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Una decepción llamada Anaya

Excélsior   /   
 Martes, Abril 17, 2018

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Leo Zuckerman/Juegos de Poder/Excélsior

Yo creí que Ricardo Anaya iba a comenzar el periodo oficial de campañas, los últimos 90 días de la contienda, a tambor batiente. Que no iba a dejar títere sin cabeza. Que iba a lanzar una estrategia electoral perfectamente diseñada para, desde el día uno, bajar a López Obrador de las encuestas. Vaya decepción. La campaña de Anaya ha sido una del montón. Nada nuevo. Nada contundente. Nada de nada. Ni un golpe bien puesto a AMLO. Un monumento a la inexistencia.

Tanta maniobra política para llegar a ser candidato presidencial y nada. Tanta pelea encarnizada para quitar del camino a su padrino político, Gustavo Madero, al expresidente Felipe Calderón y a su popular esposa, Margarita Zavala, al poderosísimo exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, y al exjefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, y nada. Tanto rompimiento con el gobierno de Peña y nada.

¿Qué le pasó a Anaya?

Quizá fue el ataque del gobierno de Peña y el PRI en su contra: Lo del terreno que compró y luego vendió como nave industrial generándole un buen rendimiento económico. La verdad es que nunca le comprobaron nada. Sólo amenazaron con perseguirlo judicialmente por lavado de dinero. La típica amenaza de mala leche al estilo de este gobierno. Igualito como le hicieron a Josefina Vázquez Motacuando comenzó la contienda por la gubernatura en el Estado de México y que noqueó a la candidata panista. En este sentido, perfectamente previsible que harían algo similar en contra de Anaya.

¿Acaso el golpe desequilibró al llamado Joven Maravilla? ¿Fue de tal tamaño como para haberlo mandado a las cuerdas? ¿Como para haber perdido las ganas de hacer una campaña innovadora, golpeadora y disruptiva?

En una ocasión, el finado Manuel Camacho me comentó que el desafuero en contra de López Obrador en 2005 ciertamente había acabado fortaleciendo políticamente al tabasqueño, al punto de que el gobierno de Fox tuvo que recular en su intento de sacarlo de la boleta presidencial. Pero el golpe, según Camacho, también había agriado el carácter de AMLO. Lo dejó malhumorado y sospechoso hasta de su propia sombra. En este sentido, el desafuero, sicológicamente, debilitó al candidato que tenía todo para ganar, pero acabó perdiendo por los errores que él mismo cometió.

¿Habrá sucedido algo similar con Anaya? ¿Lo de la nave industrial lo habrá desequilibrado sicológicamente al punto de no estar listo para lanzarse con toda la energía y determinación que le habíamos visto al cepillarse a sus contrincantes en la búsqueda de la candidatura presidencial? ¿Dónde quedó el Ricardo Anaya implacable para conseguir estar en la boleta?

Otra hipótesis es que no estaba preparado para ser candidato. Que le quedó grande el puesto. Que, a la hora de la verdad, le anda faltando la madurez, experiencia y resolución que dan los años. Un político que habría crecido demasiado rápido por la política palaciega, pero sin el tamaño para liderar una campaña presidencial de una de las principales fuerzas políticas (ni se diga, por cierto, para ser Presidente de México).

Yo no sé qué pasó con Ricardo Anaya. Lo que sé es que ha dejado pasar dos semanas importantísimas sin haber hecho nada. Sin meter las manos. Su campaña no transmite ni emociones ni mensajes. No se entiende qué quiere vender. Y, lo más importante, no se ha peleado con el puntero porque, aceptémoslo, por algo las campañas se conocen como “contiendas”, sinónimo de peleas, ya que los candidatos se pelean en la búsqueda del voto ciudadano.

Si sigue así, Anaya no va a ganar. De milagro continúa en segundo lugar porque el candidato que va en tercero, Meade, carga con la pesada lápida de la impopularidad del presidente Peña y del PRI. Si el Joven Maravilla quiere ganar, debe comenzar bajando a López Obrador del Olimpo en el que se encuentra.

El domingo tiene una excelente oportunidad —quizá la última— en el primer debate presidencial. Sin ambages, de manera contundente, deberá lanzarse en contra de AMLO, tal y como hizo en contra de Manlio Fabio Beltrones en un debate televisivo después de las elecciones de 2016. Al entonces dirigente nacional del PRI lo dejó viendo estrellitas en la lona. ¿Irá Anaya a noquear a AMLO? Ya veremos. Por lo pronto, su campaña ha sido una total decepción. Lo único que ha producido son bostezos.

http://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/una-decepcion-llamada-anaya/1232929

   


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