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¿Y los independientes?

Milenio   /   
 Domingo, Febrero 18, 2018

   

JUEGO DE ESPEJOS Por: Federico Berrueto 

 

Es evidente que las reglas del juego favorecen a los candidatos de partido. Los candidatos presidenciales “independientes” han estado marginados de la contienda y, por lo mismo, su posición ha sufrido un deterioro en la competencia anticipada, como lo muestran las discutibles y opinables encuestas de intención de voto. Lo más que se sabe de ellos es la contabilidad de las adhesiones a las que les obliga la ley.

 

De todos los candidatos presidenciales independientes, tres se perfilan con seriedad para formalizar registro: Jaime Rodríguez, Armando Ríos Piter y Margarita Zavala. De todos, Margarita es quien tiene mayores posibilidades por el conocimiento y la buena opinión que hay de ella. Las firmas no reflejan el potencial real de los candidatos, sino la capacidad de organización. Es lamentable que muchos se hayan quedado en el camino. Pedro Ferriz tenía mucho más apoyo que el consignado en las adhesiones por él obtenidas; seguramente ahora entiende que las elecciones tienen que ver con dos aspectos imprescindibles: dinero y organización territorial. Igualmente, sería deseable que Marychuy hubiera sido una opción. Lo cierto es que los candidatos auténticamente ciudadanos no lograron el registro, sí los que tienen reciente trayectoria partidista.

 

Algunos plantean como injusto, desproporcionado o inequitativo los requisitos de ley para ser candidato independiente. No es así, un candidato que no tiene capacidad para concretar a su favor 1 por ciento de la lista nominal, difícilmente será competitivo y además de un papel testimonial complica el escrutinio en casilla, así como la boleta e impide que los debates tengan lugar en términos razonables. La realidad es que la equidad se vuelve quimera con los candidatos independientes.

 

El resultado más espectacular de candidato independiente fue la elección de Nuevo León de 2015, pero las condiciones de ahora son claramente diferentes. Entonces el “independiente” Jaime Rodríguez pudo presentarse como la alternativa ante un electorado que sentía que el PRI y el PAN eran lo mismo. Lo antisistémico de entonces ha cambiado, además, El Bronco se ha convertido en el gobernador Rodríguez, no solo carente de convocatoria, sino con el estigma de un deficiente gobierno.

 

Es difícil que los candidatos independientes presidenciales puedan ganar la elección. No contarán con las prerrogativas de sus pares de partido, además de que no gozan del acompañamiento de campañas afines concurrentes. Lo que sí pueden lograr es definir la elección, especialmente en el supuesto de un resultado muy cerrado. La influencia electoral de los independientes se presenta por dos vías: la fragmentación del voto y declinaciones en la recta final de las campañas. En el primer caso los independientes pueden disputar a los candidatos opositores López Obrador y Ricardo Anaya base electoral. Jaime Rodríguez y Ríos Piter pueden minar las adhesiones del primero; Margarita Zavala, las del segundo.

 

La declinación también puede ser un recurso que puede definir el resultado. Es un medio poco noble y en cierto sentido ilegal. Lo primero, porque es un acto de evidente oportunismo; lo segundo, porque la ley creó la figura de los independientes no para engordar el caldo a los candidatos de partido, sino justamente lo contrario. Un candidato independiente con pocas posibilidades de ganar, como ocurrió con Fernando Elizondo en la elección de Nuevo León aludida, tiene el incentivo de la negociación para ser parte del nuevo gobierno sin pasar por la prueba de los votos. En tal sentido sería importante que los candidatos independientes presidenciales limitaran su derecho de declinar por otro independiente, como lo ha sugerido Armando Ríos Piter y no que se reserven ese derecho con la pretensión no solo de decidir la elección, sino de ganar un puesto ante la eventualidad de que el beneficiario de la declinación ganara la Presidencia de la República.

 

Aunque las reglas no les favorecen, el ámbito natural de los candidatos independientes es el de una campaña con la generación de noticia, la comunicación digital y el debate político. Es previsible que sean ellos los más interesados en que tenga lugar más debates que los de ley. Sin embargo, un encuentro de seis candidatos con esquemas rígidos para estructurar las intervenciones difícilmente significaría una ventaja sustantiva.

 

Las encuestas de intención de voto publicadas hasta hoy han sido engañosas en el sentido de que ignoran el potencial de los independientes. Si han sido inexactas para conocer el potencial de cada uno de los tres candidatos presidenciales de partido, a los independientes prácticamente tales estudios los han condenado a su desaparición de la contienda.

 

No existe precedente sobre los efectos y las posibilidades de candidatos presidenciales independientes. Su eficacia y competitividad estarán condicionadas por la visibilidad que alcancen en sus campañas, no por el origen o la legitimidad de su pretensión.

   


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