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Tony Gali, el predicador de masas electorales

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Sergio Mastretta  |
 Lunes, Mayo 30, 2016

Vueltas que da la vida: ahora el PRI reclama contra la elección de Estado

No es un luchador. No es un pop star. Ni siquiera el solista de un mariachi cibernético.

¿A quién veo correr de un lado a otro del escenario, hincarse y golpear con el puño el entarimado?

¿Quién se levanta, camina, entona y quiebra el cuerpo, para correr desenfrenado hasta la otra esquina del tinglado?

¿A quién veo confrontar al cielo con los brazos extendidos para comprobar que la luz del mundo lo ha tocado?

¿A quién veo encendido y colgado del micrófono arrebatador de unas masas que casi gritan con él amén, amén, amén…? Porque no miran al cantante, no exclaman por el luchador, no cantan viva el rey, aunque en él se escondan todas las máscaras que explican esta arena política de nuestro rigor mortis ciudadano.

No, la masa grita otro conjuro: “¡Gali, Gali, Gali!”

Sí, la masa, se ha dejado arrebatar por el  predicador Gali en la Arena Puebla.

¿Qué miro yo al pie de la tarima? ¿La prédica de un hombre que se mira iluminado?

¿El político que plantará su propia huella como parece decirnos con las tres veces que golpea a la tierra tarima inundada de los mismos colorines que se me pegan a la piel y me marcan los brazos para probar que he estado al sol en el mediodía de la ensoñación del candidato?

La metamorfosis del predicador

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Es mediodía en el estadio de béisbol Hermanos Serdán. Moreno Valle llenó el Cuauhtémoc en el 2010. A golpe de masas se miden las coyunturas. La desvergüenza de Marín entonces. El déspota de Moreno Valle ahora. Así lo mido yo. Pero no tengo idea de lo que mida la masa. Y menos entiendo al dios que mira Gali contra el sol que lo alucina.

Pero este evento cumple con todos los propósitos de los organizadores Lozanos, Eukides y Marcelos. Nunca han sido tan útiles las miles de sombrillas. Ellas son el retrato de la estructura que cierra la campaña de un candidato Tony Gali, quien tal vez medite para sí lo que es la vida cuando le digan que Blanca su rival se ha declarado en resistencia civil “ante la evidente y descarada elección de Estado a favor del candidato oficialista”, según ha denunciado en un Face el priista Alejandro Armenta Mier.

Ahí juntito a la demanda de la priista está en mi memoria la imagen de Ana Tere Aranda en plantón de tienda de campaña en el zócalo de Puebla contra Piña Olaya en 1989, también en resistencia civil porque le negaban su carta de ciudadanía poblana que le permitiera competir como candidata a la alcaldía. Vueltas que da la vida: ahora el PRI reclama contra la elección de Estado. Y ni qué decir: ahora el Estado se mide por el metro cuadrado que logran cubrir las sombrillas. Cosas de la vida. La camiseta de sombrillas con las que el Estado cobija al panista no revela más que la camaleónica mudanza de colores y partidos en nuestra alicaída democracia mexicana. Y el Estado ha venido con las mejores mudas priistas: centenas de camiones para el acarreo; miles de jóvenes clasemedieros y no tanto, proletarios en su mayoría, organizados en la “Red de Jóvenes”, la “Red de Mujeres”, las decenas de camisetas con la marca staff, con el promocional “Todos somos Gali”. Gali, Gali, Gali. La estructura vista en mercadotecnia y logística para un evento así. El costo de todo lo que veo. Los salarios que se han pagado durante semanas para mantener ese jolgorio lumpen en las esquinas. El Estado de la aceitada maquinaria priista al que con Lozanos y Maldonados se han trepado éstos que jamás se llamarán a sí mismos “neopanistas”.

¿Y a quién le importa que a Tony Gali su ser panista le valga sombrilla?

Diré mejor, treinta mil sombrillas.

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Hoy asisto al entronamiento del predicador Gali hacia su 5 de junio. Así he escrito en mi libreta a las 11.45 de la mañana. El evento es en el estadio de béisbol, pegadito a la construcción de lo que parece un redondel babeliano y que es enorme y que ahora mismo imagino que será la sede de los proyectos comerciales que aquí promueve Moreno Valle.

Pero antes narro lo que me revela serán los modos de siempre en el próximo gobierno si Gali gana la elección, guarurismo y alevosía y ventaja para el que puede según las carga un oculto personaje tras las ventanas ahumadas de dos suburbans.

Por la Diagonal hacia el estadio, después del crucero con la 11 Sur, observo dos camionetas negras meterse sin pena en el carril del Metrobús y que nos rebasan abusivas. Pero no hay mucho tráfico, así que logro alcanzarlas a cien después de la China Poblana, un semáforo antes de llegar a la avenida Zaragoza y justo cuando el camión de RUTA les impide seguir por el carril confinado. La primera logra pasar antes que mi vieja Jeep, pero no la segunda, que se abalanza sobre mí una vez que me he interpuesto entre las dos. Luego encaro al primero por la ventanilla, y su chofer no duda en dar el volantazo contra mí, pero como ya corre el verde decide mejor cumplir con su papel de guarura altanero y darse la vuelta prohibida junto a su pareja rumbo a los estadios. En la esquina dos mordelones acosan a un automovilista. Paro y les cuento mi discordia. Mientras, un taxista enfrena junto, baja y reseña rápido lo sucedido. “Al señor el aventaron la camioneta unos cabrones que venían hechos la madre por el carril del RUTA desde la China Poblana.” Y cierra con la misma queja que yo: “Ustedes están aquí mordiendo… y esos guaruras… y entonces pa qué chingáos están ustedes…”

Encuentro veinte minutos después a las dos Suburbans estacionadas justo donde no se debe y a la vista de los tránsitos que papalotean el tráfico de los camiones de acarreo, en la entrada por la que pasará dentro de cinco minutos el camión del candidato. Abre su ventanilla. ¿Quién es tu patrón?”, le digo. “¿Eres periodista, pues averigua…”, me dice.

Averiguo, claro, las retrato, y carajo, mi celular no graba nada.

Pero anoté las placas defeñas: G10-AEZ y W65-ADT. Las buscaré más tarde en el REPUVE y por supuesto no encontraré la señas de las camionetas del seguidor de Gali que se burla de la ley al canto de qué chula es Puebla.

Frente al estadio escribo en mi libreta mis pesares con los guaruras cuando veo escurrir como hormigas disciplinadas a la masa desde el ajetreo de abejorro que envuelve los camiones en cumplimiento del inefable acarreo. La estructura funciona, ahí van miles de poblanos de todos los rumbos, habilitados de sombrillas para no cocerse cuando la luz para el iluminado cargue contra ell templete en el que la próxima burocracia se mirará a sí misma inevitable, orgullosa y bendecida.

Al final, apunto en mi libreta, ¿de qué se trata todo esto, si a lo que asisto en esta temporada electorera de nuestra Arena Puebla es al escrupuloso reemplazo entre compadres y abrazos de la cleoptocracia que nos gobierna?

Y escribo más: ¿Quién será el próximo Eukid Castañón que manipulará diputados y jueces? ¿Quién el próximo Federico Bautista que presentará en impecables renders los proyectos de teleféricos, ruedas, CIS y clusters  en Lomas de Angelópolis?

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Luego todo pasa rápido. Por la calle de acceso han dispuesto una pasarela armada con grupos de los que se han pasado los últimos dos meses bandereando para Gali en las esquinas. “Somos brigadistas”, me dicen cuando averiguo de sus orígenes. Habla con el jefe si quieres saber más. El jefe tiene una playera que dice staff y me dirá lo mismo: pregúntale a mi jefe, que está allá adentro. No hay tiempo, pues el camión del candidato ya llega y los seguidores aprestan porras y banderolas.

Entonces veré convertirse al ciudadano Gali en el luchador Gali: baja del camión, corre y se abalanza en apretones de manos sobre sus huestes que han quedado tras la valla; se deja estrujar, posa pulgares arriba, se voltea y vuelga a apretar; y se da tiempo para reconocerme e indicarle a su asistente que antes me ha negado el paso me permitan pasar; y vuelve a las fotos, y ahora con su familia, por supuesto, pero no con la señora Moreno valle, que ai venía en el camión y que ya toma camino del túnel. Y por fin por ahí baja él, y se toma un respiro en una antesala, porque será el último en entrar a su Arena Puebla prometida.

Video: Gali el Predicador

El camión y la pasarela entre seguidores.

El luchador baja del camión.

El candidato se deja estrujar pal retrato.

Gali les dice a éste déjenlo pasar…

El alma y el corazón –dirá Dinorah.

¿A quién le importan los cambios de camiseta?

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El candidato luchador no tiene tiempo para boxeo de sombra en la cancha de beis. El sol mata a la concurrencia bajo las sombrillas. Así que la metamorfosis ocurre en un instante: allí está el sol que lo ilumina. Allí las porras que lo apabullan. Ahí el micrófono que es todo suyo. Ya se abrazaron en el templete Dinorah y Tony, ya ella nos dijo que su marido está dispuesto a darnos como a ella el alma y el corazón, y  ya antes el Chelís cumple con su propia historia de aventar equipos y grita Tony, Tony, Tony, muchas, muchas, muchas gracias por el rescate mientras cantan atrás de mí unos de las redes de jóvenes qué calor tengo yo, tony, mi buen amigo, el que quiera con el campeón… qué calor tengo yo, y pienso que la vida sí, puede ser un juego en el que a nadie le importa si algún día portaste otra camiseta.

La tecnología asiste a la prédica…

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Buscamos a Tony Gali desde hace diez días para la entrevista de cierre que nos propusimos realizar Rodolfo Ruiz y yo para Mundo Nuestro y e-consulta. Falta la de él. Pienso en lo que no pude preguntarle cuando lo veo desplazar su figura iluminada por la plataforma que rodea la masa cautiva. No podré saber qué perfil tiene de la personalidad de Rafael Moreno Valle (autoritario ha dicho Ana Tere; se ama demasiado a si mismo, dijo Quiroz; obsesivo, dijo Roxana), cuando ahora escucho que le agradece simplemente todo. No sabré si se va a desmarcar del gobernador en su trato a los derechos humanos de sus opositore, no tendré respuesta a si liberará a Simitrio y dejará de perseguir a la 28 de Octubre, si compensará en algo a los presidentes auxiliares que han encarcelado en este régimen; tampoco sabré de su postura sobre el crimen organizado que si reparo va tomando plazas en la Sierra Norte, en la ruta a Orizaba, en el valle de Tehuacán, o de los Rojos en la frontera sur con Guerrero, en el corredor que pasa por Acatlán, ni cómo valora lo que sucede en la ruta de los ductos de Pemex, en Palmar de Bravo, en Acatzingo, en Texmelucan. ¿Y del involucramiento de los jefes policiacos?, ¿lo dejará pasar?, ¿hará como que eso no le ha ocurrido al grupo que gobierna el estado? ¿Dirá no comments a los cuestionamientos sobre los operativos en Lomas de Angelópolis hace unas semanas? También me quedaré sin respuestas precisamente a lo que ocurre en Santa Clara Ocuyucan, el territorio campesino que se come sin remedio la irrefrenable instalación de clusters residenciales que prácticamente se comieron ya lo que le quedaba a San Andrés Cholula de reserva agrícola?, a quién le echará la bolita de la bronca del agua potable en la ciudad de Puebla? ¿Y sobre los proyectos industriales mineros e hidrológicos en los ríos de la Sierrra? ¿Amparará la riqueza biocultural de los pueblos originarios? ¿Buscará los 300 millones de dólares necesarios para resolver de fondo el desastre ecológico y de salud pública arrastrado por las aguas contaminadas del Atoyac? ¿Tiene idea de la catástrofe urbana que se construye inevitablemente en los alrededores de AUDI?, ¿se imagina lo que ocurrirá ahí cuando en diez años vivan en ese valle cerrado 200 mil habitantes?

Eso pasó. Es el momento del predicador en el estadio-arena-puebla. Su voz rebota en las bocinas y se va a dar la vuelta por las sombrillas, así que sólo reverbera el movimiento del luchador que se transforma, que camina y da la vuelta, que apunta a la tercera base pero corre al home y que poco a poco convierte el entarimado sin cuerdas en un altar de papelitos y vapores confundidos con las palabras gracias Rafael, gracias Dinorah, gracias Puebla que se levantan pegaditas y se vuelven plegarias en un gracias a dios del candidato hincado, el candidato en cruz, el candidato prendido del cielo, el predicador que ya quisiera y nunca ha tenido la iglesia católica en Puebla.

Lo veo mirar al cielo y no puedo sino imaginar un rezo: “Gracias dios que me has iluminado…”

La red de jóvenes conversos.

El cielo del predicador

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Dejo el encantamiento de la prédica para volver a la política. A uno y otro los veo junto al templete.

Javier Lozano responde a mi interrogante sobre las diferencias entre Gali y Moreno Valle:

“Tony empezó mucho antes en el servicio público –me dice--, y ha tenido carteras de gobierno en los tres órdenes, estatal, federal y municipal. Y no tiene partido político. Y tiene las dos cosas: el trabajo empresarial y el gubernamental. Es un hombre muy a ras de suelo, conecta muy bien con la gente, tiene esa facilidad. Y Rafa, siendo un hombre extraordinario, muy eficaz como gobernante, es un hombre con características de mayor rigor técnico, pero no tiene la cercanía y el cachondeo que tiene Tony Gali. Y Tony tiene el propósito de desarrollar las regiones, ya no tanto la capital.”

¿Y ocurrirán con él acontecimientos como los de Cholula, Canoa y Chalchihuapan?

“Esos incidentes ocurren no por voluntad, no se puede asegurar… Pero la ley esa de las juntas auxiliares ya se corrigió, se dio un justo medio. Y mira, las manifestaciones, al saber armonizar libertad de expresión con los demás derechos humanos fundamentales y una policía bien capacitada.”

Luego le comento de las camionetas y los guaruras y el invisible personaje que venía con ellos-

“Está mal –ataja--, por eso la gente odia a los políticos abusivos y prepotentes. Pero te puedo asegurar que las personas cercanas al candidato no somos así.”

Y de repente me vi tarareando a la muñeca fea y sus ratones y sus nosotros no somos así…

Javier Lozano, “la gente cercana”.

El converso Alarcón

A Pepe Alarcón lo descubro bajando del templete. Ahora sí lo veo viejo, y hago la cuenta de que me dio clases de Civismo en el Oriente el año de 1968, a mis trece y en primero de secundaria. Tiene 71 años, y ha visto todo y ha formado parte de todas las historias de mapaches electorales en el PRI desde por lo menos la elección de 1983, cuando Villa Escalera vio que le robaban el triunfo que imaginaba 3 a 1 por un contundente 6 a 0 de los resultados electorale por la alcaldía.

Pepe Alarcón Hernández abandona el PRI, y viene a hacerlo una semana antes de la elección.

Es una sorpresa para mí, pues todavía el día del debate lo ubiqué claramente en la porra de Blanca, a la izquierda del salón y de la pantalla por la que vimos la caricatura de debate el 12 de mayo pasado.

“Lo que sí sé decirles –se arranca cuando lo interrogo--, es que yo serví a mi partido y ellos también me sirvieron, yo les pagué con trabajo lo que ellos me dieron.”

Entiendo entonces que te saliste del PRI, le digo.

“No –responde con la voz cansada--, yo estoy como Tony Gali, estamos sin partido. Estoy votando por él porque fue mi alumno dos años.”

A mí también me dio clases, me digo, pero nunca votaría por mí.

Insisto entonces: esto es histórico para ti.

“Sí, claro, y espero que dios me dé vida para que pueda yo consignarlo en mi libro que ya estoy documentando sobre este proceso electoral.”

Tú vienes de la vieja estructura del PRI, la que veo aquí en este evento, con todo el aparato, con todo el dinero, con todo el poder de un partido de Estado respaldando a una candidatura. ¿En qué ha cambiado? Si lo que miro ahora es el mismo viejo PRI.

“Es la esperanza que da Gali –se defiende--, que tendrá y aplicará nuevas reglas en su gobierno, que desafortunadamente será breve…”

Bueno, ¿y vas a participar en su gobierno?

“No sé”, me dice escueto el viejo lobo priista. Varias veces diputado, varias veces delegado estatal, varias veces todo en su partido. Allá va el converso Alarcón. Lo miro irse al son de la canción grupera que exalta al predicador Gali desde las bocinas que acompañan la salida de la masa convertida.

Aquí está Tony para ti, el candidato ganador, con él sigamos adelante, él lo dará todo por ti, todo por Puebla todo el día, los siete días de la semana, Gali lo dará todo por ti…

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La vida se juega en la arena. Para los políticos, la arena política puede ser blanca o azul o verde o amarilla o morena. Todos buscan sus conversos. Todos llaman a sus santones. A veces aparecen y parecen creerse completo el discurso de la conversión. Los elegidos encuentran a sus discípulos. Los niños buscarán retratarse con él.

   


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