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Mitos y realidades de Tlatelolco

La Jornada   /   
 Domingo, Octubre 7, 2018

   

EL DESPERTAR EN LA IV REPUBLICA Por: José Agustín Ortíz Pinchetti

La noche de Tlatelolco ha generado, a 50 años, videos, películas, libros, artículos y ensayos. Está a punto de convertirse en un mito. Se dice que el movimiento es el origen de la democracia mexicana. En verdad, la infamia perpetrada por Gustavo Díaz Ordaz y sus oficiales sólo tuvo efectos destructivos. Cortó de tajo el impulso vigoroso de miles de jóvenes y logró el propósito perverso de destruir, no sólo al movimiento, sino a toda iniciativa democrática por muchos años.

El sistema político demostró que el Presidente podía enloquecer y seguir mandando. No tenía contrapesos y se dio el lujo de no rendir cuentas. Posterior al día de la matanza millones nos alejamos de la práctica política. Después de Díaz Ordaz el control se mantuvo, a tal grado que pasaron 10 años sin que pudiéramos manifestarnos en la calle.

 

El movimiento debe ser recordado por la vitalidad y el candor que demostró. Merece que en las cámaras se le recuerde con letras de oro por su carácter heroico y más bien por su martirio. Mi generación, los contemporáneos del movimiento, quedamos fuera de la oportunidad. La generación siguiente, nacida en los años 50, tampoco pudo promover el cambio y fuimos víctimas de la estafa de Luis Echeverría, la famosa apertura democrática.

 

Tuvimos que esperar 20 años para que la nación despertara; en 1988 el PRI tuvo su primera gran ruptura. Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y sus compañeros lograron lo que parecía imposible: formar un frente capaz de ganar la Presidencia. Tuvimos que soportar un fraude.

Otros hechos se fueron acumulando. La primera alternancia (de Vicente Fox) terminó en una traición. El intento de desafuero de 2005 provocó una gran movilización que demostró la madurez cívica de la población. Dos candidaturas de Andrés Manuel López Obrador tuvieron que ser vencidas con trampa.

Ha sido necesario completar un ciclo de 30 años. Gracias al trabajo de cientos de miles y a un liderazgo excepcional, al fin se logró que un movimiento popular produjera una nueva alternancia y llevara al poder a una opción de centroizquierda que supo esperar. Es asombroso lo lento y tortuoso que ha sido el recorrido.

   


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