la cima del Everest que la que cruza el Canal de la Mancha”, sostiene el hombre de 34 años de edad.

Seguro de sí mismo se sumergió en las heladas costas británicas. Una pequeña embarcación donde viajaban su entrenador y su esposa lo acompañaba.

No pasó mucho tiempo para que el frío, el alto oleaje y los remolinos hicieran estragos en su cuerpo.

“Con los hombros desgarrados decidí seguir nadando hasta que la muerte me alcanzara. De pronto vi la imagen de mis hijos. Pensé que había muerto. En realidad era un Ipad colgado de un tubo desde la embarcación que mi esposa sostenía para darme ánimos”.

Su entrenador le ordenó seguir nadando en sprint hasta donde pudiera. Ya en las costas francesas no terminó el suplicio.

Agotado y aturdido se desprendió lo que concibió una ámpula en la garganta. Pero se trataba de su campanilla. Se comenzó a ahogar. La embarcación solicitó apoyo pero tardó en llegar.

Entonces llamaron de emergencia a México, donde sus médicos le dieron indicaciones a su esposa para darle los primeros auxilios y evitar que se ahogara.

Sobrevivió y logró recabar millones de pesos para ayudar a los niños con cáncer a través de la fundación Una Nueva Esperanza.

Encuentro con un tiburón

El segundo reto de Christian Ayala en los mares fue el 29 septiembre de 2015. Esta vez nadó desde la Isla de Catalina, en el Océano Pacífico, trayecto lleno de tiburones, hasta las costas de California.

Durante la madrugada observó que desde el fondo del mar emergía una masa que triplicaba sus dimensiones. Se trataba de un tiburón que llevaba un rato dando vueltas a su alrededor e intentaba atacarlo así como al kayakista que lo custodiaba.

Lo que sentí fue terror. Nunca tuve un encuentro cercano con un animal tan peligroso. Entonces escuche el sonido de los delfines. Venían en grupo y ahuyentaron al tiburón. Son animales muy inteligentes. Un par de ellos me siguió en el viaje”.

La Isla de Manhattan, el nuevo reto

El siguiente reto de Christian Ayala será el 20 de agosto de este año cuando en un tiempo récord de nueve horas le dé la vuelta a la isla de Manhattan en Nueva York.

Se trata de aguas heladas, con corrientes. Se han avistado tiburones. Son nueve horas en sprint. Pero hay algo más complicado, que es recaudar, la meta es 1 millón de pesos para el banco de medicinas”.

Sostuvo que las donaciones son desde 20 y 50 pesos, además de que cada playera conmemorativa tendrá un costo de 150 pesos. La compra de productos Pediasure y Ensure son otra manera de recabar fondos.   

Nadar y conseguir fondos para los niños significa todo mí. Es mi país, mi vida, mi familia. Mi propósito es que el día de mañana deje un mejor espacio. Que la gente se inspire, que sepa que siempre se puede hacer algo con voluntad”.

Con la motivación en su rostro subraya que ha aprendido más de la voluntad de los niños con cáncer que ellos de él.

Mientras, en su mente se prepara para llegar de nuevo a buen puerto.

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